El Gobierno ha activado la negociación de los Presupuestos de 2027 y la vivienda ya marca la distancia entre PSOE y Sumar.
El ministro de Hacienda, Arcadi España, y el portavoz de Sumar y ministro de Cultura, Ernest Urtasun, mantuvieron este miércoles la primera reunión de la negociación presupuestaria. El Ejecutivo prevé llevar las cuentas al Consejo de Ministros en dos o tres semanas, un paso más que en los dos ejercicios anteriores, cuando anunció unas nuevas cuentas que finalmente ni siquiera llegaron a presentarse por falta de apoyos parlamentarios. Ese es el fantasma que sobrevuela la mesa. Dos presupuestos anunciados y nunca aprobados.
Hacienda ha fijado sus prioridades: facilitar el acceso a la vivienda, sobre todo entre los jóvenes, impulsar la transición ecológica y garantizar el poder adquisitivo de los pensionistas. A ello suma el refuerzo de la investigación, el empleo estable y los servicios públicos, con un techo de gasto de 226.032 millones de euros, el más alto de la historia.
Sumar quiere unas cuentas expansivas. Reclama un refuerzo del parque público de alquiler, acelerar la electrificación con fuentes renovables, una prestación universal por crianza, más recursos para los cuidados, la universalización de la educación de cero a tres años, la bonificación del transporte público, y una reforma fiscal que eleve la tributación sobre la riqueza.
Las coincidencias exhibidas no han evitado el ruido. El portavoz de Interior y Justicia de Sumar, Enrique Santiago, ha exigido al Ministerio de Defensa que investigue las denuncias sobre presuntas agresiones a migrantes por parte de militares desplegados en Ceuta, sancione a los responsables y, si procede, traslade los hechos a la Fiscalía. Y Gerardo Pisarello, coportavoz de los Comuns y candidato a la alcaldía de Barcelona, ha cargado contra el decreto de vivienda que el PSOE presentó esta semana por abrir la puerta a «pelotazos urbanísticos» y contra la ley de lobbies por equiparar a los sindicatos de clase con los grupos de presión.
La negociación presupuestaria arranca con dos listas de prioridades que se solapan en el lenguaje y chocan en el dinero.
El por qué interno: la vivienda como moneda de cambio y el ruido de Ceuta
La vivienda no es una prioridad más. Es la moneda de cambio que Sumar ha decidido poner sobre la mesa en cada fase de esta negociación. La formación de Yolanda Díaz llega al debate con una demanda concreta —más parque público de alquiler y precios más bajos— que además le sirve para marcar perfil propio frente a un socio al que acusa de haber girado hacia posiciones «antisociales».
No es un giro retórico. Pisarello lo formuló como advertencia: «no entendemos a qué está jugando», dijo sobre el PSOE. Y Santiago desvinculó las denuncias de Ceuta del conjunto de las Fuerzas Armadas, confiando en que, «conocidos los lugares donde se produjeron los hechos y las patrullas desplegadas», sea posible identificar a los responsables. Son dos frentes distintos —vivienda y seguridad— que apuntan al mismo lugar: la relación entre los socios está atravesada por desencuentros que el presupuesto no va a resolver.

Hay un dato que explica la urgencia. El Gobierno quiere llevar las cuentas al Consejo de Ministros en dos o tres semanas, un calendario más ambicioso que el de los dos últimos años. La diferencia es que entonces el anuncio llegó sin apoyos cerrados. Ahora Hacienda necesita atar a Sumar antes de mover ficha, y Sumar necesita vender ante sus propios confluentes que su apoyo tiene precio. Las cuentas no cuadran solas.
La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar conviven sensibilidades que no miran al PSOE con el mismo grado de paciencia. Los Comuns, con Pisarello a la cabeza y en plena carrera por la alcaldía de Barcelona, tienen incentivos propios para marcar distancia y para subrayar cada guiño socialista a los grupos de presión o al urbanismo más agresivo. Izquierda Unida aporta el perfil más institucional, con Santiago como voz autorizada en Interior y Justicia. Y la dirección de Yolanda Díaz necesita que ninguna de esas piezas se despegue del marco común en el momento de la votación.
Con el PSOE, el pulso es de suma cero en apariencia y de suma variable en la práctica. Hacienda pone el techo de gasto y las líneas rojas del equilibrio fiscal; Sumar pone las condiciones. Vivienda pública, alquileres, prestación por crianza y reforma fiscal son los cuatro puntos donde el acuerdo se firmará o se romperá. El precedente es incómodo: dos ejercicios consecutivos sin presupuestos aprobados. Repetirlo tendría un coste político mayor que el de 2024 y 2025, porque ya no sería una sorpresa, sería una confirmación.
Los próximos movimientos son verificables y medibles. Sumar tiene que fijar su posición formal en el Grupo Parlamentario y los confluentes deberán alinearse con ella antes de que el texto llegue a la Cámara. Hacienda quiere el proyecto en el Consejo de Ministros en dos o tres semanas. A partir de ahí, el calendario parlamentario fijará la primera votación de las enmiendas. Si la negociación llega a esa fase, será la primera vez en tres años que unos Presupuestos superan el primer filtro. Si no, la coalición habrá consumido otro curso político discutiendo cuentas que nunca existieron.
Ficha del Caso
- El caso: Hacienda y Sumar han abierto la negociación de los Presupuestos de 2027 con la vivienda pública y los alquileres como principal punto de fricción entre los socios de la coalición.
- Datos importantes: Techo de gasto propuesto de 226.032 millones de euros, el más alto de la historia. Primera reunión el miércoles 16 de septiembre de 2026 entre Arcadi España y Ernest Urtasun. El Ejecutivo prevé llevar las cuentas al Consejo de Ministros en dos o tres semanas.
- Resumen: Sumar condiciona su apoyo a más parque público de alquiler, una prestación universal por crianza y una reforma fiscal sobre la riqueza. El riesgo es repetir los dos ejercicios anteriores, en los que los presupuestos se anunciaron y nunca se presentaron.
