Estados Unidos sumó 7 GW de nueva potencia eólica en 2025, un 36% más que el año anterior, según el informe conjunto de Wood Mackenzie y la American Clean Power Association (ACP). El dato confirma que la energía eólica acelera para cubrir la demanda explosiva de centros de datos, aunque los aranceles y las incertidumbres regulatorias amenazan con frenar el crecimiento a partir de 2028.
El informe ‘U.S. Wind Energy Monitor’ proyecta que se añadirán 46 GW de capacidad eólica en el conjunto de 2025-2029, con años pico en 2026 (10,7 GW) y 2027 (12,7 GW). El repunte coincide con un aumento de la demanda eléctrica que no se veía en una década: tras años de estancamiento, se espera un crecimiento medio del 3% anual hasta 2029, frente al 0,7% de la década pasada. De los 90 GW de nueva demanda punta prevista, casi 59 GW procederán de centros de datos.
El tirón de los centros de datos dispara la necesidad de nueva potencia
El apetito de los grandes operadores digitales ha transformado el panorama eléctrico estadounidense. Las utilities ya han comprometido 160 GW en grandes cargas, lo que abre una oportunidad histórica para la eólica, que ofrece el coste nivelado de energía más competitivo del mercado. Leila Garcia da Fonseca, directora de investigación de Wood Mackenzie, subraya que la eólica se beneficia de unos fundamentos económicos sólidos y de un “caso de negocio convincente”.
La demanda de centros de datos ha crecido exponencialmente, lo que ha llevado a las utilities a a comprometer 160 GW de grandes cargas. Esta presión sobre la red se traduce en pedidos de aerogeneradores que han repuntado con fuerza en el tercer trimestre de 2025, con más de 2 GW de compromisos firmes, un 79% más que en el periodo anterior y la mayor cifra en nueve meses.
El ‘pipeline’ de proyectos hasta 2027 está completamente cubierto: más del 60% de la capacidad prevista para esos tres años ya se encuentra en construcción o encargada. El oeste del país lidera la actividad (Wyoming, Nuevo México y otros estados acumulan el 34% del total), con megaproyectos como el SunZia de Pattern Energy (3,5 GW) en Nuevo México — que convertirá a la desarrolladora en la mayor instaladora de 2026 — y el Towner Energy Center de Invenergy (998 MW) en Colorado, el mayor proyecto único previsto para 2027. Arkansas, por su parte, estrena su primer parque eólico terrestre a escala comercial con el proyecto Crossover Wind de Cordelio.
Aranceles y permisos, la letra pequeña que frena la eólica tras 2028
A pesar del vigor actual, el informe advierte de un frenazo significativo a partir de 2028. Las cancelaciones de proyectos y las designaciones de inactividad para la capacidad prevista a finales de la década se traducen en una caída del ‘pipeline’. La causa principal son los problemas de permisos y el aumento de costes por los aranceles.
Wood Mackenzie calcula que los aranceles elevarán el coste de las turbinas en 2026, aunque se moderarán en años posteriores. En total, el capex de la eólica terrestre estadounidense subirá un 5% hasta 2029. Garcia da Fonseca señala que “los precios de las turbinas en EE.UU. están experimentando una incertidumbre sin precedentes” y que la sobrecapacidad de fabricación doméstica respecto a los volúmenes permitidos, especialmente después de 2028, normalmente presionaría los precios a la baja, pero la exposición a las tarifas sobre materias primas y subcomponentes mantiene la tendencia alcista.
En el mar, la situación es aún más compleja. El ritmo de instalación de eólica marina se ralentiza por las duras condiciones invernales y la disponibilidad limitada de buques de instalación, lo que ha llevado a retrasos y a la terminación de algunos contratos. Vineyard Wind, sin embargo, ha conectado 15 turbinas en el tercer trimestre y ha producido 200 GWh en nueve meses, demostrando que los proyectos que ya están en construcción avanzan, mientras que los posteriores a 2027 se enfrentan a importantes retos financieros y logísticos.
El impulso de la eólica estadounidense es real, pero su continuidad más allá de 2027 pende de un hilo regulatorio que aún no se ha despejado.
Un repunte insuficiente sin estabilidad regulatoria
Los 7 GW de 2025 y la previsión de casi 11 GW en 2026 y 13 GW en 2027 dibujan una senda de crecimiento firme, pero la industria no puede despegar del todo sin una política energética predecible. La Ley de Reducción de la Inflación (IRA) dio un impulso clave, pero las dudas sobre la continuidad de sus incentivos y los vaivenes arancelarios mantienen en vilo a los promotores. Sin visibilidad a largo plazo, los proyectos más allá de 2028 se caen de la cartera.
La eólica terrestre estadounidense es hoy la fuente de generación más barata en buena parte del país, y los centros de datos de las grandes tecnológicas presionan para cerrar contratos de compraventa de energía (PPA) a largo plazo. Sin embargo, la ventana de oportunidad podría cerrarse si no se agilizan los permisos y se estabiliza el marco fiscal. Mientras tanto, Europa y China aceleran sus propias instalaciones de renovables, y la competencia por los componentes se intensifica.
A la luz de estos datos, la pregunta no es si EE.UU. puede instalar gigavatios de eólica — puede —, sino si podrá hacerlo al ritmo necesario para descarbonizar su sector eléctrico en las próximas dos décadas. Por el momento, la respuesta sigue en el aire.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Los 7 GW instalados en 2025 evitan más de 15 millones de toneladas de CO2 al año, el equivalente a retirar de la circulación más de 3 millones de coches.
- Modelo que cambia: La eólica pasa a ser la socia preferente de los centros de datos, sustituyendo a las centrales de gas como respaldo a la digitalización masiva de la economía.
- Para las próximas generaciones: Una red eléctrica alimentada por viento, estable y asequible, es la base para un futuro digital sin dependencia fósil, siempre que los marcos regulatorios aguanten.

