EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La OCDE publica un informe que alerta de que el exceso de capacidad mundial de acero alcanzará 745 millones de toneladas en 2028, un 75% más que en 2025, mientras China añade 38,6 millones de toneladas de nueva capacidad.
- ¿Quién está detrás? China recibe subvenciones por valor de 15 veces las que obtienen los productores de otros países en relación con sus activos, y exportó 131 millones de toneladas en 2025, más que toda la producción de la UE.
- ¿Qué impacto tiene? La industria siderúrgica española, con costes energéticos que suponen hasta el 40% del total de producción, afronta una presión insostenible que amenaza su viabilidad y la seguridad económica del país.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha lanzado este miércoles una alerta contundente: la crisis del acero mundial se agrava por un exceso de capacidad impulsado por China, que distorsiona los precios y pone en peligro la viabilidad de las siderúrgicas europeas, incluidas las españolas. En su informe anual sobre el sector, el organismo advierte de que el exceso de oferta crecerá un 75% hasta 2028.
Un exceso de oferta que crece sin freno
La capacidad mundial de producción de acero sigue expandiéndose a un ritmo mucho mayor que la demanda. Según el informe, en 2025 el exceso de capacidad se situó en 640 millones de toneladas, pero la OCDE prevé que alcance los 745 millones de toneladas en 2028. La demanda mundial solo crecerá en 34 millones de toneladas entre 2026 y 2028, mientras que los planes de los productores suman 139 millones de toneladas de nueva capacidad en el mismo periodo.
China es el principal actor: sus planes contemplan añadir hasta 38,6 millones de toneladas de nueva capacidad de aquí a 2028, el mayor incremento previsto por un solo país. Sus exportaciones alcanzaron un récord de 131 millones de toneladas en 2025, un 153% más que en 2020 y un volumen superior a toda la producción anual de acero de la Unión Europea. Un dato que retrata la magnitud del desequilibrio.
Además, la OCDE ha detectado que algunos exportadores podrían estar eludiendo las barreras comerciales enviando acero semielaborado al sudeste asiático para su transformación y posterior reexportación a los mercados de la organización. Las exportaciones chinas de acero semielaborado a la región han aumentado un 300%, lo que indica una posible vía para esquivar aranceles y medidas antidumping.

El papel de las subvenciones chinas y las barreras arancelarias
Las subvenciones públicas son el motor del exceso de capacidad. La OCDE señala que en 2024 una acería china promedio recibió subvenciones equivalentes a 15 veces las otorgadas a productores de otros países en relación con sus activos totales. Buena parte del aumento de capacidad de las dos últimas décadas se ha producido fuera de los países miembros, a menudo con apoyo estatal masivo.
Europa, además, soporta costes energéticos que pueden representar hasta el 40% de los costes de producción del acero en en las plantas europeas, según la OCDE, lo que la hace especialmente vulnerable a subidas como las generadas por la guerra en Irán. Las restricciones a la exportación de materias primas agravan la situación: actualmente 42 países limitan las exportaciones de chatarra, un insumo crucial para los hornos de arco eléctrico.
Si continúan las tendencias actuales, la viabilidad a largo plazo del sector y la seguridad económica de muchos países se verán comprometidas.
El Eje del Poder Europeo
Bruselas ya ha movido ficha con medidas como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y los derechos antidumping sobre productos chinos, pero el informe de la OCDE evidencia que esas herramientas pueden ser insuficientes frente a un tsunami de sobrecapacidad que se mide en cientos de millones de toneladas. España, con plantas de ArcelorMittal, Acerinox o Sidenor es uno de los países más expuestos por su fuerte dependencia de un sector que en 2022 representó el 3% del PIB industrial.
El encarecimiento de la energía y la estricta normativa medioambiental europea sitúan a las acerías españolas en desventaja competitiva. Mientras que la Comisión Europea debate endurecer aún más las salvaguardas, el riesgo de cierre de altos hornos y pérdida de empleo —sobre todo en Asturias y el País Vasco— ya empuja al Gobierno a buscar soluciones. El precedente de la crisis del acero de principios de siglo, cuando la UE impuso salvaguardas temporales y la industria española se reestructuró con duras reconversiones, demuestra que la inacción sale cara.
El choque entre los ejes europeos es latente: los países del sur, incluida España, reclaman más protección y ayudas estatales para compensar el diferencial energético, mientras que los frugales del norte y la propia Comisión insisten en mantenerse dentro de las reglas de competencia. En juego está un material estratégico para la construcción, la defensa y la transición energética. Como advirtió el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, «tenemos que abordar las causas de raíz, entre ellas las subvenciones perjudiciales y otras prácticas ajenas al mercado».
El próximo Consejo de Competitividad de la UE, previsto para julio, será clave para definir si Europa apuesta por una política comercial más agresiva frente al acero chino o se resigna a ver cómo su industria se diluye. Mientras, en España, los sindicatos y las patronales siderúrgicas preparan movilizaciones. El calor del verano podría calentar también las calles.
