Tulsi Gabbard, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, ha hecho público este jueves un archivo que acusa al doctor Anthony Fauci de manipular a las agencias de espionaje para descartar la teoría del laboratorio sobre el origen del COVID-19. La publicación, realizada en el último día de Gabbard al frente de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI), contiene cientos de páginas de comunicaciones internas que, según la alta funcionaria, demuestran que Fauci usó su influencia para desviar a la comunidad de inteligencia de la hipótesis de la fuga de un laboratorio de Wuhan.
En un vídeo difundido junto con los documentos, Gabbard acusó al que fuera director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de aprovechar sus relaciones con agencias como la CIA para blindarse del escrutinio y orientar las conclusiones hacia un origen natural del virus. “Después de años de mentiras, censura y encubrimientos, el pueblo estadounidense merece transparencia, verdad y rendición de cuentas”, afirmó.
Los documentos y las acusaciones de Gabbard
El material liberado incluye correos electrónicos que mostrarían cómo los analistas de inteligencia incorporaban sistemáticamente las recomendaciones de Fauci y se apoyaban en los expertos que él avalaba, mientras ignoraban las voces disidentes que apuntaban a la teoría del laboratorio. Según la directora de Inteligencia Nacional, los correos revelan que altos cargos elogiaban a Fauci como “una guía imparcial hacia los verdaderos expertos en coronavirus”, descartando deliberadamente a quienes pudieran disentir de su narrativa.
Gabbard también señaló que Fauci mintió bajo juramento en su comparecencia de 2024 ante el Congreso, cuando negó repetidamente haberse comunicado con agencias de inteligencia sobre el COVID-19. “Los documentos recién publicados contradicen directamente su testimonio”, dijo. Además, denunció que informantes de su oficina le relataron represalias y obstáculos profesionales contra aquellos analistas que defendían la hipótesis de la fuga del laboratorio. “El mensaje estaba claro: o te alineabas o eras castigado”, subrayó.
La difusión de estos archivos se suma a la evidencia presentada el 11 de junio por el senador republicano Rand Paul, quien ya había acusado a Fauci de seleccionar a los expertos que asesoraban a la comunidad de inteligencia para favorecer la teoría del origen natural. La coincidencia temporal y el respaldo documental multiplican la presión sobre el antiguo asesor sanitario del Gobierno federal.
La ofensiva de Trump contra el ‘Estado profundo’ sanitario
La directora de Inteligencia Nacional acusa a Fauci de mentir bajo juramento y de orquestar un encubrimiento desde dentro del gobierno.
La maniobra de Gabbard encaja en un patrón que Donald Trump ha cultivado desde su primer mandato: el combate contra lo que denomina el “Estado profundo” (deep state). Para el presidente y su equipo, la gestión de la pandemia por parte de funcionarios como Fauci no fue un error científico sino una operación deliberada para proteger intereses burocráticos y evitar que saliera a la luz la financiación estadounidense de investigaciones de ganancia de función en China. El argumento, repetido sin matices por la base republicana, otorga legitimidad política a una purga que ahora se acelera en la recta final del mandato.
No es casualidad que la publicación se produzca en el último día de Gabbard al frente de la ODNI y que su sustituto interino, Bill Pulte, aterrizara el jueves en la sede del organismo con una misión explícita: revisar la plantilla y sopesar recortes que podrían afectar a cientos de empleados. La elección de Pulte, un estrecho aliado de Trump sin experiencia previa en inteligencia confirmada, refuerza la percepción de que la Casa Blanca quiere colocar al frente de los servicios de espionaje a figuras leales, dispuestas a investigar a los adversarios políticos del presidente.

La Lógica de Washington
Desde Washington, la liberación de estos documentos no se lee como un simple acto de transparencia. Responde a una lógica de poder que hunde sus raíces en la tradición presidencial de usar la inteligencia como herramienta de control sobre el propio aparato federal. Richard Nixon lo intentó con el Plumbers Unit; Ronald Reagan reestructuró la comunidad de inteligencia tras el escándalo Irán-Contra; y ahora Trump, consciente de que el tiempo se agota, acelera la demolición de lo que considera un entramado que operó contra él desde el Russiagate.
Para el trumpismo, las acusaciones contra Fauci son la confirmación de que la verdad sobre el COVID-19 les fue ocultada por una élite sanitaria y burocrática empeñada en proteger sus propios privilegios. Esa narrativa moviliza a un electorado que ya no confía en las instituciones y ve en cada revelación una victoria contra el sistema. Que la publicación se haga ahora, justo cuando Pulte toma el relevo y la administración evalúa despidos masivos, sugiere que no solo se busca desacreditar a Fauci sino también consolidar el control político sobre la inteligencia.
Para España, donde la pandemia dejó más de 120.000 muertos, la posibilidad de que el virus tuviera un origen artificial alimenta el debate sobre responsabilidades internacionales y la transparencia de las instituciones globales de salud, muchas de ellas financiadas por Washington. Empresas españolas con intereses en biotecnología o colaboraciones científicas con laboratorios estadounidenses observan con preocupación un entorno en el que la politización de la ciencia puede enturbiar futuras inversiones. Aunque La Moncloa no se ha pronunciado, el asunto añade un nuevo foco de fricción transatlántica en un momento en que la relación ya está tensionada por los aranceles y la guerra de Ucrania.
De fondo, la dimensión más inquietante para los socios europeos es que la inteligencia estadounidense, un pilar de la seguridad compartida desde 1947, se convierta en un campo de batalla político al servicio de la agenda doméstica de un presidente que no terminará su mandato hasta enero de 2029. Si la ofensiva contra Fauci allana el camino para reescribir la historia del origen del virus, también podría erosionar la credibilidad de las alertas y análisis que la OTAN y la UE reciben a diario de sus homólogos americanos.
Ficha del Caso
- El caso: La directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard publica documentos que acusan a Anthony Fauci de desviar a las agencias de espionaje de la teoría del laboratorio de Wuhan, en su último día al frente del cargo. La acción se enmarca en la guerra abierta de Trump contra el ‘Estado profundo’.
- Datos clave: Cientos de páginas de correos y análisis internos; testimonios de informantes sobre represalias; posible purga de la ODNI con el nuevo director interino Bill Pulte recortando plantilla.
- Para España: La controversia sobre el origen artificial del virus reabre heridas políticas y podría afectar a la cooperación científica y de seguridad transatlántica. Empresas españolas con vínculos en biotecnología siguen con inquietud la politización del debate.
