El Supremo cierra seis causas en cascada
Cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) avaló la Ley de Amnistía hace apenas unos días, el Tribunal Supremo apretó el acelerador de golpe. En la última semana ha resuelto seis asuntos pendientes que estaban congelados desde el pasado otoño. Las catorce personas que se benefician de ellos ya pueden respirar, pero el detalle llamativo es otro: ninguno de esos casos guarda la más mínima relación con la sentencia de Luxemburgo.
El alto tribunal se había autoimpuesto un filtro: revisar solo las causas que tocaran puntos análogos a los que debía dirimir el TJUE. Y lo ha mantenido hasta ahora, pese a que en octubre de 2025 el Tribunal Constitucional dio explícitamente luz verde a aplicar la norma. Durante nueve meses, el Supremo mantuvo la carpeta cerrada.
Por qué ahora y no hace nueve meses
La secuencia temporal tiene trampa. El Constitucional resolvió el pasado 15 de octubre que la ley era plenamente aplicable y desestimó los recursos de varios órganos judiciales. Sin embargo, el Supremo optó entonces por esperar. El argumento oficioso era la prudencia, pero la realidad que se desprende ahora es más prosaica: el tribunal necesitaba un aval europeo antes de mover ficha, aunque este no fuera necesario para los expedientes que tenía sobre la mesa.
Eso ha llevado a que la resolución definitiva de esas seis causas llegue con casi un año de retraso administrativo. La pregunta incómoda para el Supremo es si la espera respondía a criterios técnicos o a una voluntad de mantener viva la tensión judicial sobre el procés mientras el Govern de la Generalitat negociaba con Moncloa otros frentes.
Lectura política: una amnistía con cuentagotas
El desbloqueo no es inocente. Los catorce beneficiados son, en su mayoría, cargos intermedios o colaboradores que quedaron atrapados en la maraña penal del otoño de 2017. No son figuras de primer nivel, pero su situación judicial mantenía abierta una herida que ERC y Junts llevaban meses señalando. Ahora, con la sentencia del TJUE, el Supremo puede empezar a despejar el tablero sin que se le acuse de ceder a presiones políticas: la cobertura europea es impecable.
Eso deja al Govern de Salvador Illa en una posición ambivalente. Por un lado, celebra la aplicación de la amnistía como avance en la normalización. Por otro, sabe que el ritmo lo marca el tribunal, y que cada paso se dosifica con cuentagotas. Fuentes del ejecutivo catalán consultadas por Moncloa.com admiten que «el calendario judicial no es el nuestro, pero cada resolución alivia la presión sobre el diálogo en el Parlament».
Nueve meses de espera para casos que el Constitucional validó. Y de repente, el Supremo apremia.
El Supremo aún tiene sobre la mesa más de una veintena de recursos de amnistía pendientes. La celeridad con que ha resuelto estos seis asuntos contrasta con la parálisis anterior y permite intuir que en las próximas semanas podría haber nuevos movimientos. Pero también evidencia que la armonización entre la justicia española y la europea sigue siendo una partida de ajedrez donde cada ficha se mueve cuando conviene.
