Ourense cerró octubre con cuatro días de lluvia y 10 litros por metro cuadrado, once veces menos que su media histórica.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Octubre deja 10 litros por metro cuadrado y cuatro jornadas de lluvia en la ciudad, frente a los 111 litros de media; los caudales de la cuenca Miño-Sil bajan un 63,9%.
- ¿Quién está detrás? La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, la Xunta a través de Meteogalicia y los concellos de la cuenca del Limia.
- ¿Qué impacto tiene? La prealerta amarilla sigue vigente y podría endurecerse; el Limia pasa con siete centímetros por Bande y los cauces pequeños, Barbaña y Barbadás, ya están secos en muchos tramos.
Octubre deja 10 litros en Ourense y firma el tercer arranque de año hidrológico más seco desde 1985
Históricamente, octubre es el mes más generoso en agua de la provincia. La estación meteorológica del Campus de Ourense acumuló este año apenas 10 litros por metro cuadrado en 31 días, repartidos en cuatro jornadas. La media del mes roza los 111 litros. El resultado es un octubre once veces más seco de lo habitual y, con diferencia, el más pobre del registro ourensano. A eso se suma que las máximas se movieron por encima de los 25 grados, de modo que la poca agua que cayó se evaporó deprisa.
El desorden no es solo urbano. Desde el 1 de octubre, inicio del año hidrológico 2026/27, la precipitación media en la Demarcación Hidrográfica Miño-Sil apenas alcanza los 21,6 litros por metro cuadrado, frente a los 113,3 de la serie histórica. Es el tercer comienzo más seco desde que hay datos, solo por detrás de los cursos 1985/86 y 2007/08. El contraste con el ejercicio anterior mide la anomalía: por estas mismas fechas de 2025 la demarcación llevaba 54,5 litros, una cifra ya de por sí corta.
Los ríos lo notan. Los caudales circulantes se sitúan de media un 63,9% por debajo del promedio estacional, y la cuenca del Limia, la más castigada, pierde un 57%. En Bande el río pasa con siete centímetros de columna de agua; en Xinzo, directamente, no pasa. Los cauces pequeños como el Barbaña o el Barbadás, que en estas fechas deberían estar recuperándose tras el estiaje, aparecen secos en buena parte de su recorrido. La sequía llega justo cuando el sistema hídrico debía empezar a llenarse.
La Confederación mantiene la prealerta amarilla y no descarta subir el nivel
La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, organismo autónomo adscrito al Ministerio para la Transición Ecológica, mantiene el nivel de prealerta amarillo en toda la demarcación. Su advertencia es explícita: la situación podría agravarse si no llegan las lluvias a corto plazo. El aviso no activa restricciones al consumo, pero abre la puerta a escenarios más severos en los concellos que dependen de manantiales y captaciones fluviales.
El golpe se extiende al monte y a la economía de temporada. La campaña micológica acumula dos meses de retraso y los expertos dan por perdidas especies de inicio de temporada, como los champiñones. Las setas que sí han salido aparecen condicionadas por el calor, con malformaciones y ataques de larvas e insectos. En paralelo, la canícula estirada hasta noviembre deja los montes de la provincia con una sequía que se arrastra desde el verano y que se suma al déficit de lluvia de todo el otoño.
Cuando el Limia baja a siete centímetros a su paso por Bande, lo que falla no es un mes: falla un ciclo hidrológico entero.
Meteogalicia no ofrece un horizonte cómodo. La agencia gallega sitúa la primera posibilidad de lluvia, como muy pronto, en el fin de semana del 7 y 8 de noviembre, y ni siquiera eso está asegurado con tanta antelación. Sus técnicos insisten en una idea que ordena todo el diagnóstico: no es un año raro, es una tendencia que se acentúa ejercicio tras ejercicio. Ourense no vive una anomalía puntual, sino un cambio de régimen de lluvias.

El Laboratorio Gallego
En clave política, el episodio reparte responsabilidades entre administraciones. La gestión de la cuenca corresponde al Estado a través de la Confederación; la meteorología, la vigilancia forestal y la respuesta de emergencias dependen de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela); y el abastecimiento urbano es competencia municipal. Con el PPdeG gobernando con mayoría absoluta desde 2009, el BNG instalado como primera fuerza de la oposición y el PSdeG en tercera posición, el Parlamento de Galicia (la cámara unicameral de 75 diputados) es el escenario donde esa fotografía se convierte en debate político.
La lectura nacional llega por dos vías. La primera es institucional: cualquier escalada de la prealerta obliga a coordinar al Gobierno central y a la Xunta, y ese pulso se sigue con atención en Madrid, donde Alberto Núñez Feijóo —presidente de la Xunta entre 2009 y 2022 y hoy líder del PP— observa la gestión gallega del territorio y del agua como escaparate de su propio discurso. La segunda es ibérica: el Limia y el Miño son cuencas compartidas con Portugal bajo el paraguas del convenio de Albufeira, y la sequía no entiende de fronteras ni de la Euroregión Galicia-Norte de Portugal que ambos territorios comparten.
La proyección es inmediata y medible. Si la lluvia no aparece en la segunda semana de noviembre, la Confederación tiene margen para elevar el nivel de prealerta y abrir la vía a limitaciones de riego y usos recreativos. Los concellos de A Limia, los más expuestos, son también los primeros que reclaman certezas sobre sus captaciones. El próximo Consello de Goberno de la Xunta y los datos de Meteogalicia marcarán el termómetro de un otoño que, por ahora, se cuenta en gotas.
Ficha del Caso
- El caso: Ourense cierra octubre con 10 litros por metro cuadrado y cuatro días de lluvia, cuando la media del mes es de 111 litros, y los ríos de la provincia caen a mínimos.
- Datos importantes: 21,6 litros acumulados en la Demarcación Miño-Sil desde el 1 de octubre frente a 113,3 de media histórica; caudales un 63,9% por debajo; Limia con siete centímetros en Bande; prealerta amarilla activa.
- Resumen: La sequía se consolida en el arranque del año hidrológico y solapa competencias estatales, autonómicas y municipales, con el Limia y el Miño como cuencas compartidas con Portugal.

