Ucrania lanza ataque masivo con drones sobre Moscú y alcanza refinería Kapotnya

El Ministerio de Defensa ruso asegura haber derribado 555 drones, 180 de ellos sobre la capital. Zelenski confirma el ataque a la refinería de Kapotnya y lo vincula a los bombardeos rusos contra infraestructura civil.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Ucrania lanzó ayer un ataque masivo con drones sobre Moscú que alcanzó la refinería de Kapotnya por segunda vez en una semana. El bombardeo dejó al menos 16 heridos, dañó edificios residenciales y provocó el cierre de todos los aeropuertos de la capital.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas Armadas ucranianas, con el respaldo directo del presidente Volodímir Zelenski, quien calificó la ofensiva como ‘respuesta totalmente justa’ a los ataques rusos contra infraestructura civil.
  • ¿Qué impacto tiene? La refinería ya había paralizado operaciones el martes por otro ataque con drones. Rusia, tercer productor mundial de petróleo, se ve forzada a importar combustible por mar para paliar la escasez de gasolina. Moscú respondió lanzando misiles balísticos contra Kiev por segunda vez en la semana.

Ucrania lanzó ayer un ataque masivo con drones sobre Moscú que alcanzó la refinería de Kapotnya, según confirmó el presidente Volodímir Zelenski. La ofensiva, una de las más grandes del año contra la capital rusa, ocurre en un contexto de recíproca escalada de ataques sobre infraestructuras críticas: el Kremlin respondió disparando misiles balísticos contra Kiev, también por segunda vez en la semana.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado 555 drones en todo el país, de los cuales 180 fueron abatidos sobre la región de Moscú. Estas cifras, proporcionadas a través de la agencia estatal TASS, no han sido verificadas de forma independiente. Testigos presenciales y la agencia Reuters informaron de columnas de humo y llamas sobre el distrito de Kapotnya, zona densamente poblada al sureste de la capital.

El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, detalló que varios drones consiguieron impactar en la refinería y que un centro comercial sufrió daños menores. Las autoridades regionales reportaron 16 heridos y daños en un edificio residencial, una instalación industrial y varias viviendas particulares. Todos los aeropuertos de la capital suspendieron los vuelos y se cortó el tráfico en la autopista de circunvalación cerca de la planta.

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Una refinería en llamas por segunda vez en una semana

El ataque del jueves se produjo apenas 48 horas después de que un bombardeo similar con drones forzara la paralización total de la refinería de Kapotnya. Fuentes del sector, citadas por Reuters, indican que la planta ya estaba fuera de servicio desde el martes y que Rusia se prepara para importar gasolina por vía marítima este mismo mes, algo inédito para el tercer mayor productor de crudo del mundo.

Zelenski confirmó la autoría ucraniana del ataque en un mensaje de voz enviado a periodistas. ‘No queremos esta guerra, nunca la quisimos, y todos lo saben, también nuestros socios’, afirmó, antes de añadir: ‘Pero si Ucrania arde, vuestro Moscú arderá’. El mensaje se difundió horas después de que un bombardeo ruso dañara el monasterio de las Cuevas de Kiev, un enclave de casi mil años de antigüedad que la comunidad internacional ha condenado. El Kremlin negó haberlo alcanzado deliberadamente.

Rusia, tercera potencia petrolera mundial, se ve obligada a importar combustible tras los sucesivos ataques ucranianos a sus refinerías.

Las Fuerzas Armadas ucranianas confirmaron también que el mismo jueves alcanzaron un depósito de combustible en la región rusa de Rostov y dos puentes más, en el marco de una campaña sistemática para degradar la logística militar rusa. ‘Cada refinería que arde retrasa un convoy, cada depósito destruido acorta el suministro enemigo’, resumió una fuente militar ucraniana a la agencia Ukrinform.

Kremlin: 555 drones derribados y la paz se aleja

refinería Kapotnya

Moscú reaccionó con una combinación de desmentidos y advertencias. El asesor del Kremlin Yuri Ushakov declaró a la agencia Interfax que los ataques ucranianos ‘alejan cualquier posibilidad de contactos directos entre el presidente Putin y Zelenski’. La declaración contradice la ofensiva diplomática lanzada por Kiev en las últimas semanas para forzar a Moscú a negociar bajo presión militar y económica.

Mientras los drones sobrevolaban la capital, las sirenas antiaéreas volvían a sonar en Kiev. Las autoridades locales informaron de que Rusia atacaba con misiles balísticos, sin que trascendieran de inmediato datos sobre daños o víctimas. En la ciudad de Dnipró, un bombardeo ruso dejó un muerto y 11 heridos, según el gobernador regional. En Sumy, un dron mató a una persona durante la noche.

La ofensiva aérea mutua confirma un patrón que se ha intensificado en 2026: ataques ucranianos de largo alcance sobre infraestructura energética rusa y represalias rusas con misiles de precisión contra ciudades ucranianas. El objetivo ucraniano es doble: erosionar la capacidad de Moscú para financiar y sostener la guerra, y generar un coste interno que fuerce a la población rusa a cuestionar la invasión.

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Equilibrio de Poder

El ataque a Kapotnya no es un mero episodio táctico. Representa un salto cualitativo en la capacidad de Ucrania para golpear el corazón energético de Rusia con frecuencia y precisión. Kiev ha pasado de los ataques esporádicos de 2024 a campañas coordinadas que ya obligan a Moscú a importar combustible, un escenario impensable cuando comenzó la invasión. La vulnerabilidad del sector del refino ruso, unido a la doctrina ucraniana de negación de profundidad, altera el equilibrio de poder en el frente y en la mesa de negociación.

Para Estados Unidos, la administración Trump observa con cautela: un debilitamiento de la maquinaria bélica rusa es favorable, pero una escalada que desestabilice más los mercados energéticos globales no encaja en su agenda electoral. Bruselas, mientras tanto, mantiene el respaldo a Kiev pero debe gestionar la incertidumbre que provocan los vaivenes en el suministro energético. España, como importador neto de crudo, cualquier interrupción en el mercado internacional se traduce en presión sobre los precios de los carburantes y en la factura de los hogares.

En el plano diplomático, el Kremlin utiliza el ataque como argumento para alejar cualquier horizonte de paz, mientras que Ucrania lo presenta como la única vía para forzar una negociación en condiciones. La paradoja es que ambos bandos se arman con la misma lógica: el dolor interno acelerará la solución. La historia reciente de conflictos asimétricos sugiere que las campañas de desgaste contra infraestructuras críticas rara vez precipitan el fin de la guerra, pero sí modifican profundamente el tablero de posguerra.

La próxima cumbre de la OTAN, prevista para julio en La Haya, abordará previsiblemente la necesidad de reforzar la protección de las infraestructuras energéticas aliadas. España, que acoge en Rota el mayor despliegue antimisiles estadounidense en Europa, podría ver incrementada su relevancia estratégica si la doctrina de defensa aliada pivota hacia la protección de nodos críticos. De momento, lo que se observa es una guerra de drones que borra la línea entre el frente y la retaguardia, y que sitúa a Moscú por primera vez bajo un fuego que viene del cielo.