Informe alerta del impacto económico de la inmigración en Cataluña: ‘crecimiento que empobrece’

Un grupo de economistas sostiene que el modelo catalán de los últimos 25 años se ha basado en baja productividad y salarios estancados, exacerbado por flujos migratorios que no han sido absorbidos por sectores de alto valor añadido. El debate sobre la calidad del crecimiento lleg

Un informe elaborado por un destacado grupo de economistas sostiene que el modelo de crecimiento económico de Cataluña de los últimos 25 años no ha logrado mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Bajo el lema ‘crecimiento que empobrece’, el documento cuestiona abiertamente la estrategia de desarrollo basada en la inmigración masiva y una productividad estancada.

Según ha podido confirmar Moncloa.com a través de fuentes cercanas al estudio, los autores —entre los que figuran académicos y consultores— señalan que el aumento del PIB agregado ha enmascarado un estancamiento de la renta per cápita y una precarización salarial. La llegada de población extranjera, lejos de ser un motor de prosperidad, habría contribuido a mantener un mercado laboral con sueldos a la baja.

Aunque el informe no ha sido publicado oficialmente, su contenido ya ha llegado a la conselleria de Economia i Hisenda y a los grupos parlamentarios. La preocupación en los despachos del Govern es evidente. Un portavoz de la Generalitat ha declinado hacer comentarios por el momento.

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El documento dibuja un panorama donde sectores como el turismo, la construcción y los servicios de bajo valor añadido han absorbido la mayor parte del flujo migratorio sin generar un incremento significativo de la productividad total de los factores. En otras palabras, la economía ha crecido añadiendo más trabajadores, pero sin que cada trabajador produzca más riqueza.

La tesis del ‘crecimiento que empobrece’

Los economistas definen este fenómeno como ‘crecimiento extensivo’, en contraposición al ‘intensivo’ que necesitaría una economía madura como la catalana. En su análisis, una caída persistente de la inversión en I+D y una falta de apuesta por sectores industriales de alto componente tecnológico han perpetuado un modelo que no ofrece oportunidades de calidad a la población.

Aunque la mayoría de los economistas consultados coinciden en que España en su conjunto sufre problemas similares, Cataluña destaca por una intensidad aún mayor del fenómeno, debido a su especialización productiva y a su atractivo como polo de inmigración. La comparación con regiones industriales del norte de Europa resulta demoledora.

“El crecimiento por acumulación de mano de obra sin mejora de productividad es insostenible. Cataluña necesita un giro hacia la innovación si no quiere perpetuarse en una trampa de ingresos medios.”

El papel de la inmigración en el modelo productivo catalán

La llegada de inmigrantes ha sido funcional para las necesidades de una economía que demandaba mano de obra barata y flexible. Pero esa misma funcionalidad lastra ahora cualquier intento de reforma: con salarios tan bajos, las empresas no tienen incentivos para invertir en automatización ni en formación, perpetuando un círculo vicioso.

El informe advierte de que sin un cambio de políticas —tanto en el ámbito de la inmigración como en el de la fiscalidad y la inversión— la brecha con otras regiones europeas no hará sino ampliarse. Los autores proponen medidas como un sistema de cuotas migratorias vinculado a la demanda de cualificaciones, la reforma del mercado de alquiler y un plan de choque de I+D.

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Lectura política: ¿cambio de rumbo o negación?

La publicación del estudio llega en un momento político delicado. El Govern de Salvador Illa se enfrenta a la presión de ERC y los comunes para mantener políticas sociales expansivas, mientras que Junts aprovecha cualquier debilidad para situar a Cataluña como una nación económicamente maltratada por el Estado. Este informe da munición a quienes reclaman un replanteamiento del modelo, pero también puede ser utilizado para discursos simplificadores sobre inmigración.

En la oposición, partidos como Vox o, en menor medida, Aliança Catalana, pueden encontrar en el diagnóstico un argumento favorable a sus tesis restrictivas. Eso obliga al Govern a moverse con cautela: cualquier rectificación puede ser leída como un triunfo de la derecha. La vía intermedia —reconocer el problema sin caer en demagogia— es estrecha.

Desde la conselleria de Economia i Hisenda se apunta que ya se trabaja en un ‘nuevo pacto económico’ que incluya formación, digitalización y atracción de talento, aunque no hay fecha para su presentación. La Generalitat, sin embargo, dispone de poco margen fiscal para inyectar los recursos que el informe reclama, lo que añade una dimensión de dependencia de la financiación autonómica.

El desafío no es menor. Reconocer que un cuarto de siglo de crecimiento ha sido, en gran medida, ‘crecimiento que empobrece’ implica cuestionar los pilares del autogobierno económico. El Govern sabe que, sin un nuevo marco de financiación y sin un cambio cultural en el empresariado, poco podrá hacer. Mientras, la brecha entre la Cataluña que factura y la Cataluña que cobra sigue abriéndose. Según los datos del IDESCAT, la población catalana ha crecido de forma notable en las últimas dos décadas, pero la renta por habitante apenas ha avanzado.