Barcelona y Esplugues activan la comisión mixta del Campus Clínic: 6.000 viviendas

La comisión es la tercera que Barcelona cierra con un municipio vecino, tras L'Hospitalet en marzo y Sant Adrià en junio. El protocolo no fija calendario, composición ni financiación para el campus ni para los nuevos barrios.

Barcelona y Esplugues ya tienen mesa para ordenar el Campus Clínic y hasta 6.000 viviendas nuevas. Los alcaldes Jaume Collboni y Eduard Sanz han firmado este miércoles un protocolo de colaboración que constituye una Comisión Mixta entre los dos municipios.

No es un órgano con competencias propias ni con presupuesto asignado. Es una mesa de coordinación política para anticiparse a lo que viene: un hospital universitario de nueva planta, cinco ámbitos residenciales y una movilidad que hoy ya está al límite en la parte alta de la Diagonal. El acto conjunto celebrado este 28 de octubre, presidido por ambos alcaldes, ha servido para escenificar la necesidad de prever y adelantarse a los retos de esas transformaciones. El texto alude a una nueva centralidad metropolitana entre Barcelona y Esplugues de Llobregat.

Qué entra en el protocolo y qué queda fuera

El ámbito es amplio y está detallado en el documento. Las 6.000 viviendas se reparten entre el Área Residencial Estratégica Montesa, Finestrelles, el ecobarrio de Els Torrents, Porta Diagonal y la Colonia Castells. La comisión abordará movilidad sostenible, conexión con los espacios naturales, gestión de las periferias urbanas, equipamientos de proximidad, y calidad del espacio público.

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Lo que no entra, al menos por ahora, es la financiación. El protocolo fija un marco de trabajo y deja para más adelante el calendario, la composición y los compromisos económicos. 6.000 viviendas no se levantan con una declaración institucional: exigen planeamiento urbanístico, cesiones de suelo, obras de saneamiento y transporte público dimensionado. Ese es el terreno donde la comisión se lo jugará todo.

Uno de los datos que manejan los equipos técnicos es la densidad del entorno. Esplugues y Les Corts suman más de 130.000 habitantes en 1.062 hectáreas, una cifra que crecerá con los nuevos desarrollos y con la población flotante que atraerán el campus y el Sant Joan de Déu. Esa presión demográfica es el argumento que ambos consistorios esgrimen para justificar la mesa conjunta.

Una comisión mixta no construye viviendas ni pone trenes: solo evita que dos ayuntamientos miren hacia otro lado a la vez.

La pieza sanitaria es la que tira del resto. El Campus Clínic ocupará nueve hectáreas y sumará 300.000 metros cuadrados de techo hospitalario, docente y de investigación. A eso se añade el conjunto del Campus de Salud, que se extiende también por L’Hospitalet de Llobregat y que convertiría el eje en una centralidad metropolitana de primer orden en el mapa catalán de la sanidad y la investigación biomédica.

65.000 viajeros nuevos al día y una L3 sin calendario

Barcelona Esplugues convenio

Los números de movilidad son la parte más incómoda del expediente. El campus puede generar unos 65.000 desplazamientos diarios nuevos que se suman a los 25.000 que ya se producen alrededor del Hospital Sant Joan de Déu. Hablamos de una ciudad de tamaño medio moviéndose cada día por un área que hoy se cruza en bus, en tranvía o en coche privado.

El protocolo menciona el área intermodal: ampliación de la L3 del metro, tranvía, buses urbanos e interurbanos, nuevos carriles bici y accesos a pie. No concreta plazos ni quién paga cada infraestructura. Y ahí empieza el problema, porque la planificación de la red no depende de los dos ayuntamientos: la ordena la Generalitat junto al resto de administraciones a través de la ATM.

Tercer frente metropolitano: el patrón de L’Hospitalet y Sant Adrià

Esta es la tercera comisión mixta que impulsa el Ayuntamiento de Barcelona con un municipio fronterizo. La primera se cerró con L’Hospitalet de Llobregat en marzo; la segunda, con Sant Adrià de Besòs en junio. El patrón es nítido: Barcelona resuelve las costuras de su área urbana con acuerdos bilaterales, municipio a municipio, en lugar de llevarlas al plenario metropolitano.

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Es una vía rápida para desencallar asuntos concretos y, a la vez, una manera de dejar fuera de la ecuación a quien tiene las competencias. Vivienda, sanidad, movilidad y agua no son materias municipales: son de la Generalitat y, en parte, del Estado. Sin la Generalitat sentada en la mesa, la comisión puede ordenar el relato pero difícilmente financiar el calendario. Lo observamos con distancia: estos entes funcionan mientras la sintonía entre los alcaldes se mantiene y se apagan en cuanto cambia un color en alguno de los consistorios.

Hay un segundo asunto que promete fricción: la regulación de la vivienda de uso temporal y los nuevos modelos habitacionales para el personal vinculado a hospitales, universidades y centros de investigación. Sobre el papel es una idea razonable. En la práctica, la línea que separa el alojamiento temporal para sanitarios de un alquiler de temporada encubierto es muy fina, y el Govern lleva meses intentando cerrarla por vía normativa sin conseguirlo del todo.

También hay espacio para lo verde. Los antiguos corredores de drenaje y pendiente se estudiarán como ejes verdes, un giro que cobra sentido en el contexto de cambio climático y lluvias torrenciales. La conexión con Collserola, la continuidad topográfica de la parte alta de la Diagonal y la proximidad del Espai Barça completan un puzzle urbanístico que ninguna de las dos administraciones puede resolver por separado.

El protocolo firmado este miércoles no fija fecha para la constitución formal de la comisión ni su composición definitiva. Lo que queda es el mapa: cinco ámbitos residenciales, nueve hectáreas de hospital, 65.000 viajes diarios y dos ayuntamientos obligados a entenderse. Cuando ese mapa se convierta en planes parciales veremos si la comisión era una mesa de trabajo o un acto de presentación.