La exposición Madrid barroco reúne 180 obras en el Fernán Gómez y libera la entrada los martes hasta el 17 de enero. El montaje, titulado Teatro de grandeza, trae piezas del Prado, los Uffizi y los Museos Vaticanos, y varias no se habían visto antes en España.
Ocupa la sala de exposiciones del Teatro Fernán Gómez, en el centro de la capital, desde el pasado 20 de octubre. El cierre está fijado para el 17 de enero de 2027, con horario de martes a domingo, de 10:00 a 20:00.
De 7.000 vecinos a capital de la monarquía
La exposición explica un giro que todavía se camina. Cuando la corte se instaló en Madrid, en 1561, la villa tenía unos 7.000 habitantes. Un siglo después superaba los 90.000 y su suelo se había llenado de palacios, conventos, iglesias, jardines, y plazas nuevas.
El recorrido se organiza en diez apartados: la vida en la corte, la evolución del trazado urbano, los monumentos, la arquitectura religiosa, el barroco bajo Carlos II y el final de la etapa. El Real Alcázar y la Plaza Mayor aparecen como los dos grandes escenarios de ceremonias y acontecimientos públicos.
El plano de Teixeira completo y lo que nunca se había visto aquí

Sobre papel, el mayor reclamo son las 20 placas del plano de Pedro de Teixeira, reunidas en su totalidad gracias a la Biblioteca Nacional de España. A su lado cuelga obra de Velázquez, Bernini, Alonso Cano, Claudio Coello, Francisco Rizi, Carreño de Miranda, Sánchez Coello y Luisa Roldán, La Roldana, además de arquitectos con huella local como Pedro de Ribera o José Benito de Churriguera.
Hay más. Del Museo Castillo Hochosterwitz, en Austria, llegan retratos de la sociedad barroca y vistas de Madrid que, según la organización, no se habían expuesto antes en España. Las piezas proceden de más de 50 instituciones españolas e internacionales, entre ellas el Museo del Prado, Patrimonio Nacional, las Galerías de los Uffizi y los Museos Vaticanos.
Una muestra municipal con préstamos del Vaticano y los Uffizi se mide por lo que deja: un catálogo y una ciudad que se entiende mejor al salir.
La selección insiste en una idea que suele quedarse fuera de los relatos rápidos: el barroco no fue solo fachadas. La literatura, las fiestas y las ceremonias cambiaron la forma en que los madrileños vivían y miraban su propia ciudad, y esa dimensión aparece en documentos y retratos junto a los planos.
Roma y otros centros europeos exportaron repertorios que aquí se adaptaron a otra escala y a otro presupuesto, con resultados que hoy siguen en pie en calles que el visitante reconoce sin mapa.
La letra pequeña del gratis: solo los martes y solo en taquilla
El acceso libre se concentra en los Martes barrocos, abierto a todos los públicos. Eso sí, el billete se retira en la taquilla del teatro: las compras por internet llevan un recargo de 0,50 euros por gastos de gestión.
La entrada libre no se reserva por internet.
Fuera de los martes, la general cuesta 6 euros y la reducida, 3. Se aplica a mayores de 65 años, jubilados, desempleados, personas con discapacidad reconocida del 33% o más, familias numerosas y titulares del Carné Joven de la Comunidad de Madrid. Los menores de 18 años, el personal docente en activo, los guías oficiales de turismo y los periodistas acceden gratis.
Las visitas guiadas duran 60 minutos, de martes a domingo, en turno de mañana o de tarde, con grupos de 20 personas como máximo. Cuestan 10 euros, 5 en tarifa reducida, y los grupos de 11 a 20 personas tienen precios propios.
Por qué una muestra así solo es gratis un día a la semana
La gratuidad de un día concreto no es una rareza: es el modelo que el Prado y el Reina Sofía aplican desde hace años con franjas horarias acotadas. Lo llamativo aquí es la combinación. Un montaje con préstamos de los Uffizi y los Museos Vaticanos, en una sala municipal, cuesta 6 euros de martes a domingo y exige cola física para entrar sin pagar.
Ese detalle tiene consecuencias prácticas. Quien planifique la visita en fin de semana pagará, y quien quiera ahorrar tendrá que ir en persona a por el billete un martes, en pleno diciembre, con puentes y vacaciones escolares de por medio. El Ayuntamiento y la Comunidad han hecho bandera del turismo cultural, pero el precio sigue dependiendo de una ventanilla.
Conviene mirar el precedente. El Fernán Gómez lleva años funcionando como escaparate de grandes muestras con préstamo internacional y precios simbólicos, y la fórmula se repite: mucha pieza, catálogo científico y un día de acceso libre que actúa como puerta de entrada. La diferencia esta vez es el calendario, con el cierre en enero y dos meses y medio de margen.
El legado es otro. La muestra se acompaña de un catálogo con más de una treintena de artículos y fichas firmados por especialistas españoles e internacionales, algo poco habitual en una sala de titularidad municipal. Es el tipo de publicación que sobrevive a la exposición y que dentro de una década seguirá siendo referencia para quien estudie aquel Madrid.
Queda la duda razonable de si el Ayuntamiento repetirá la fórmula cuando todo cierre el 17 de enero. Hasta entonces, la cita sigue abierta de martes a domingo en el Fernán Gómez, con los martes como única puerta gratuita y la taquilla como único camino para conseguirla.

