Jordi Aragonès se ha instalado en un piso del Eixample y se reúne con el empresariado barcelonés. El secretario de Estudios y Programas de Aliança Catalana ya se proyecta como candidato a la alcaldía de Barcelona para las municipales de 2027, aunque Sílvia Orriols mantiene la decisión en el aire y baraja otros nombres en su círculo más próximo.
Aragonès formó parte del núcleo fundador de la formación liderada por Orriols y ocupa desde hace meses un rol de interlocutor económico. En sus encuentros con representantes del tejido empresarial —el último fue la semana pasada—, transmite un programa desacomplejadamente liberal que choca de frente con las políticas intervencionistas del actual gobierno municipal de Jaume Collboni. Defiende la supresión de límites a los cruceros y la reversión de la eliminación de licencias de pisos turísticos, dos banderas que la izquierda barcelonesa ha convertido en seña de identidad.
Un programa liberal para seducir al empresariado
Las conversaciones con actores económicos —varias fuentes consultadas por Moncloa.com las describen como “constantes” y “muy fluidas”— no son meros gestos de cortesía. Aragonès da por hecho que será el candidato y lo verbaliza en privado sin tapujos. “Lo ha dado por hecho”, confirman voces conocedoras de las reuniones. Una fuente del entorno comercial barcelonés añade que sería una “sorpresa” para ese sector que la candidatura recayera en otra persona.
Este giro liberal busca desmarcar a Aliança del discurso homogéneo que muchos asocian solo con la inmigración. El partido quiere exhibir músculo en carpetas económicas y presentarse como alternativa para un empresariado descontento con la regulación municipal. No obstante, el reto es mayúsculo: construir un relato liberal en una organización cuyo ADN es el nacional-populismo identitario.
La búsqueda infructuosa de un candidato de consenso
Aliança Catalana lleva meses encadenando negativas. El exconseller Jaume Giró declinó públicamente, y otros nombres como Sandro Rosell o Lluís Carrasco rechazaron las ofertas que llegaron desde la dirección. La propia Orriols reconoció en el Parlament que la persona tanteada para encabezar la lista en Barcelona se había echado atrás, lo que obligó a posponer el anuncio previsto para Sant Jordi.
La demora ha abierto un espacio que Aragonès ha sabido explotar. Se ha mudado a Barcelona, concretamente a un apartamento en el Eixample, para cumplir con el requisito de residencia. Natural de Pineda de Mar, el dirigente residía hasta ahora en el Maresme. El traslado, comunicado a varios interlocutores, es el enésimo gesto de quien ya se comporta como alcaldable.
Aliança se enfrenta al reto de trasladar su discurso nacional-populista a la Barcelona cosmopolita sin perder su identidad más excluyente.
El control de Orriols y el calendario que aprieta
La líder del partido mantiene la última palabra. Fuentes cercanas a la dirección aseguran que Orriols madura otros perfiles, como el de Lluís Areny, para preservar los equilibrios internos y evitar que la candidatura capitalina desestabilice el reparto de poder. La decisión no es menor: Barcelona es la joya electoral y un laboratorio para demostrar que Aliança puede trascender su bastión natural en Ripoll.
El precedente no es alentador. Otros partidos de corte radical en Cataluña —la CUP, o incluso sectores de la antigua Convergència— han fracasado sistemáticamente cuando han intentado seducir a un electorado económico conservador sin renunciar a sus postulados fundacionales. En Europa, formaciones como el Frente Nacional francés coquetearon con un giro liberal antes del liderazgo de Marine Le Pen y acabaron regresando al proteccionismo para no fracturar su base electoral.
El tiempo juega en contra. Aragonès ya está instalado y moviendo hilos, pero mientras Orriols no se pronuncie, cualquier movimiento es frágil. La respuesta definitiva podría llegar antes del verano, aunque en el partido admiten que la decisión “se está demorando más de lo deseado”. El verano de 2026 será, sin duda, el momento en que Aliança Catalana deberá aclarar si apuesta por la carta interna de tintes liberales o mantiene la búsqueda de un perfil independiente que aún no ha aparecido.
