Alberto Núñez Feijóo ha tendido este jueves la mano a Vox, PNV y Junts para que respalden una moción de censura que desaloje a Pedro Sánchez de la Moncloa y convoque elecciones de inmediato. “Desde el PNV a Vox, pasando por Junts y PP, hemos manifestado la necesidad de una convocatoria inmediata de elecciones. Eso suman 184 diputados. Se necesitan 176. Hagámoslo”, ha arengado el líder del PP en una rueda de prensa en Bruselas.
La formación que lidera Santiago Abascal ha sido la primera en reclamar el fin de la legislatura. Desde que arrancó la investidura fallida de Feijóo, Vox mantiene que la única salida democrática a la “deriva autoritaria” del Gobierno de Sánchez es que los españoles puedan votar. El propio GPVOX registró hace apenas dos semanas, junto al PP, una Proposición No de Ley (PNL) que instaba al presidente a disolver las Cortes. La Mesa del Congreso, con mayoría del PSOE y Sumar, vetó la iniciativa.
Ese bloqueo parlamentario, lejos de desalentar a Vox, ha reforzado su discurso. Para la dirección del partido, el veto a su PNL demuestra que Sánchez “tiene miedo a las urnas” y que el PP, si quiere ser alternativa real, debe traducir sus palabras en hechos. Ahora, esa exigencia se convierte en una condición para cualquier apoyo a una moción de censura.
La posición de Vox: elecciones inmediatas, pero con exigencias concretas
Para Vox, respaldar la moción de censura que plantea Feijóo no es un gesto simbólico. Fuentes del partido consultadas por Moncloa.com subrayan que los 33 diputados del grupo parlamentario no se sumarán sin un acuerdo programático previo que blinda las líneas maestras del discurso patriótico. Entre esas condiciones figuran la derogación íntegra de la ley de amnistía, la activación de un plan de choque contra la inmigración ilegal, la defensa explícita de la unidad nacional frente a los pactos con los separatistas y un recorte del gasto público que alivie la presión fiscal sobre las familias.
Una suma imposible sin el PNV o Junts, que ya han cerrado la puerta
La fotografía parlamentaria, sin embargo, hace casi inviable la operación. PP, Vox, UPN y Coalición Canaria suman 172 escaños, cuatro por debajo de la mayoría absoluta. Feijóo necesita el voto del PNV (5 diputados) o de Junts (7). Y ambos partidos, pese a las reiteradas críticas al Ejecutivo, han descartado por ahora tumbar al Gobierno.
El respaldo de Vox no será un cheque en blanco: el partido exige blindar la agenda patriótica si el PP quiere sumar sus 33 diputados.
El PNV ha marcado un calendario alternativo: que Sánchez presente el proyecto de Presupuestos de 2027 y, solo si no logra apoyos, entonces convoque elecciones. Una fórmula que alarga la legislatura varios meses.
Por su parte, Junts, pese a haber secundado al PP y a Vox en la presentación de la PNL por las elecciones, ha dejado claro que cualquier respaldo a Feijóo pasa por una reunión previa de este con el expresidente catalán Carles Puigdemont en Waterloo, donde permanece huido de la justicia desde 2017. Una condición que el líder del PP ha eludido hasta ahora.
El pulso de Feijóo sirve a Vox para marcar su perfil y presionar al PP
Lejos de incomodar a Vox, el movimiento de Feijóo permite a la formación verde reforzar su papel de bisagra imprescindible y, al mismo tiempo, poner a prueba la voluntad real del PP de abrazar un programa de ruptura con las políticas del sanchismo. La dirección nacional de Vox interpreta la arenga de Feijóo como un reconocimiento implícito de que sin los 33 diputados de Abascal no hay mayoría alternativa posible. Y esa certeza, según fuentes internas, se traduce en un mayor poder de negociación de cara a futuras investiduras o pactos autonómicos.
Además, el episodio permite a Vox subrayar una diferencia fundamental con el resto de la oposición: mientras el PP oscila entre la presión al PNV y los guiños a Junts, Vox mantiene una línea coherente de exigencia de elecciones inmediatas y de defensa de un Gobierno que no dependa de los partidos que quieren “liquidar la nación”. Una posición que conecta con su electorado y que, en clave interna, despeja cualquier tentación de que el partido se diluya en la estrategia del PP.
La moción de censura, por tanto, difícilmente prosperará a corto plazo. Pero para Vox la partida ya ha empezado a jugarse. La formación de Santiago Abascal ha fijado sus condiciones, ha evidenciado la parálisis del Gobierno y ha puesto al PP ante el espejo de sus propias contradicciones. El próximo Pleno del Congreso, en el que el GPVOX podría llevar una nueva iniciativa electoral, será el siguiente escenario donde medir la firmeza de todos los actores.
