La visita del Papa León XIV a Barcelona no ha pasado desapercibida para Pedro Sánchez. El presidente, ateo confeso como la mayoría de sus ministros, ha exprimido al máximo la imagen de cercanía con un pontífice declaradamente proinmigración en un momento en que los escándalos de corrupción amenazan con erosionar la credibilidad del Gobierno de coalición. La foto, con 14 miembros del Gabinete en la misa de bendición de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia, es el último movimiento de Moncloa para construir un relato de normalidad institucional y compromiso humanitario que contrarreste, al menos en el corto plazo, la presión mediática.
Una misa con 14 ministros: la foto del Gobierno en pleno
El miércoles por la tarde, 14 de los 22 ministros —entre ellos la vicepresidenta primera María Jesús Montero y el ministro de Presidencia, Félix Bolaños— se sentaron en primera fila durante la ceremonia presidida por el Papa León XIV en la basílica barcelonesa. Una cifra inédita en cualquier gobierno progresista europeo, según fuentes de Moncloa, que subraya la voluntad deliberada de escenificar una sintonía total entre el Ejecutivo y la Santa Sede en materia migratoria. El Papa, en su homilía, recordó que ‘los que acogen a un extranjero me acogen a mí’, una frase que el Gobierno socialista lleva semanas utilizando para apuntalar su discurso.
La asistencia masiva tuvo un aire de coreografía. Más allá de los católicos reconocidos del Gabinete, como el propio Salvador Illa, numerosos ministros ateos no dudaron en saltarse la liturgia para garantizar que las cámaras captaran su presencia. El gesto, pese a las críticas aireadas por sectores laicistas del PSOE y de Sumar, fue calculado al milímetro por el equipo de Comunicación de Ferraz y de la Presidencia.
El contrapeso a los escándalos: inmigración y normalidad institucional
El despliegue barcelonés no fue un hecho aislado. Horas antes, Sánchez había aterrizado en Canarias para visitar un centro de acogida de menores migrantes no acompañados y anunciar un nuevo plan de derivaciones a la Península. La visita, programada en tiempo récord, buscaba mostrar que el Ejecutivo —a pesar de los casos judiciales que afectan a altos cargos socialistas— no pierde el pulso de la gestión y mantiene intacta la agenda legislativa y humanitaria.
La estrategia se asienta sobre dos patas: la inmigración como vector de contraste con una derecha que, a juicio de Moncloa, ha hecho de la xenofobia su principal argumento electoral, y la imagen de cercanía con un Papa que ha hecho de la acogida el eje de su pontificado. Cosas que pasan en política.
Los escándalos, sin embargo, no han desaparecido. Las investigaciones sobre presuntas mordidas en la compra de material sanitario durante la pandemia y la financiación irregular del antiguo partido de Podemos mantienen vivo el goteo de informaciones en los medios. En Ferraz admiten en privado que la estrategia de ‘blindaje’ tiene un recorrido limitado, pero confían en que la acumulación de gestos de Estado —el Papa, Canarias, la próxima cumbre europea— diluya el impacto de las portadas más agresivas.
La foto con León XIV no es fe, es estrategia pura: el Gobierno intenta construir un relato de normalidad institucional que minimice el eco de los juzgados.
El Eje del Poder Socialista
En la Ejecutiva Federal de esta semana, la dirección del partido evitó cualquier debate público sobre el desgaste judicial y se limitó a respaldar la agenda de Sánchez. Sin embargo, varios barones territoriales han transmitido a Ferraz su inquietud por el desgaste que los casos de corrupción pueden tener en la intención de voto, sobre todo en comunidades como Castilla-La Mancha y Asturias, donde el PP aprieta en las encuestas. La presencia del presidente en la Sagrada Familia fue vista por los críticos internos como un tour de force comunicativo que, de no traducirse en un freno a los titulares judiciales, podría volverse contra el líder.
El aterrizaje territorial del gesto papal es más complejo. En Cataluña, el PSC de Illa capitaliza la buena sintonía con la Iglesia catalana —que ha apoyado las políticas de acogida— y refuerza su perfil moderado frente a un independentismo que, por primera vez en años, no monopoliza la agenda mediática. En Andalucía, sin embargo, los cuadros socialistas temen que la imagen de un Gobierno ‘de misa con el Papa’ provoque desconcierto en un electorado tradicionalmente laico. Pero la lectura estratégica es otra: lo que está en juego no es un debate religioso, sino la capacidad de Sánchez para imponer en la opinión pública un marco —el de la acogida y la estabilidad— frente al relato de la corrupción.
A medio plazo, el riesgo es evidente: si los juzgados no aminoran el ritmo de imputaciones, el blindaje pastoral se desgastará rápido. Pero en Moncloa recuerdan que, en otras crisis de la etapa sanchista —desde la moción de censura de 2018 hasta la pandemia—, el presidente ha logrado sortear las tormentas con golpes de efecto mediáticos bien calibrados. El próximo Consejo de Ministros del martes, en el que se abordará el nuevo decreto de protección a menores migrantes, será la primera piedra de toque para ver si la ola papal aguanta o se desvanece.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: "Gobierno de progreso con una agenda humanitaria imparable frente a una oposición que solo ofrece crispación y recortes".
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Decreto de protección a menores migrantes en el Consejo de Ministros del 16 de junio.
