La movilidad eléctrica ha pasado de promesa a realidad en la metrópolis de Barcelona. El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha consolidado en los últimos tres años una transformación que sitúa a la capital catalana como referente en transporte sostenible. La incorporación de 325 nuevos autobuses, de los cuales 108 son totalmente eléctricos, el crecimiento de AMBici hasta 24.000 usuarios activos y una red de 80 electrolineras repartidas por el territorio son los pilares de esta transición.
Una flota de autobuses renovada y sin emisiones
El Bus Metropolitano ha vivido la mayor renovación de su historia. En lo que va de mandato, el AMB ha puesto en circulación 325 vehículos sostenibles y prevé sumar otros 173 antes de 2027. De esos próximos autobuses, 159 serán totalmente eléctricos, lo que permitirá superar el 90% de flota limpia y acercarse al 25% de vehículos de cero emisiones.
El impacto sobre la calidad del aire es contundente. Los nuevos modelos reducen hasta un 80% las emisiones contaminantes respecto a los autobuses más antiguos, y los eléctricos las eliminan por completo mientras circulan. Según datos del AMB, la renovación está permitiendo rebajar los niveles de óxidos de nitrógeno en las principales avenidas metropolitanas.
La hibridación y la electrificación también empiezan a alcanzar al transporte turístico. La previsión es electrificar el 100% de esa flota de forma progresiva, con una parte importante que ya opera con vehículos híbridos o eléctricos.
AMBici y electrolineras, las otras patas de la estrategia
Más allá de los autobuses, el AMB ha tejido una red multimodal de movilidad verde. El servicio de bicicleta pública metropolitana superó los 24.000 usuarios activos y en 2025 registró más de dos millones de viajes, un 27% más que el año anterior. Desde su lanzamiento en 2023 acumula cerca de seis millones de desplazamientos.
‘La bicicleta sigue ganando adeptos como medio de transporte habitual’, subraya Carlos Cordón, vicepresidente de Movilidad, Transporte y Sostenibilidad del AMB. La entidad trabajará en la ampliación de la cobertura territorial y en nuevos abonos flexibles para usuarios ocasionales, dos palancas que ya están ensanchando el perfil de los ciclistas metropolitanos.
La red pública de electrolineras del AMB ya realiza 15.000 recargas al mes y se prepara para llegar a las 100 estaciones antes de fin de mandato.
La expansión de las electrolineras es el complemento indispensable. En apenas tres años se ha pasado de diez a 80 puntos de recarga distribuidos por la metrópolis, con la meta de alcanzar el centenar. Cada mes se realizan unas 15.000 operaciones, una cifra que refleja una demanda creciente que, según Cordón, ‘exige más infraestructuras y estaciones de recarga’.
Las motos eléctricas compartidas con licencia metropolitana también han despegado: superan ya los cuatro millones de viajes desde su puesta en marcha y cuentan con cerca de 6.000 vehículos en ocho municipios. En los picos de actividad se registran más de 10.000 desplazamientos diarios.
¿Qué implica esta transformación para Barcelona y el resto de urbes?
La apuesta del AMB convierte a Barcelona en uno de los laboratorios de movilidad eléctrica más avanzados del sur de Europa. Sin ir más lejos, el despliegue de electrolineras metropolitanas es comparable al de ciudades como Ámsterdam o Copenhague, y la tasa de renovación de la flota de autobuses supera el ritmo medio de las grandes capitales españolas. Madrid, por ejemplo, tiene previsto electrificar el 25% de su flota de la EMT para 2025, mientras que Barcelona ya rozará ese porcentaje en 2027 con una malla de recarga más densa.
El tejido económico también se beneficia. La inversión en vehículos eléctricos e infraestructuras de recarga atrae a fabricantes y operadores de servicios de movilidad compartida, al tiempo que reduce la dependencia de combustibles importados. Para las arcas metropolitanas, cada autobús eléctrico supone un ahorro de aproximadamente un 60% en costes de mantenimiento respecto al diésel, según estimaciones del sector.
Ahora bien, el salto no está exento de retos. La red de electrolineras debe seguir creciendo al mismo ritmo que la demanda para evitar cuellos de botella, y la intermodalidad –bicicleta, bus compartido, moto eléctrica– exige una planificación integrada que evite solapamientos y garantice cobertura en los municipios más alejados del continuo urbano. En esta redacción observamos que el AMB tiene los mimbres para consolidar el cambio, pero la clave estará en la constancia de la inversión y en la capacidad de coordinar a los distintos operadores.
Lo que ya es una realidad es que Barcelona se mueve con menos ruido y menos humo. La transformación de la movilidad metropolitana ha dejado de ser un proyecto piloto y empieza a medirse en kilómetros limpios cada día.
