Illa confía en aprobar los presupuestos de Cataluña antes del fin de sesiones en el Parlament

El president de la Generalitat se muestra optimista pese a que la aritmética parlamentaria sigue siendo ajustada. El PSC necesita el apoyo de ERC y los Comuns, una ecuación que en los últimos meses ha mostrado grietas por el debate sobre la financiación singular.

Salvador Illa confía en que los presupuestos de la Generalitat para 2026 salgan adelante antes de que termine el actual periodo de sesiones en el Parlament. El president ha trasladado su optimismo en declaraciones recogidas por fuentes del Palau, según ha podido saber Moncloa.com, en un momento en que la aritmética parlamentaria sigue siendo el gran interrogante de una legislatura construida sobre apoyos externos que no siempre caminan en la misma dirección.

El calendario juega a favor del Govern, pero solo hasta cierto punto. El periodo de sesiones se extiende habitualmente hasta finales de julio, lo que concede a Illa unas diez semanas para cerrar un acuerdo que lleva meses cocinándose en reuniones discretas con ERC y los Comuns.

La cifra que persigue el president son 68 votos, la mayoría absoluta en una cámara de 135 escaños. Con sus 42 diputados, el PSC necesita sumar inexcusablemente a los 20 de ERC y a los 6 de los Comuns. Ni un solo escaño de margen.

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El calendario que Illa maneja en el Parlament

Fuentes parlamentarias consultadas por esta redacción sitúan la ventana de votación entre la última semana de junio y la primera de julio. Antes, el proyecto debe superar el trámite del Parlament: presentación del proyecto de ley, debate de totalidad, comparecencias de los consellers y negociación de enmiendas. Cualquier retraso en una de esas fases empuja la aprobación más allá del verano.

El president maneja la hipótesis de que el acuerdo con los grupos que sostienen al Govern está maduro. Su optimismo, sin embargo, contrasta con los gestos que han llegado desde Esquerra en las últimas semanas, especialmente tras el pulso por la financiación singular.

La ecuación parlamentaria: 68 votos que no están atados

ERC no ha despejado la incógnita. La formación que lidera Oriol Junqueras insiste en que los presupuestos deben ser el reflejo contable del acuerdo de investidura, y eso incluye avances medibles en la recaudación de impuestos por parte de la Agència Tributària de Catalunya. Sin ese gesto, advierten fuentes republicanas, la abstención no está garantizada.

Illa necesita que ERC y los Comuns digan sí al mismo tiempo, en la misma votación y por las mismas razones. No es una suma sencilla.

Los Comuns, por su parte, han puesto el foco en las políticas de vivienda. Las exigencias de Jéssica Albiach pasan por un refuerzo sustancial del parque público de alquiler antes de dar luz verde a las cuentas del Govern. La negociación está abierta en los tres frentes y, según fuentes del Govern consultadas por Moncloa.com, se ha intensificado en en los últimos diez días.

Junts, con 35 escaños, observa desde la oposición. La formación de Carles Puigdemont no tiene incentivos para facilitar unas cuentas que consolidarían al Govern de Illa, y su portavoz en el Parlament ya ha anticipado un voto en contra. El PP y Vox tampoco ofrecen resquicios: sus 26 diputados suman un bloque de oposición que obliga al tripartito de facto a no fallar.

Lo que enseña el historial presupuestario reciente en Cataluña

El precedente más cercano no invita al triunfalismo. En 2024, el Govern de Pere Aragonès no logró sacar adelante las cuentas y Cataluña encadenó una prórroga presupuestaria que lastró la inversión pública autonómica durante meses. Aquella parálisis es el escenario que Illa quiere evitar a toda costa, consciente de que unas cuentas prorrogadas debilitarían su proyecto político ante Moncloa y ante los mercados.

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Analizamos la situación actual como una partida de ajedrez en la que Illa mueve ficha con más optimismo del que sus socios dejan entrever. La lectura política es clara: si el president consigue presupuestos este verano, la legislatura quedará blindada al menos hasta 2027. Si fracasa, la pregunta no será si hay presupuestos, sino cuánto tiempo aguanta el Govern sin ellos.

El margen de error es cero. Cada grupo sabe que tiene capacidad de tumbar las cuentas en solitario: basta con que uno de los tres socios se abstenga para que la mayoría simple no alcance los 68 escaños. Esa consciencia, paradójicamente, puede acelerar el acuerdo o bloquearlo por completo. Dependerá de a qué velocity quiera jugar cada cual.

El próximo Consell Executiu y las reuniones bilaterales previas serán el termómetro real. De momento, en el Palau de la Generalitat la consigna es una: el presupuesto se aprueba antes del verano. Dicho eso, la política catalana ha demostrado muchas veces que entre la confianza y el acuerdo hay un trecho que se mide en meses.