División en la cumbre de la UE: Macron y Merz atacan a Costa por abrir canal con Rusia

La fractura tras la cumbre del Consejo Europeo desvela la lucha entre el eje franco-alemán y la institución que preside António Costa. Mientras Estonia tilda el canal con Rusia de 'equivocado', la mayoría de los Estados miembros defiende que la UE debe tener su propia voz ante Pu

La cumbre del Consejo Europeo que finalizó la pasada madrugada en Bruselas ha puesto al descubierto una brecha que trasciende el choque de personalidades políticas. La decisión del presidente de la institución, António Costa, de abrir un canal diplomático con Rusia sin consultar a todos los gobiernos ha provocado un enfrentamiento directo con los líderes de Francia y Alemania, Emmanuel Macron y Friedrich Merz. La fractura entre el eje franco-alemán y una mayoría de Estados miembros que defiende mantener viva la vía diplomática amenaza con bloquear la respuesta europea a la guerra de Ucrania en un momento en que la Casa Blanca, bajo la presidencia de Donald Trump, acelera sus propias negociaciones.

Según la información a la que ha tenido acceso POLITICO Europe —corroborada por cinco diplomáticos y altos funcionarios comunitarios—, el jefe de gabinete de Costa, Pedro Lourtie, mantuvo dos contactos telefónicos con responsables del Kremlin en las últimas semanas. El equipo del presidente del Consejo Europeo asegura que las conversaciones fueron meramente exploratorias, ‘breves y sin contenido sustantivo’, con el único fin de ‘establecer un canal de comunicación para cuando llegue el momento de defender los intereses de la UE. Sin embargo, el hecho de que solo Francia, Alemania, el Reino Unido y la Comisión Europea fueran informados previamente —y de manera fragmentaria— desató la indignación entre los jefes de Estado y de Gobierno. ‘Nos enteramos por la prensa’, se quejaron diplomáticos de varias delegaciones en la reunión del Comité de Representantes Permanentes del pasado miércoles.

El origen del choque: las llamadas de Lourtie a Moscú

La iniciativa de Costa, que su equipo justifica por una petición directa del presidente ucraniano Volodímir Zelenski para que Europa participe en las negociaciones de paz, fue el detonante de una discusión de más de dos horas en el hemiciclo del Consejo. Allí, sin asesores ni teléfonos, los líderes de la UE expresaron su malestar. El presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, coincidieron en que el momento no es el adecuado para hablar con Vladímir Putin y, cuando llegue, debe ser el denominado E3 —Francia, Alemania y Reino Unido— quien tome la iniciativa.

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La primera ministra de Estonia, Kristen Michal, fue contundente: ‘La Unión Europea no puede asumir el papel de mediadora en estas negociaciones. Las sugerencias de que se necesitan canales alternativos o vías diplomáticas traseras son equivocadas… La historia ofrece una advertencia clara sobre los intentos de establecer marcos de negociación alternativos con dictadores’. Dinamarca, Países Bajos y algunos de los países más firmes del este mostraron una furia inédita con Costa, según tres de las fuentes consultadas.

El debate se recrudeció por la falta de transparencia. Los embajadores ante la UE supieron de las llamadas el miércoles, cuando la noticia saltó a los medios. Lourtie, en su comparecencia ante los representantes de los Veintisiete, se quejó de las filtraciones, pero admitió que los contactos no habían sido comunicados a todas las capitales. Para varios diplomáticos alemanes, Berlín no fue advertido en absoluto, lo que añadió leña al fuego.

Dos bloques enfrentados: ¿negociar o aislar?

La cumbre reveló dos bandos: el que encabezan Macron y Merz, partidario de mantener el aislamiento total al Kremlin y de que las conversaciones las piloten las grandes potencias europeas, y el que respalda a Costa, convencido de que la UE debe tener su propio canal. ‘Nadie más que Costa puede representar a la Unión Europea si Putin muestra voluntad de negociar’, declaró el primer ministro belga, Bart De Wever, a la salida de las conversaciones. El respaldo mayoritario a Costa sorprendió incluso a su propio equipo, según uno de los funcionarios presentes.

Italia y Polonia, que junto al E3 forman un incipiente E5, expresaron también su frustración por haber sido excluidos de las conversaciones previas que Francia, Alemania y Reino Unido mantuvieron con Zelenski. Además, en el debate afloró otra incógnita: ¿por qué debe ser el Consejo Europeo y no la Comisión Europea o el Servicio Europeo de Acción Exterior quien maneje este tipo de contactos?

El pulso no es sobre la conveniencia de hablar con Putin, sino sobre quién sienta a la mesa y con qué legitimidad: la del Consejo Europeo o la del eje Berlín-París-Londres.

A puerta cerrada, Merz trasladó que Costa, aunque representa a la UE, no debe actuar como mediador. Según un diplomático de un gran país comunitario, el canciller germano evitó un conflicto abierto en la sala, pero le dejó claro su descontento ‘de otras maneras’. La actuación del presidente del Consejo Europeo fue calificada de ‘muy poco profesional’ porque ocultó el alcance de los contactos hasta que las informaciones periodísticas los sacaron a la luz.

Lourtie, por su parte, se escudó en que las llamadas se produjeron a petición de Zelenski y que eran necesarias para ‘tener un canal preparado cuando llegue el momento’. El veterano diplomático portugués, conocido en Bruselas por su habilidad negociadora, intentó calmar los ánimos subrayando que se trató de contactos breves y sin contenido. Pero el daño a la confianza estaba hecho.

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António Costa

El Eje del Poder Europeo

La dureza del choque entre Costa y el eje franco-alemán desvela una lucha más profunda por el poder en la política exterior de la UE. Desde la salida del húngaro Viktor Orbán, que durante años ejerció de adversario sistemático, Bruselas parecía haber ganado cohesión. Sin embargo, la fractura que se ha abierto ahora no es menor: enfrenta a la institución encargada de fijar las orientaciones estratégicas con los dos Estados miembros que históricamente han marcado el paso de Europa. El precedente más cercano es la división de 2003 por la invasión de Irak, aunque entonces la brecha se produjo dentro del bloque occidental, no entre el Consejo Europeo y sus pesos pesados.

Macron y Merz no quieren que la UE negocie en paralelo a las conversaciones promovidas por la Casa Blanca. Temen que un canal europeo debilite la posición occidental y que Costa, un líder con menos peso internacional, se convierta en un interlocutor incómodo cuando llegue el momento de las conversaciones de verdad. Alemania y Francia quieren conservar el control y para ello han creado el trío con Londres —el E3—, al que luego han invitado a Italia y Polonia a regañadientes. La reunión del miércoles en Berlín, con Macron, el primer ministro británico, la italiana Giorgia Meloni y el polaco, previsiblemente ratificará este marco, dejando en evidencia al Consejo Europeo.

La jugada de Costa, en cambio, se apoya en una mayoría de Estados que desconfían de los grandes directorios y reclaman una voz propia. El primer ministro belga resumió bien ese sentir: ‘Si Putin demuestra voluntad de negociar, tendremos que decidir cómo proceder, pero, hasta entonces, nadie más que Costa puede representar a la UE’. La unanimidad que exige la política exterior, tal y como recoge el artículo 31 del Tratado de la Unión Europea, convierte cada paso en falso en un bloqueo potencial.

El riesgo es que la división haga volar por los aires cualquier intento de diplomacia. Si Moscú sabe que Europa habla con voces distintas, es poco probable que tome en serio ninguna de ellas. Por eso, la próxima cita del Consejo de Asuntos Exteriores y la reunión de Berlín servirán de prueba: o la UE reconstruye un mecanismo de mandato y control, con Costa como interlocutor designado pero bajo instrucciones claras, o la política europea hacia Rusia quedará partida en dos, justo cuando Trump aprieta el acelerador para cerrar un acuerdo.