¿Se puede comer chocolate y adelgazar? Una experta tiene la respuesta clara

El chocolate suele desaparecer de la dieta apenas alguien decide adelgazar, pero cada vez más expertos cuestionan esa idea, porque en realidad el problema no está tanto en comer chocolate, sino en la obsesión de prohibírselo, algo que muchas veces termina generando más ansiedad y antojos.

El chocolate suele ser uno de los primeros alimentos que desaparecen cuando alguien decide empezar una dieta. Basta con decir la palabra “adelgazar” para que muchas personas piensen automáticamente en eliminar dulces, postres y cualquier pequeño capricho que dé placer. Durante años se ha repetido la idea de que comer chocolate es incompatible con perder peso, como si una simple onza pudiera arruinar todo el esfuerzo de una alimentación saludable.

Pero cada vez más expertos en nutrición coinciden en que el problema no siempre está en el chocolate, sino en la relación que muchas personas desarrollan con él. La obsesión por prohibirse ciertos alimentos puede terminar generando más ansiedad, más antojos y, en muchos casos, una sensación constante de frustración. Por eso, la nutricionista Marta Verona plantea la idea de dejar de ver el chocolate como un enemigo y empezar a entenderlo desde el equilibrio.

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El efecto de prohibirse algún alimento

“Ansiedad por restricción”. Fuente: Magnific

Hay algo curioso que ocurre cuando una persona decide que no puede volver a comer chocolate, y es que de repente, parece que todo gira alrededor de él. Marta Verona da el ejemplo de que cuando alguien intenta no pensar en algo, su mente hace exactamente lo contrario. Igual que pasa con la famosa frase de “no pienses en un elefante rosa”, cuanto más se intenta evitar un alimento, más presente termina estando.

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Eso hace que este alimento gane todavía más protagonismo dentro de la cabeza. Muchas personas empiezan la dieta sintiéndose motivadas, pero a medida que pasan los días aparece la ansiedad, el deseo constante y la sensación de estar luchando contra uno mismo. Al final, lo que comenzó como una restricción “saludable” puede acabar convirtiéndose en una relación muy poco sana con la comida.

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