La CIA vive un momento incómodo que ya habría provocado dimisiones en cadena en otros tiempos. El director John Ratcliffe guarda un silencio que, según la exanalista sénior Julia Curlee, equivale a una ‘conspiración de silencio’ en Washington. Le adelanto que el episodio no es menor: estamos ante el intento más explícito de reclutar a la inteligencia estadounidense para legitimar un relato falso sobre las elecciones de 2020 que el propio presidente Trump insiste en difundir desde un discurso televisado reciente.
No hablo de un roce más entre el poder político y los servicios. Hablo de que el Rubicón lo cruzó Ratcliffe en junio de 2025, cuando ordenó a la Agencia reabrir un debate ya zanjado por su propia inteligencia: el informe de la Dirección Nacional de Inteligencia que, en 2021, descartó cualquier alteración técnica del proceso electoral y señaló a Rusia como actor que operó para denigrar a Biden y favorecer a Trump. Cierro los ojos y aún recuerdo aquella línea del documento: ‘Putin autorizó operaciones de influencia para apoyar a Trump y socavar la confianza en el proceso electoral’. Ahora, el mismo Trump vuelve a cargar contra esos hallazgos cuando Ratcliffe era el director nacional de inteligencia que los supervisó.
Por qué la dimisión de Ratcliffe se ha convertido en el detonante de la comunidad
Curlee —tantos años en el Consejo de Seguridad Nacional y en la Agencia— ha expresado lo que muchos callan: ‘Nunca pensé que vería a la CIA participando en un esfuerzo presidencial por deslegitimar las elecciones a los ojos de los estadounidenses’. La frase duele porque no apunta aun funcionario cualquiera, sino a quien hoy encabeza la institución que los espias veneran.
La presión no es nueva, pero sí la intensidad. Trump ha repetido las mismas mentiras en la reciente cena de corresponsales de la Casa Blanca y ha vuelto a afirmar que China manipuló los comicios, algo que los propios jueces electorales y la inteligencia calificaron de técnicamente imposible. Lo singular es que el senador Mitch McConnell lleva semanas apartado por una dolencia misteriosa, dejando a los republicanos un margen de solo tres votos para confirmar a Jay Clayton como futuro jefe de toda la inteligencia, un nominado que rehuyó reconocer la victoria de Biden y dejó abierta la puerta a interferir en el conteo de votos. Eso es lo que viene.

El despoblamiento silencioso del ODNI y la erosión de Five Eyes
Mientras los focos apuntan al director de la CIA, la Oficina del Director Nacional de Inteligencia se desangra. Según datos compartidos con el Congreso esta misma semana, el ODNI ha perdido 200 efectivos desde junio entre despidos y reasignaciones. Empezó el mandato con unos 2,000 funcionarios y hoy apenas supera la mitad. Eso significa que al menos 21 analistas sénior —incluidos los jefes de Rusia y China— fueron cesados a finales del mes pasado. Si elimina usted la capacidad de entender a Moscú y Pekín desde dentro, la comunidad de los Cinco Ojos se queda a oscuras sobre las dos amenazas prioritarias.
La lectura confidencial que hago desde esta redacción es meridiana: el adelgazamiento no es un ajuste presupuestario; es una purga de los profesionales que produjeron los informes incómodos para el presidente. La desaparición del Foreign Malign Influence Center y el desmantelamiento de la misión electoral de CISA encajan en un patrón. Lo advertí hace años en Desnudando a Google: lo peor no es que el soberano te espíe; es que te deje indefenso ante otros soberanos porque ha desactivado las alertas.
La inteligencia que no se atreve a defender sus propios hallazgos deja de ser útil para quien la paga.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
Vector de Amenaza: La politización activa de un servicio de inteligencia mediante el veto impuesto a sus conclusiones técnicas y la cooptación de su liderazgo para reescribir un pasado electoral. No es una injerencia externa, sino una mutación desde dentro que convierte a Langley en un altavoz del relato presidencial. Cuando Ratcliffe accede a reabrir el informe de 2021, está transformando a la CIA en una herramienta de comunicación política.
Agencias Implicadas: La CIA actúa como víctima institucional, pero también como actor alineado a través de su director. Los atacantes son los elementos del Ejecutivo que fuerzan esa ingeniería de la verdad; sus beneficiarios indirectos son los servicios rusos y chinos, que asisten al desmontaje de la capacidad analítica de Estados Unidos mientras el ODNI se depura. Al otro lado, los aliados de Five Eyes —MI6, GCHQ, el servicio australiano— observan con alarma porque la erosión de la contraparte estadounidense degrada el mecanismo de alerta global del que dependen. La DGED marroquí, atenta como siempre a los cambios de postura de Washington que puedan rebajar la presión sobre su propia actividad en el Magreb, toma nota.
Nivel de Clasificación Estimado: El material que se intenta manipular —el informe íntegro sobre las elecciones de 2020— estaba clasificado como Secreto según los estándares de la comunidad. Su reapertura implica que se está negociando qué fragmentos se reinterpretan o se filtran, un proceso que debería estar blindado con protocolos de clasificación que, a juzgar por los testimonios que cita MS Now, se están sorteando. Un portavoz anónimo dejó caer que Ratcliffe ‘se preocupa por la plantilla más que otros secretarios de segundo mandato’, elogio tan tibio que casi suena a sarcasmo.
El precedente histórico que me viene a la cabeza no es el de Aldrich Ames, sino el de la inteligencia sobre las armas de destrucción masiva en Irak. Entonces, en 2002, se torcieron análisis bajo presión política, y la credibilidad de la CIA tardó una década en recuperarse. Aquí el daño es aún más profundo porque se está atacando la legitimidad del propio proceso electoral, la base de cualquier democracia liberal. Si mañana el CNI recibiera una petición similar desde Moncloa para blanquear un relato sobre el 23-F o sobre la injerencia marroquí en Ceuta, ¿cuántos silencios cómplices se romperían? Lo veo con la misma preocupación con que escribiría sobre una vulnerabilidad día cero no parcheada: la infección se propaga antes de que nadie active el parche.
Acabo con la fecha que debe guiar los próximos pasos: la confirmación de Jay Clayton está prevista para después de agosto, y con ella se decidirá si la inteligencia estadounidense mantiene un resquicio de independencia o se convierte definitivamente en correa de transmisión del ciclo electoral. Las fuentes consultadas por SpyTalk apuntan a que Curlee representa aun grupo cada vez más amplio que clama por una dimisión en cascada. No suelo apostar, pero si me obliga usted, diré que Ratcliffe aguantará: la conspiración de silencio es más barata que un despacho en Langley sin muebles.

