Los bancos centrales acumulan más oro que deuda de EE.UU. y marcan un récord

Según datos del BCE y el FMI, las reservas en oro de los bancos centrales ya representan el 27% frente al 22% de la deuda estadounidense. La tendencia, impulsada por China, Polonia y Turquía, amenaza la hegemonía del dólar y abre un debate sobre el futuro del euro como activo de

Los bancos centrales ya atesoran más metal que bonos del Tesoro estadounidense. Es la primera vez en tres décadas, un sorpasso que refleja la creciente desconfianza hacia el dólar y el sistema financiero norteamericano. Según los datos recopilados por el BCE y el FMI, el oro supone ahora el 27% de las reservas globales oficiales, frente al 22% de la deuda estadounidense, un porcentaje que ha escalado más de diez puntos desde 2023.

El auge del metal amarillo no es casualidad. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, las compras masivas de bancos centrales de países con mayor exposición geopolítica se han disparado. China ha añadido 350 toneladas, Polonia 320, Turquía 220 e India 130, según las cifras manejadas por los organismos internacionales. El movimiento se ha acelerado en 2024 y 2025, coincidiendo con un precio del oro que prácticamente se ha duplicado en ese periodo.

Un vuelco histórico con varios motores

El cambio de tendencia se explica por tres factores. La creciente desconfianza en las cuentas públicas estadounidenses, la fragmentación geopolítica que reduce el peso del dólar en las transacciones internacionales y, sobre todo, el precedente de la congelación de los activos rusos en dólares en 2022. Ese último episodio convenció a muchos países de que sus reservas en divisas estadounidenses podían ser utilizadas como arma política.

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De hecho, el ejecutivo de una firma especializada en metales preciosos, Daniel Marburger de StoneXBullion, explica a Moncloa.com que el oro se percibe “como una divisa independiente, neutral y libre de riesgo político”. Añade que los bancos centrales no especulan: buscan estabilidad a largo plazo. Y recomienda que los inversores privados tomen nota.

Sin embargo, el protagonismo del oro no significa una desdolarización completa. El dólar sigue siendo la principal divisa de reserva, con una participación aún dominante. No obstante, la cuota de los bonos estadounidenses ha caído mientras la del metal precioso sube, algo que no sucedía desde la ruptura del sistema de Bretton Woods hace medio siglo.

El oro es un activo que no se puede crear de la nada ni congelar en una cuenta extranjera; por eso los bancos centrales lo están priorizando sobre los pagarés del Tesoro de EE.UU.

Quién compra y por qué importa para España

China lidera la fiebre del oro por razones estratégicas: reducir su dependencia del dólar en plena rivalidad comercial y militar con Washington. Polonia, con 320 toneladas, se ha convertido en el mayor comprador europeo y busca blindar su posición frente a la inestabilidad en el flanco oriental de la OTAN. Turquía e India completan el cuarteto de grandes compradores, todos con motivaciones geopolíticas o de aseguramiento frente a sanciones.

Para España, el fenómeno tiene lecturas a varias bandas. El Banco de España posee unas 280 toneladas de oro, lejos de los grandes tenedores. La importancia de esta tendencia radica más bien en cómo pueda alterar el equilibrio entre divisas. Si el dólar pierde parte de su atractivo como activo de reserva, el euro y otras divisas podrían ganar cuota, lo que a medio plazo proporciona cierta autonomía financiera a la eurozona. Bruselas todavía recuerda la dependencia que sufrió durante la crisis de 2008 y las sanciones recientes le han mostrado las costuras de un sistema dominado por el billete verde.

El Eje del Poder Europeo

El BCE ha querido templar los ánimos. En un comunicado reciente, advierte de que el oro tiene limitaciones: su precio es volátil, no genera rendimientos y su almacenamiento físico resulta caro. Además, subraya que la oferta no es totalmente elástica, un matiz técnico que los mercados conocen bien. Aun así, la institución que preside Christine Lagarde reconoce que en tiempos turbulentos la confianza en el metal dorado aumenta.

Esta prudencia del BCE esconde una realidad más compleja: los bancos centrales del este de Europa y de Asia están redefiniendo el mapa de las reservas globales al margen de Fráncfort y de Washington. Para una economía como la española, muy vinculada al flujo de capitales internacionales y con una exposición elevada a los vaivenes del dólar, la diversificación hacia el oro supone una señal de que el sistema monetario internacional avanza hacia una multipolaridad que puede beneficiarla siempre que se gestione con cabeza. «El euro no ha ganado cuota en esta crisis, pero la caída de la deuda estadounidense abre una ventana», analizan fuentes cercanas al Eurogrupo.

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La tensión entre el eje transatlántico y la autonomía estratégica de la UE aparece nítidamente. París y Berlín llevan años defendiendo una mayor internacionalización del euro, pero el ritmo lo marcan Pekín y Varsovia comprando oro. En Moncloa, aunque la noticia no ha suscitado declaraciones oficiales, fuentes gubernamentales insinúan que se trata de un dato más a favor de acelerar la unión bancaria y de capitales para que el euro pueda competir en igualdad de condiciones con el dólar como activo refugio. La frase de un alto funcionario español no deja lugar a dudas: «Si el mundo huye del dólar, Europa debe tener su propia casa en orden».

El precedente histórico de los años setenta, cuando el oro fue desplazado por el dólar como activo central, parece ahora invertirse parcialmente. Entonces fue la fortaleza de la economía estadounidense y la necesidad de liquidez global lo que relegó al metal. Ahora es la desconfianza en esa misma economía y en la capacidad de Estados Unidos para mantener el orden liberal internacional lo que reverdece el atractivo de las bóvedas llenas de lingotes. La diferencia es que esta vez los compradores no son solo los sospechosos de siempre.

El camino por recorrer está lleno de incógnitas. El BCE insiste en que la oferta de oro no se adapta a los picos de demanda de liquidez que una economía global de 100 billones de dólares necesita. Pero esa rigidez precisamente es lo que buscan los compradores: certidumbre en un mundo de bloques cada vez más enfrentados. La próxima reunión del FMI en otoño servirá de termómetro para medir si la fiebre del oro sigue su curso o si los números de este sorpasso son solo un espejismo pasajero.