Renfe cesa a Antonio Carmona, su histórico portavoz en Rodalies

El histórico portavoz de Renfe en Cataluña pasa a tareas comerciales tras ser cesado de sus funciones institucionales. La decisión, tomada por el consejero delegado de Rodalies Catalunya, Òscar Playà, se suma a la remodelación de la cúpula en pleno proceso de traspaso.

Renfe ha apartado de sus funciones a Antonio Carmona, hasta ahora su director de relaciones institucionales en Cataluña y el rostro más reconocible de la operadora en la comunidad. Carmona deja de ser el portavoz habitual de la compañía en un momento especialmente delicado para el servicio ferroviario catalán, inmerso desde hace meses en una reestructuración profunda vinculada al traspaso de Rodalies a la Generalitat. Según ha adelantado La Vanguardia y confirmado el ARA, la decisión la ha tomado el consejero delegado de Rodalies Catalunya, la empresa mixta que debe materializar la transferencia.

Un portavoz que ya había sido relevado de la dirección

El cese tiene un precedente inmediato. Hace exactamente un año, Carmona fue destituido como director de Rodalies —cargo que ocupaba desde hace más de una década— y reubicado en la dirección de relaciones institucionales. Aquel movimiento desencadenó la llegada de Josep Enric García Alemany desde Madrid, quien apenas duró unos meses al frente del servicio tras la acumulación de incidencias y quejas.

Ahora, la salida de Carmona de la portavocía vacía el que era uno de los puestos más visibles de Renfe en Cataluña. La compañía le ha encomendado nuevas funciones en los servicios comerciales, una recolocación interna que le aleja del foco institucional. La coincidencia temporal con la fase decisiva del traspaso de Rodalies no es menor.

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La mano de Òscar Playà y la nueva empresa mixta

Fuentes de Renfe consultadas por Moncloa.com sitúan al actual consejero delegado de Rodalies Catalunya, Òscar Playà, como el directivo que ha impulsado el relevo. Playà aterrizó en el organigrama después del fallido paso de García Alemany y con el encargo político de pilotar una transición suave hacia la nueva sociedad mixta, participada al 50 % por el Estado y la Generalitat.

La decisión de Playà refleja la voluntad de configurar un equipo de comunicación propio, desligado de los lazos históricos del anterior equipo de Carmona. De hecho, fuentes del Govern consultadas por esta redacción interpretan el cese como un paso más en el control del relato que la Generalitat también quiere asumir. El traspaso, siempre retrasado y políticamente inflamable, necesita un discurso nuevo.

Qué dice este cese (y qué calla) sobre el futuro de Rodalies

El baile de directivos en Renfe Cataluña no es solo un problema de organigrama; es una radiografía de las tensiones que atraviesan el traspaso. La creación de Rodalies Catalunya —y los nombramientos que la acompañan— ha multiplicado los centros de decisión y ha generado fricciones con la estructura central de Madrid. El propio García Alemany fue defenestrado cuando las incidencias masivas en la R2 y la R4 pusieron en evidencia la falta de inversión crónica.

Ahora, con Carmona fuera, la Generalitat ve una oportunidad para dejar atrás la etapa de portavoces que defendían —a veces con perfil bajo— la gestión estatal. Pero el riesgo es simétrico: si las nuevas voces no logran transmitir credibilidad en un momento de fragilidad del servicio, la factura política será compartida entre el Govern y Moncloa.

El relevo de Carmona no cierra una crisis, sino que abre la puerta a una nueva etapa con más actores, más ruido y la misma carencia de infraestructura que sigue lastrando Rodalies.

Precisamente, esa carencia de infraestructura es la que ha llevado al Govern a endurecer el calendario. Aunque el traspaso formal está previsto para finales de 2026, la Generalitat reclama ya los 5.000 millones de inversión en la red que prometió el Gobierno central. Mientras tanto, los usuarios de líneas como la R1 o la R2 siguen contando averías diarias que ningún portavoz —antiguo o nuevo— puede esconder.

El cese de Carmona, en definitiva, supone el adiós definitivo a uno de los últimos supervivientes de la etapa anterior. La próxima voz de Rodalies —todavía sin designar— tendrá que hablar en nombre de una empresa híbrida, atenazada entre dos administraciones y observada por millones de pasajeros que, hoy por hoy, no tienen alternativa.

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