Santiago Abascal ha calificado este domingo desde Ceuta la llegada masiva de inmigrantes como «una invasión y un acto de guerra» promovido por Marruecos y tolerado por el Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente de Vox ha trasladado su solidaridad a los ceutíes —«que están sufriendo, que han visto desbordar sus calles»— y ha exigido la adopción inmediata de medidas drásticas, entre las que destacan la militarización permanente de la frontera y el cierre del paso hasta que Rabat ofrezca garantías de que no se repetirán los hechos.
Las cuatro patas del argumentario de Vox: seguridad, soberanía, justicia y presión europea
Abascal ha desplegado en la ciudad autónoma un discurso articulado en cuatro ejes. En primer lugar, la devolución inmediata de todos los nacionales marroquíes que se encuentren ilegalmente en España, una medida que, a su juicio, exige Marruecos «que acepte la devolución». En segundo lugar, la militarización permanente de la frontera «el tiempo que sea necesario», dotando a las Fuerzas Armadas, la Policía y la Guardia Civil de «los medios jurídicos, materiales y los cambios legislativos necesarios» para defenderla «con la contundencia que sea necesaria».
El tercer pilar del argumentario es el cierre permanente del paso fronterizo hasta que Rabat dé garantías de que episodios como el actual no volverán a producirse. «Esto es muerte, sufrimiento y ruina», ha subrayado. Por último, ha reclamado el respaldo de la Unión Europea, mediante la suspensión del acuerdo preferencial con Marruecos, hasta que el país vecino se comprometa a respetar las fronteras españolas. En su opinión, el reino alauí actuó porque «sabía que no iba a haber ninguna respuesta» y porque «Sánchez está sometido a Marruecos».
El líder de Vox no ha escatimado críticas al presidente del Gobierno, a quien ha calificado de «traidor» y ha situado como responsable último de la crisis. «Probablemente Marruecos tiene informaciones y pruebas de Sánchez, de corrupciones y mafias que los españoles todavía desconocemos», ha afirmado. La comparecencia ha culminado con una exigencia contundente: «Lo más urgente es sentar a Sánchez en el banquillo para que dé cuentas de sus corrupciones» y también «de sus traiciones a los españoles».
Una denuncia sin precedentes: reacciones y viabilidad política inmediata
La calificación de «acto de guerra» lanzada por el presidente de Vox desde suelo español no tiene precedentes recientes en boca de un líder nacional con representación parlamentaria. La gravedad de la acusación sitúa al Gobierno en una posición incómoda, pues obliga a desmentir una tesis que gana tracción entre sectores de la derecha social. La portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, ha evitado hasta ahora responder directamente, limitándose a calificar el discurso de Vox de «incendiario».
El PP, socio necesario para cualquier futura gobernabilidad, guarda silencio. Fuentes de la formación consultadas por Moncloa.com reconocen que el discurso de Abascal tensa aún más la relación entre ambos partidos, pero evitan condenar expresamente las palabras del líder de Vox. La dirección popular ve con preocupación cómo la estrategia de presión por la derecha puede movilizar a votantes molestos con la gestión migratoria del Gobierno, al tiempo que compromete la imagen centrista que Feijóo intenta proyectar.
Abascal ha elegido Ceuta para marcar un punto de inflexión discursivo que obliga al PP a retratarse y al Gobierno a defender lo indefendible.
Qué busca Vox con esta escalada: lectura estratégica
La intervención de Abascal en la ciudad autónoma no es un gesto aislado. El partido lleva meses elevando el tono en materia migratoria y de soberanía, convencido de que la sociedad española demanda respuestas contundentes. La elección de Ceuta como escenario —símbolo de la debilidad fronteriza— y la compañía de Jorge Buxadé, jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, subrayan la voluntad de proyectar el mensaje a escala nacional y comunitaria.
Con este movimiento, Vox consolida su perfil propio frente al PP justo cuando arranca el nuevo curso político y se acelera la precampaña de las próximas elecciones generales. La exigencia de militarizar la frontera y de cerrar el paso es un salto cualitativo que sitúa a los populares ante una disyuntiva incómoda: si respaldan la propuesta, rompen con la moderación que quieren transmitir; si la rechazan, alimentan el discurso de que Vox es la única fuerza que habla claro. La dirección de Bambú confía en que la indignación ciudadana refuerce su posición y obligue al PP a moverse hacia sus postulados, repitiendo la dinámica que ya les permitió condicionar las investiduras autonómicas en 2023.
La maniobra, sin embargo, no está exenta de riesgos. La acusación de «acto de guerra» es una carta de alta intensidad que puede desgastar si la ciudadanía percibe un exceso de retórica. Pero en la sede nacional interpretan que el hartazgo por la gestión migratoria de Sánchez y la falta de contundencia del PP crean una ventana de oportunidad que no están dispuestos a desaprovechar.
