El Ayuntamiento de Barcelona y el Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) han firmado un protocolo de intenciones que destina 90 millones de euros a la construcción de un complejo público en la plaza de les Glòries. El acuerdo, adelantado por El Nacional y confirmado por el alcalde Jaume Collboni, pone fin a más de dos décadas de estancamiento en el solar que originalmente iba a albergar el fallido Edificio Ona.
Un complejo de 35.000 m² con vivienda protegida, biblioteca y polideportivo
El protocolo, que cuenta con la financiación del CZFB y será devuelto por el Ayuntamiento mediante un canon, contempla un mínimo de 35.000 metros cuadrados sobre rasante. De ellos, 10.000 se destinarán a vivienda protegida —un centenar de pisos—, 20.000 a usos administrativos municipales y 5.000 a equipamientos comunitarios. Collboni ha detallado que la torre pública de Glòries, como la ha bautizado, no será una torre en el sentido arquitectónico del término, sino uno o varios edificios que ocuparán los 5.600 m² de la finca situada en la avenida Diagonal 254.
El alcalde ha subrayado que “lo primero que hemos hecho en el ámbito de desarrollo del antiguo Edifici Ona ha sido encontrar la financiación”. El calendario esbozado por el consistorio prevé la convocatoria de un concurso internacional de proyectos este otoño, la redacción del proyecto en 2027 y el inicio de las obras entre finales de 2028 y principios de 2029. La primera pieza en entrar en servicio será la vivienda.
Una reivindicación histórica que alivia al Clot y blinda vivienda asequible
El solar, de 5.600 m² en la avenida Diagonal 254, lleva décadas utilizado como acopio de materiales de obra. El barrio del Clot, colindante con Sant Martí, lleva años reclamando equipamientos como una biblioteca y un polideportivo. Collboni ha confirmado que los equipamientos incluirán, además, un auditorio, “equipamientos reivindicados por el barrio del Clot”. La voluntad municipal es que el espacio tenga vocación de servicio público al barrio y que la primera pieza en funcionamiento sea la vivienda.
Los 120 pisos protegidos absorverán 10.000 m² del techo edificable, una apuesta por la vivienda asequible en un distrito donde el precio del alquiler ha subido un 8 % en el último año, según datos oficiales. El solar de les Glòries se despega así del fantasma del Ona, aquel rascacielos ondulado que se proyectó a principios de los años 2000 y nunca llegó a levantarse.
La fotografía política: Collboni enseña músculo social y tiende la mano al Estado
El movimiento tiene una lectura electoral clara: a menos de un año de las municipales de 2027, el alcalde socialista refuerza su perfil de gestor capaz de desencallar proyectos de vivienda asequible, un eje central de su mandato. La colaboración con el CZFB, presidido por el delegado del Gobierno Pere Navarro, es también un guiño a la sintonía con el Ejecutivo central en un momento en que la financiación autonómica y la vivienda copan la agenda.
El proyecto devuelve al solar de la Ona la vocación de servicio público con la que nació, pero esta vez con vivienda asequible y equipamientos que el barrio espera desde hace más de dos décadas.
Desde Moncloa.com analizamos la operación como un doble mensaje: hacia dentro, Collboni satisface las demandas del distrito de Sant Martí y refuerza su imagen de alcalde del “sí” a la vivienda; hacia fuera, tiende un puente con la administración del Estado, algo que incomoda a sus socios de Junts y ERC en el consistorio pero le permite proyectar estabilidad institucional. El acuerdo también desbloquea otros dos proyectos en el mismo ámbito de les Glòries: la rehabilitación de la Farinera del Clot y la construcción de una residencia de mayores con un centenar de plazas, que Collboni ha vinculado al mismo espíritu de regeneración del barrio.
La operación, que moviliza 90 millones de inversión pública, se convierte en uno de los proyectos estrella de la legislatura y una carta de presentación del alcalde ante la ciudadanía. Con ella, el PSC demuestra que la colaboración con el Estado puede traducirse en ladrillo social, mientras ERC y Junts, escépticos con la fórmula de la Zona Franca, se ven obligados a apoyar un proyecto que el barrio del Clot reclama desde hace un cuarto de siglo.
