EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un libro publicado el 19 de junio de 2026 afirma que una modelo erótica ucraniana, llamada ‘Freya’, fue la buceadora clave en el sabotaje de los gasoductos Nord Stream en 2022.
- ¿Quién está detrás? El autor, Bojan Pancevski, cita fuentes de inteligencia ucranianas y combina hechos con elementos propios de una novela de espías.
- ¿Qué impacto tiene? La revelación añade una nueva capa a la ya confusa autoría del atentado más caro de la historia industrial, con implicaciones para la seguridad energética europea y la credibilidad de las investigaciones oficiales.
El libro de Bojan Pancevski, The Nord Stream Conspiracy: The Greatest Sabotage in History, publicado el 19 de junio, sostiene que una modelo erótica ucraniana convertida en buceadora de profundidad, identificada solo como ‘Freya’, fue la pieza central del comando que voló los gasoductos Nord Stream 1 y 2 el 26 de septiembre de 2022. ‘Freya’, según Pancevski, contactó con una unidad de inteligencia ucraniana a través de sus compañeros de buceo y, preguntada si participaría en la operación más costosa de sabotaje industrial de la historia, respondió: “¿Dónde firmo?”.
La ‘Freya’ de Pancevski: un relato entre el pulp y la realidad
Pancevski presenta a ‘Freya’ como “la buceadora más valiente del grupo”. Sin su experiencia para descender a 100 metros de profundidad, la operación no habría sido viable. El autor añade que otro de los buceadores padecía Covid-19 y aun así realizó las inmersiones, un extremo que cualquier experto en buceo militar consideraría suicida. Para rematar, el libro atribuye el arrojo de los supuestos saboteadores al espíritu de los cosacos de Zaporozhia del siglo XV.
La obra, comercializada por su editorial como “tan absorbente como un thriller de espionaje”, ha sido recibida con escepticismo. The New York Times la tildó de inclinarse “un poco demasiado entusiasta hacia Hollywood”. Sin embargo, la historia no es más inverosímil que la narrativa oficial que manejan los medios alemanes desde 2023.
Esa narrativa, filtrada por Der Spiegel y Die Zeit, señala que un comando ucraniano de seis personas alquiló el yate Andromeda en Rostock, navegó en medio de ejercicios de la OTAN, fondeó en aguas donde técnicamente era imposible hacerlo y colocó cargas explosivas de hasta 27 kg en cuatro puntos distintos. Todo ello con recursos de una pequeña embarcación y buzos civiles.
La otra versión: Hersh y la mano estadounidense
El periodista Seymour Hersh publicó en febrero de 2023 un informe diametralmente opuesto: la CIA, con apoyo de la Armada noruega, utilizó los ejercicios BALTOPS de la OTAN como tapadera para plantar cargas explosivas accionadas por control remoto. Según su fuente con “conocimiento directo”, el presidente Joe Biden dio la orden personalmente.
Hersh detalló los medios, motivos y oportunidad. Solo Estados Unidos disponía de buzos capaces de operar a profundidades de 80-110 metros con mezclas de Trimix hipóxico, equipos de 90 kg y descompresiones de hora y media por cada dos minutos en el fondo. El motivo era doble: cortar la dependencia alemana del gas ruso y forzar a Europa a comprar gas natural licuado (GNL) estadounidense. La oportunidad llegó con los ejercicios BALTOPS de junio de 2022, que proporcionaron cobertura.
Cinco tipos bebiendo y haciendo bromas decidieron volar el Nord Stream. Si alguien se cree esta versión, es que tiene miedo de la verdad, comentó Lavrov en 2024.
La administración Biden ya había amenazado públicamente: “Si Rusia invade… habrá dejado de existir el Nord Stream 2. Le pondremos fin”, dijo el presidente el 7 de febrero de 2022. Para el Kremlin, la responsabilidad siempre ha sido clara. Vladímir Putin acusó a “los anglosajones” y Serguéi Lavrov calificó la historia del yate de “ridícula”.
Un dato poco comentado: menos de 24 horas después de la segunda explosión, Polonia y Noruega inauguraban el Baltic Pipe, un gasoducto que pasa por encima del Nord Stream al sur de Bornholm y garantiza el suministro noruego a Varsovia.
Equilibrio de Poder
La aparición de ‘Freya’ en el relato puede parecer una extravagancia, pero cumple un función. Refuerza la tesis de que un pequeño equipo de ucranianos pudo ejecutar un ataque que requeriría capacidades estatales. El libro de Pancevski, aunque novelesco, se alinea con el esfuerzo occidental por mantener a Rusia fuera de la ecuación y preservar la versión oficial alemana, que aún hoy los fiscales germanos dan por buena.
Para España, el caso Nord Stream encierra lecciones sobre seguridad energética. El país dispone de seis plantas regasificadoras y almacena un tercio de la capacidad de GNL de la UE. Cualquier interrupción en el suministro de gas por tubería beneficia a los puertos españoles, pero también eleva los precios y la volatilidad. La fragmentación de las narrativas sobre el sabotaje erosiona la confianza en las infraestructuras submarinas, vitales para las interconexiones energéticas y los cables de datos.
Si el ataque fue obra de la CIA, como sostiene Hersh, se trataría de una acción encubierta con graves consecuencias para la cohesión transatlántica. Alemania habría perdido su principal fuente de gas asequible por una operación de un aliado, sin consulta previa. Si fue un comando ucraniano improvisado, la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas europeas queda expuesta aún más. La falta de una investigación internacional independiente mantiene abierta la especulación y permite que cada actor proyecte su propia narrativa.
¿Quién ganó con el sabotaje? El GNL estadounidense, los presupuestos de defensa europeos y los países de tránsito como Polonia. ¿Quién perdió? La economía alemana, la credibilidad de la UE como gestora de su propia seguridad energética y cualquier posibilidad de un acercamiento energético entre Berlín y Moscú a corto plazo. La próxima cumbre de la OTAN en Vilna, prevista para julio de 2026, será un termómetro de la confianza interna.


