Los aliados de la OTAN superan a EE.UU. en gasto militar ajustado por PPA en 2025

El análisis de The Economist con datos de SIPRI muestra que Washington ya no lidera el gasto en defensa si se ajusta por poder adquisitivo. La cifra alcanza los 1,1 billones de dólares en los aliados frente al billón de Estados Unidos. El rearme europeo, impulsado por la guerra e

Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, los aliados de Estados Unidos gastaron en defensa más que el Pentágono en términos ajustados por paridad de poder adquisitivo (PPA) en 2025. Lo revela un análisis de The Economist con datos del SIPRI que pone cifras a un vuelco histórico: los 31 miembros no estadounidenses de la OTAN junto a los socios del Indo-Pacífico (Japón, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Filipinas) desembolsaron el 111% del presupuesto de defensa de Washington ajustado por capacidad de compra.

En términos absolutos, el gasto de ese bloque de aliados sigue rezagado unos 200.000 millones de dólares frente al presupuesto del Pentágono, que además sufrió un recorte del 7,5% en 2025. Sin embargo, el ajuste por PPA elimina las distorsiones del tipo de cambio y refleja lo que cada país puede comprar realmente en su territorio: tropas, misiles, horas de vuelo. Y ahí, por primera vez, los aliados ya ponen más recursos que la Casa Blanca.

El dato en perspectiva: 1,1 billones de dólares ajustados

El agregado ajustado por PPA de los aliados de la OTAN y del Pacífico superó el billón de dólares en 2025, exactamante 1,1 billones, según las cifras del semanario londinense. Washington, por su parte, movilizó algo menos de un billón. La brecha favorable a los aliados se explica en buena medida por el incremento del 14% del gasto militar en Europa respecto al año anterior, espoleado por la guerra de Ucrania y la urgencia del rearme.

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Llama la atención que los aliados europeos y Canadá, por sí solos, aún no alcanzan al Pentágono: se quedan en el 81% del gasto estadounidense en PPA. El sorpasso global se produce gracias a los presupuestos de los socios asiáticos, especialmente Japón y Corea del Sur, cuyas economías permiten compras de defensa muy eficientes en paridad de poder adquisitivo. Es decir, Europa tira del crecimiento pero necesita a los aliados del Indo-Pacífico para superar a Washington en el agregado.

Europa como motor de un rearme que cambia las cuentas

La guerra en Ucrania ha sido el catalizador. El gasto militar europeo se disparó un 14% entre 2024 y 2025, el salto más pronunciado en décadas. Ucrania, aunque no entra en el cómputo de aliados, dedicó el equivalente al 40% de su PIB a defensa, un dato que empequeñece cualquier otra partida nacional en el mundo. Pero el fenómeno se extiende a Polonia, los países bálticos y Alemania, que han acelerado adquisiciones de carros de combate Leopard 2, sistemas Patriot y cazas F-35.

En paralelo, el presupuesto del Pentágono ha permanecido estancado durante varios ejercicios y en 2025 registró incluso un descenso relevante. El gasto global en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares, con Estados Unidos aún representando más del 20% del total y China un 12,7%, pero la tendencia revela una redistribución del esfuerzo financiero que resitúa a los aliados tradicionales.

Equilibrio de Poder

Este vuelco en el gasto ajustado por PPA no es un simple juego contable. Tiene implicaciones profundas para la arquitectura de seguridad transatlántica. La administración Trump, que ha condicionado el paraguas nuclear estadounidense a un gasto del 5% del PIB en defensa por parte de los aliados, encontrará en estas cifras un argumento inesperado: los socios ya superan a Washington en esfuerzo económico real, al menos cuando se elimina la ventaja del dólar fuerte. La Casa Blanca deberá decidir si insiste en el porcentaje sobre PIB nominal o acepta la métrica del poder adquisitivo, que refleja con más fidelidad la capacidad militar instalable.

Para España, el dato tiene una lectura ambivalente. Moncloa celebra haber alcanzado el 2% del PIB en 2029 según el nuevo plan, pero en el contexto de un gasto aliado ya superior al de EE.UU. la presión puede trasladarse a destinos concretos: más inversión en capacidades de disuasión creíble (artillería de largo alcance, proyección en el Sahel) y menos dependencia de los recursos estadounidenses en Rota y Morón. La pregunta que se instala en el Ministerio de Defensa es si Washington considerará suficente un 2% cuando los números de PPA muestran que, en conjunto, ya se le ha superado.

Históricamente, desde la cumbre de Gales de 2014, el objetivo del 2% se midió siempre sobre PIB nominal, sin ajuste por PPA. La irrupción de esta métrica abre una ventana a debates más finos sobre el burden sharing. Si el coste de los sistemas de armas en Europa es más alto por la fragmentación industrial, un 2% de PIB nominal puede traducirse en menos tanques y menos división operativa que un 1,5% en Corea del Sur. El análisis de The Economist no resuelve esa paradoja, pero la pone sobre la mesa en el momento preciso: cuando la OTAN afronta la revisión de su concepto estratégico y la Comisión Europea ultima el Libro Blanco de la Defensa.

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El debate del burden sharing ya no es si los aliados pagan suficiente, sino si Washington acepta que la superioridad financiera colectiva en términos reales puede traducirse en una mayor autonomía estratégica europea.

En el horizonte de cinco a diez años, la tendencia apunta a un reequilibrio profundo. Si los aliados europeos y asiáticos sostienen el ritmo de crecimiento, el diferencial en PPA se ampliará, y la capacidad de disuasión convencional de la alianza se hará menos dependiente del contribuyente estadounidense. Sin embargo, el talón de Aquiles sigue siendo la integración operativa: más dinero no equivale automáticamente a más interoperabilidad, y la fragmentación de sistemas de mando y control resta eficacia al gasto conjunto. La próxima cumbre de la OTAN en Vilna será un termómetro de si el dato de 2025 impulsa una nueva doctrina de reparto de cargas o se queda en un titular prometedor.