Los aranceles de Trump se enfrentan el 3 de noviembre a un examen que puede aliviar a las exportaciones españolas.
Las encuestas dan a los demócratas entre cuatro y doce puntos
Queda una semana. Ese día, Estados Unidos renueva los 435 escaños con derecho a voto de la Cámara de Representantes y cerca de un tercio del Senado. De lo que salga de las urnas depende que la primera economía del mundo siga enrocada en el proteccionismo o abra una rendija. Para España, la diferencia entre una cosa y la otra se mide en fábricas, naves y camiones con destino a los puertos estadounidenses.
Los sondeos nacionales para el Congreso sitúan a los demócratas entre cuatro y doce puntos por delante, según el recuento que publica La Nación. El promedio de RealClearPolling, con encuestas de campo entre el 28 de septiembre y el 19 de octubre, concede al Partido Demócrata el 50,4% de intención de voto frente al 42,1% del Partido Republicano: 8,3 puntos de ventaja. El seguimiento de The Hill y Decision Desk HQ, actualizado el 22 de octubre, arroja un 50,8% frente a un 42,7%.
El agregador del equipo de Nate Silver eleva la distancia a 9,2 puntos, que llegan a 9,7 al ajustar por participación probable. Los porcentajes individuales van del 12% de Reuters/Ipsos al 5% de Echelon Insights, con el 11% de The New York Times/Siena, el 10% de CNN/SSRS y el 7% de Morning Consult en medio. ActiVote, publicado el 21 de octubre con 1.000 votantes probables y 3,1 puntos de margen de error, marcó un 53,7% frente a un 46,3%.
Conviene recordar que el generic congressional ballot —la pregunta sobre qué partido prefiere el votante para el Congreso, sin nombres propios— no se convierte en escaños por arte de magia. El reparto territorial, los distritos dibujados a medida y el peso del voto rural pueden comerse buena parte de esa ventaja. Traducido: ocho puntos en el voto nacional no garantizan la mayoría, pero dibujan el ambiente.
El ambiente lo mide otra cifra. La aprobación de Donald Trump se mueve entre el 31% de Reuters/Ipsos y el 34% de Strength In Numbers/Verasight, con un 62% de desaprobación en esta última. Las prioridades que el electorado reclama al próximo Congreso, según AP-NORC, son el coste de vida (ocho de cada diez encuestados) y el final de la guerra en Irán (siete de cada diez).
Un Congreso demócrata no borra un arancel por decreto, pero puede desactivar las herramientas con las que se impone.
Por qué el Congreso tiene la llave de los aranceles de Trump
La Constitución estadounidense reserva al Congreso la facultad de regular el comercio con las naciones extranjeras; o sea, de fijar aranceles. En la práctica, el Ejecutivo lleva décadas actuando con poderes delegados: la sección 232, la sección 301 y la ley de emergencias económicas internacionales le permiten imponer gravámenes sin pasar por el Capitolio. Un Congreso hostil no firma la paz arancelaria, pero puede retirar esas delegaciones y convertir cada prórroga en un calvario político.
El plan que recoge La Nación va por ahí: los demócratas prometen desmontar los aranceles y revertir el calendario de deportaciones si recuperan el control. El matiz importa en Madrid, porque los gravámenes que golpean al aceite de oliva, al vino, a la maquinaria o al automóvil no son bilaterales: son europeos. Bruselas negocia, Washington decide y la empresa española encaja el golpe en su cuenta de resultados.

Y hay un detalle que casi nadie cuenta. El arancel generalizado del 15% que la Administración de Trump aplica a la mayoría de los productos europeos desde el verano de 2025, tras el acuerdo marco con la Comisión Europea, no se levanta con una mayoría parlamentaria. Hace falta que la Casa Blanca acepte deshacer su propio relato o que el Congreso le quite la pluma. Ninguna de las dos cosas ocurre en una semana.
La lección de la aceituna negra: el arancel que llegó antes que la política
España ya ha jugado esta película. En 2018, Washington impuso derechos anti-dumping sobre la aceituna negra española, un producto que representa una fracción mínima de las ventas y que, sin embargo, se convirtió en campo de batalla. La OMC dio la razón a Bruselas en 2021 y los paneles posteriores confirmaron que la medida seguía sin corregirse. El resultado fueron años de litigio, facturas legales y un mercado diezmado para los productores andaluces.
Aquel episodio deja tres lecciones. La primera: un arancel pequeño mata a un sector entero cuando el margen se cuenta en céntimos. La segunda: la vía judicial y la diplomática tardan años, no semanas. La tercera: el comercio se decide también en las urnas de otros países. En 2018, el calendario electoral estadounidense pesó tanto como el expediente de Ginebra.
A partir del 4 de noviembre, el mapa cambia. Si los demócratas recuperan la Cámara y, contra pronóstico, el Senado, el arancel deja de ser un búnker y pasa a ser moneda de cambio. Si el Partido Republicano retiene el control, la Casa Blanca gana dos años de margen para endurecer el pulso comercial con Europa. Y el tejido exportador español —agroalimentario, automoción, bienes de equipo, química— seguirá navegando con un coste fijo colgado al cuello.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026 en Estados Unidos decidirán el control del Congreso en plena ofensiva arancelaria de la Casa Blanca contra Europa.
- Datos importantes: Los demócratas aventajan a los republicanos entre 4 y 12 puntos en los sondeos para el Congreso. Se renuevan los 435 escaños de la Cámara y cerca de un tercio del Senado.
- Resumen: Un cambio de mayoría en Washington podría retirar las delegaciones con las que se imponen los aranceles que gravan las exportaciones españolas.

