Alberto Núñez Feijóo tiene ante sí el mayor trasvase de votantes del centro-izquierda desde 2016. Según los datos internos del CIS, dos millones de personas que votaron al PSOE en 2023 no repetirían papeleta si hoy hubiera elecciones, y el PP ya está engrasando la maquinaria para capitalizar esa desafección.
La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas correspondiente a junio, con trabajo de campo entre los días 1 y 4 y 4.024 entrevistas, refleja que el 26,2 % de los electores socialistas daría la espalda a su partido en unos nuevos comicios. En cifras absolutas: 2.049.290 votantes que se alejan de Ferraz justo cuando los escándalos de corrupción —desde el caso Koldo hasta la imputación del ex presidente Zapatero y las revelaciones de las llamadas cloacas del PSOE— copan el debate público.
Hace apenas tres semanas, en el CIS de mayo, ese porcentaje era del 20,9 % (1,6 millones de votantes). El deterioro se ha acelerado con la difusión de los nuevos sumarios. La sangría socialista, además, no es un fenómeno aislado: entre los votantes de Sumar, socio de coalición, un 26,6 % admite que no volvería a votarles, lo que supone otros 800.000 apoyos que flaquean.
La «amortización» que no llega
Fuentes de la dirección socialista habían instalado en los últimos días una idea fuerza: el coste electoral de la corrupción ya estaría «amortizado». Los datos del propio CIS, sin embargo, desmienten esa tesis. El goteo de imputaciones no se ha descontado en las expectativas de voto; al revés, cada nuevo caso agranda la brecha. En Génova lo leen en clave de oportunidad histórica. «Hay un trasvase de voto del PSOE al PP que no se producía desde hace una década», apuntan fuentes de la cúpula popular consultadas por Moncloa.com.
El presidente nacional del Partido Popular ha intensificado en los últimos actos su discurso sobre la «corrupción sistémica» que cercaría a Pedro Sánchez, enlazando los distintos sumarios con una estrategia de desgaste que, según la encuesta, empieza a calar. Sin embargo, en sede parlamentaria Feijóo ha evitado convertir cada sesión de control en una sucesión de preguntas sobre los sumarios; prefiere centrar sus intervenciones en la gestión económica y en la defensa de la igualdad territorial, convencido de que los votantes socialistas huérfanos no se moverán solo por el rechazo, sino también por una alternativa programática nítida.
Dos millones de votantes socialistas han dejado de sentirse representados. Y las urnas aún no están abiertas.
El propio CIS, pese a la pérdida de fe en su metodología que denuncian los expertos, dibuja una competición directa entre el PP y el PSOE: los populares se quedan a solo 4,2 puntos de los socialistas en estimación de voto (31,3 % frente a 27,1 %). Si se proyectara la deserción neta de dos millones de papeletas sobre el resultado de 2023, el PSOE caería a una horquilla de 5,7 millones de votos, un suelo similar al de las generales de 2016, cuando obtuvo el 22,6 %. Ese retroceso colocaría a los socialistas en niveles que, en las recientes autonómicas, ya se han registrado en comunidades como Andalucía (22,7 %) o Aragón (24,3 %).
El PSOE, atrapado en su propia contradicción
El dilema para Ferraz es agudo. Si reconocen que la corrupción les está pasando factura, alimentan el argumentario de la oposición; si lo niegan, chocan con un dato de su propio instituto demoscópico. El presidente del Gobierno ha optado por una estrategia de «voto útil» que busca absorber a los electores de Sumar y Podemos con medidas de corte social, pero la encuesta revela que la fidelidad del votante de izquierda se resquebraja por igual. No es extraño, por tanto, que desde el PP se haya lanzado un mensaje de moderación fiscal y de blindaje constitucional que apunta directamente al perfil del votante socialista moderado que, en 2019 y 2023, se quedó en casa o confió en Sánchez.
El contexto penal refuerza la posición de Génova. La imputación de Zapatero, el sumario de las cloacas y la evolución del caso Ábalos forman un mosaico que, según fuentes populares, «bloquea cualquier intento de Sánchez de rearmar el relato de la ejemplaridad». La dirección nacional del PP, sin embargo, vigila con prudencia el calendario: la distancia entre la desafección que registran las encuestas y su traducción en papeleta real puede depender de que el partido sea capaz de mantener un perfil de alternativa de gobierno y no solo de oposición dura.
El Eje del Poder Popular
La posibilidad de que el PP logre una traslación automática del descontento hacia sus siglas tiene implicaciones profundas para el mapa territorial. La mayoría de los presidentes autonómicos populares —Isabel Díaz Ayuso, Juanma Moreno, Alfonso Rueda, Carlos Mazón, Fernando López Miras, Alfonso Fernández Mañueco, Marga Prohens, entre otros— gobiernan con estabilidad y presentan cuentas saneadas. Esas comunidades, que suman alrededor del 60 % del PIB nacional, se convierten en el escaparate de una gestión que contrasta con la crispación que, según Génova, caracteriza a la Moncloa.
En el seno del partido, la lectura de la encuesta no ha generado fisuras. Todos los barones comparten el diagnóstico y se alinean con el discurso de Feijóo, aunque con matices territoriales. Ayuso insiste en la necesidad de un «corte radical con las políticas del Gobierno»; Moreno pone el acento en la estabilidad y en la ampliación de la base electoral; Mazón reclama un «PP combativo» que no ceda el espacio de la crítica. La dirección nacional ve en esa pluralidad una fortaleza, siempre que el relato unificado sobre la corrupción y la alternativa económica no se diluya.
El riesgo, y así lo admiten fuentes de Génova consultadas por este diario, es que la saturación de casos judiciales acabe generando un efecto de «cansaço» en el electorado, o que el Gobierno logre contrarrestar con un discurso victimista basado en el lawfare. De momento, los números del CIS indican que la estrategia de Sánchez no está funcionando. El PP afronta los próximos meses con una ventana de oportunidad que combina la descomposición del voto socialista y una oposición que, por primera vez desde 2011, puede aspirar a aglutinar mayorías transversales. El pleno del Congreso del próximo martes, con varias preguntas sobre el caso Ábalos en el orden del día, será el primer termómetro.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: La corrupción en el PSOE no es un hecho aislado: es un fenómeno sistémico que expulsa a millones de votantes y que el PP está preparado para acoger con un proyecto de centro-derecha.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP).
- Próximo hito: Sesión de control en el Pleno del Congreso el próximo martes, donde el GPP llevará preguntas específicas sobre las derivaciones del caso Ábalos.
