Los magostos de Ourense, un 13% más caros: la castaña y la panceta contienen el gasto por la inflación cárnica

Un grupo de diez comensales pagará 110,94 euros de media, un 13,27% más que en 2025, aunque la castaña baja un 10,12% y la panceta cae de 12,18 a 8,15 euros el kilo. El costillar, un 36% más caro, rompe el presupuesto.

Los magostos de Ourense salen un 13,27% más caros: cada comensal pondrá 11,09 euros frente a los 9,79 del año pasado.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La cesta del magosto se encarece un 13,27% en Ourense: 110,94 euros por un grupo de diez personas, 11,09 por cabeza.
  • ¿Quién está detrás? El alza de los productos cárnicos —costillar un 36% más y chorizo rojo 3,74 euros más— frente a la caída del 10,12% en la castaña.
  • ¿Qué impacto tiene? El pistoletazo de la temporada de magostos llega con la inflación alimentaria como telón de fondo y con los magostos populares entre 5 y 30 euros por pase.

La castaña aguanta y el costillar rompe la cuenta

La cuenta es sencilla y la receta es la de siempre. Diez personas que se junten este noviembre en Ourense para asar castañas y carne al aire libre tendrán que poner 110,94 euros sobre la mesa, es decir, 11,09 euros por comensal frente a los 9,79 del año pasado. Los precios medios consultados en el comercio ourensano arrojan una subida del 13,27%. Y el producto estrella, contra todo pronóstico, no es el culpable.

La castaña llega a esta temporada con un precio medio de 4,92 euros el kilo, un 10,12% menos que en 2025, aunque en algunos puestos se pide hasta 7,45 euros. La panceta baja de 12,18 a 8,15 euros el kilo, y el chorizo criollo se queda en 7,93. Hasta ahí, el respiro. El problema está en el costillar y en el chorizo rojo, los dos ingredientes que han roto la serie.

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El costillar alcanza este 2026 los 9,85 euros por kilo, un incremento superior al 36% en doce meses, y el chorizo rojo cuesta 3,74 euros más que el año pasado. Son los dos vectores de una inflación cárnica que entra en el magosto por la puerta de atrás, la de los acompañamientos.

A la carne y al fruto seco hay que sumar el resto de la mesa. El vino suele añadir unos 10 euros por persona; la empanada oscila entre 10 y 15 euros según el peso de la pieza, y el pan de Cea se cobra entre 2,49 y 3,50 euros. Con esos extras, el grupo de diez se va a unos 149,11 euros, 3,82 euros más por cabeza.

La castaña baja un 10% y el costillar sube un 36%: la fiesta más antigua de Galicia cuenta ahora también la historia de la inflación.

Quien prefiera no cocinar tiene alternativa, aunque tampoco sale gratis. Los magostos populares mantienen precios muy dispares: A Carballeira, cinco euros; Sandiás, ocho; Baños de Molgas sube a 12 y Barra de Miño llega a 22. El techo lo marca Ceboliño, donde un no socio desembolsará 30 euros. Casi todos incluyen animación infantil y musical, además de la comida.

Las carnes, el pan y el encargo de última hora

En la Plaza de Abastos ourensana ya saben cómo se comporta la cesta del magosto. Alberto González, su gerente, sitúa el ticket medio en carnes de un magosto pequeño entre 50 y 60 euros. «En fruterías estaría sobre los 15 euros y después, si quieren llevarse el queso para el postre, sobre unos 20 euros a mayores», explica.

precio castaña

El obrador va por otro camino. Camilo Álvarez, de la Asociación de Pasteleros y Panaderos de Ourense, resume qué se pide: «Bollos preñados, bica ou empanada é o que máis nos piden». Sobre el pan, aclara que «sempre agardan ó día antes ou no mesmo día». Si el magosto cae en fin de semana, los encargos no arrancan hasta el miércoles o el jueves. Aquí a xente encarga todo a última hora, admite.

Los dos profesionales coinciden en un ligero aumento de pedidos respecto al año pasado, aunque avisan de que aún es pronto para medir el impacto real en caja. La temporada, en la práctica, acaba de empezar: el grueso de los magostos se concentra entre el 11 de noviembre, San Martiño, y el final del mes.

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El Laboratorio Gallego

La política gallega lleva meses discutiendo el precio de la cesta de la compra desde atriles distintos. El PPdeG, que gobierna la Xunta de Galicia (el ejecutivo autonómico con sede en Santiago de Compostela) con mayorías absolutas consecutivas desde 2009, suele poner el acento en la contención fiscal y en la carga que la inflación alimentaria deja en las familias del rural. El BNG, primera fuerza de la oposición en el Parlamento de Galicia (la cámara unicameral de 75 diputados), reclama intervención sobre la cadena de valor y más apoyo al productor. El PSdeG (la federación gallega del PSOE) se mueve en una posición intermedia, con propuestas sobre márgenes comerciales y ayudas directas. Ninguno ha convertido el magosto en motivo de choque parlamentario, pero el dato del 13,27% encaja en un debate que sí lo es.

La lectura nacional es casi automática. El precio de los alimentos ha sido uno de los ejes del pulso entre el PP y el PSOE en el Congreso en los últimos años, y cualquier dato que llegue del rural gallego acaba usándose en Madrid como ejemplo de lo que cuesta llegar a fin de mes. Galicia aporta además un matiz que rara vez trasciende: la castaña es cultivo, no solo tradición, y su precio depende de una campaña corta que el medio rural gallego sigue con lupa. Ahí está la contradicción de este 2026: la castaña baja un 10,12% y alivia al consumidor del magosto, pero castiga al productor que vive de ella. El magosto se celebra entre San Martiño y finales de noviembre; para entonces se sabrá si el ligero repunte de encargos que detectan panaderos y plazas de abastos se traduce en caja o se queda en espejismo. Con las autonómicas todavía lejos —la legislatura arrancó en 2024—, el precio de la vida seguirá siendo uno de los terrenos donde se mida la gestión de la Xunta.

Ficha del Caso

  • El caso: Los magostos de Ourense afrontan la temporada con una subida del 13,27% por la carne, que se come la bajada de la castaña.
  • Datos importantes: 11,09 euros por comensal y 110,94 por grupo de diez; castaña a 4,92 euros el kilo (-10,12%); costillar a 9,85 euros (+36%); panceta a 8,15; magostos populares de 5 a 30 euros.
  • Resumen: La inflación cárnica encarece la fiesta otoñal gallega mientras el producto estrella se abarata, una tensión que afecta al bolsillo del consumidor y al precio que cobra el productor.
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