Aliança Catalana ha designado este viernes a Jordi Aragonès, primo del expresidente de la Generalitat Pere Aragonès y actual número dos del partido, como cabeza de lista a la alcaldía de Barcelona para las elecciones municipales de 2027. La elección, anunciada por la propia formación independentista de extrema derecha, llega tras varios rechazos de figuras públicas como el exfutbolista Sandro Rosell o el exconseller Jaume Giró, y coloca en primera línea al ideólogo del partido, conocido por su defensa de deportaciones masivas de inmigrantes.
Un perfil de extrema derecha separatista forjado en las juventudes de Unió
Jordi Aragonès, de 33 años y licenciado en Historia, se ha convertido en el arquitecto del crecimiento electoral de Aliança Catalana en las últimas encuestas, donde la formación llegó al cuarto puesto en el último barómetro municipal de Barcelona y logró dos escaños en el Parlament en 2024. Su trayectoria política arranca como militante de las juventudes de Unió Democràtica de Catalunya, cantera de donde han salido otros líderes ultras nacionalistas.
Frente a la falta de rostros conocidos dispuestos a defender las siglas en la capital catalana, la dirección ha optado por lanzar a su hombre fuerte entre bambalinas. Pese a residir desde su nacimiento en Pineda de Mar —municipio del que también procede su primo, el exlíder de ERC—, a quien apenas tiene trato familiar, Aragonès se ha trasladado a Barcelona para intentar conectar con los círculos económicos que el partido aspira a atraer.
Deportaciones masivas y «remigración»: una propuesta que tensa la competencia con Vox
El texto programático de Aliança Catalana y las declaraciones del propio Aragonès no dejan lugar a dudas: aboga por la deportación de todos los inmigrantes sin permiso de residencia y de aquellos con antecedentes penales, un concepto que enmarcan bajo el eufemismo de “remigración”. En una polémica con otros independentistas, el candidato admitió sin reparos que sus propuestas conllevarían deportar a dos millones de personas —el 25% de la población catalana—, calificando esas cifras de “conservadoras”.
Este discurso extremo coloca a Aliança Catalana en competencia directa con Vox por un mismo caladero de votantes preocupados por la inmigración ilegal. No obstante, la diferencia fundamental radica en el proyecto de país: mientras el partido ultra catalán defiende la secesión, Vox mantiene una apuesta inequívoca por la unidad de España y una política migratoria que, siendo restrictiva, se ajusta a los marcos constitucionales y europeos. La dirección nacional de Vox ya ha advertido en varias ocasiones que la deriva separatista de la extrema derecha catalana debilita la capacidad de ofrecer una alternativa sólida a los ciudadanos de Cataluña.
El fichaje de Aragonès para Barcelona evidencia la dificultad de Aliança Catalana para romper el techo de la marginalidad política, algo que Vox sí ha logrado con 33 diputados en el Congreso.
Vox, la baza patriótica frente al enredo separatista
Desde la sede nacional de Vox en Bambú se observa el movimiento de Aliança Catalana con atención pero sin alarma. La formación que preside Santiago Abascal considera que el independentismo radical, por más que se adorne con discursos antiinmigración, es incompatible con la defensa de la soberanía nacional que vertebra su propio proyecto. En los municipios catalanes, Vox ya ha demostrado que su presencia importa: cuenta con concejalías en ciudades como Barcelona, L’Hospitalet o Santa Coloma, y aspira a incrementar su representación en las elecciones de 2027.
La designación de un candidato que procede de una familia con pasado franquista (su abuelo fue alcalde franquista y fundador de una formación que acabaría integrada en Alianza Popular) añade una capa de contradicciones a un partido que intenta presentarse como la vanguardia del nacionalismo étnico catalán. Vox, en cambio, ofrece un mensaje claro y sin dobleces: freno a la inmigración ilegal, defensa de las fronteras y rechazo frontal al separatismo.
A un año de las municipales, el terreno de juego en Cataluña se calienta. Mientras el Partido Popular sigue sin definir una estrategia nítida, Vox ultima su maquinaria para disputar cada ayuntamiento sin renunciar a sus principios. La incógnita es si la radicalización de la oferta independentista movilizará al electorado que busca un cambio real o, por el contrario, reforzará la posición de aquellos que, como Vox, representan la alternativa patriota sin ataduras a proyectos de ruptura territorial.
