S&P Global cifra en 170 GW el potencial de almacenamiento en baterías para centros de datos impulsados por IA

La consultora identifica en el almacenamiento con baterías la herramienta clave para gestionar los picos de demanda de la IA y estabilizar la red. La cifra refleja el potencial de esta tecnología como complemento, no como sustituto, de la generación convencional.

S&P Global cifra en 170 GW el potencial de almacenamiento en baterías que necesitarán los centros de datos para absorber la vorágine de la inteligencia artificial. La cifra, revelada por el analista principal de la consultora, Henrique Ribeiro, muestra cómo los picos de demanda de los nuevos workloads están forzando a los operadores a repensar la arquitectura energética de sus instalaciones.

La IA ha convertido la carga de los centros de datos en un terremoto constante. Antes, los consumos eran estables y predecibles. Ahora, los entrenamientos y la inferencia generan fluctuaciones de varios megavatios en cuestión de segundos, y eso pone en jaque a las infraestructuras eléctricas tradicionales. Las inestabilidades de tensión y frecuencia pueden dañar equipos sensibles y causar pérdidas millonarias en instalaciones con alta densidad de GPU.

El apetito insaciable de los centros de datos de IA

El crecimiento exponencial de la IA está chocando con una red eléctrica que en muchas regiones ya no da más de sí. Las nuevas plantas requieren cientos de megavatios de capacidad, y los plazos de conexión se alargan mientras los costes de interconexión se disparan. Los 170 GW de almacenamiento estimados por S&P Global representan la respuesta flexible que el sistema necesita para no colapsar.

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Ese potencial no es una cifra al azar: surge de sumar los proyectos que ya están en estudio y los que vendrán en mercados donde la capacidad de red es hoy el principal cuello de botella. La consultora advierte que el almacenamiento no será una solución aislada, sino un complemento indispensable para que la generación —renovable o convencional— pueda gestionar la volatilidad de la demanda.

Para entenderlo, basta con ver la lista de usos que el propio Ribeiro desgrana. Las baterías van mucho más allá del respaldo: mejoran la utilidad de los contratos PPA renovables, reducen la exposición a precios mayoristas bajos, permiten recortar los picos de consumo detrás del contador y hasta posibilitan conexiones flexibles donde la red obliga a ajustar la carga en tiempo real. Un auténtico ‘navaja suiza’, como la define el analista.

El almacenamiento no sustituye a los generadores diésel ni a las conexiones a red, pero sí cambia por completo la forma en que se despliegan.

En el ámbito del backup, las baterías ya están relevando a los generadores en interrupciones cortas, reduciendo consumo de combustible y emisiones locales. En instalaciones con generación de gas in situ, el almacenamiento permite dimensionar los activos a la carga media en vez de al pico máximo, lo que rebaja el CAPEX y mejora la eficiencia operativa. Todo ello, sin perder de vista que la clave está en la combinación de tecnologías.

La ‘navaja suiza’ BESS: múltiples funciones en un solo sistema

El informe de S&P Global detalla al menos cinco aplicaciones inmediatas para los sistemas de almacenamiento en baterías (BESS):

  • Integración de renovables: los PPA de solar y eólica se vuelven más rentables cuando el BESS desplaza la energía a las horas de mayor demanda.
  • Gestión de restricciones de red: las baterías detrás del contador suavizan el perfil de carga y evitan costosas ampliaciones de la infraestructura.
  • Respaldo complementario: responden de inmediato a cortes breves, alargando la vida útil de los generadores de emergencia.
  • Estabilización de frecuencia y tensión: actúan como buffer entre las fluctuaciones de las GPU y la red, crucial en instalaciones con alta computación.
  • Soporte a generación de gas: evitan rampas excesivas y reducen la capacidad instalada necesaria, limitando las emisiones.

La versatilidad es tal que el propio Ribeiro habla del BESS como una ‘navaja suiza’ para centros de datos. Pero cuidado: ninguna de estas funciones anula a las demás tecnologías. El mix óptimo dependerá de la ubicación, la regulación y el perfil de carga de cada instalación. Las de IA pura en zonas con red limitada necesitarán almacenamiento de gran escala, mientras que centros en entornos con buena infraestructura podrán usarlo de forma más selectiva.

El auge de los centros de datos en España y la península ibérica convierte este análisis en una lectura obligada. Regiones como Madrid, Barcelona o Sines (Portugal) están captando inversiones multimillonarias, y la saturación de la red ya aparece en el radar de los operadores. No es casual que Henrique Ribeiro, responsable de baterías de S&P Global para Latinoamérica y la Península Ibérica, haya puesto el foco en esta tecnología justo cuando la Península aspira a convertirse en un hub energético digital.

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170 GW no es una bala de plata: el sistema completo

El estudio no esconde que el almacenamiento es solo una pieza de un puzle más grande. Las conexiones a red aportan escala y continuidad; los generadores proporcionan respaldo de larga duración; el gas natural ofrece autonomía ilimitada y fiabilidad comprobada; y los SAIs tradicionales siguen siendo el escudo perfecto para los servidores IT. Las baterías añaden la flexibilidad y la rapidez de respuesta que el resto de componentes no puede igualar, pero no los reemplazan.

La pregunta no es si se necesita almacenamiento, sino cuánto, dónde y para qué. Y la respuesta de S&P Global —170 GW globales— es un termómetro del volumen de negocio que se está gestando. Ignorarlo sería un error de cálculo que muchas eléctricas y operadores ya están empezando a corregir.

A efectos prácticos, el despliegue masivo de BESS no solo beneficiará a los centros de datos. Permitirá una mayor penetración de renovables en horas valle, aliviará los cuellos de botella de la red y abaratará los costes operativos de unas instalaciones que son, cada vez más, el motor de la economía digital. La transición energética, en este caso, se alía con la exigencia de competitividad y fiabilidad que demandan los gigantes tecnológicos.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: hasta 170 GW de BESS podrían integrarse en centros de datos globalmente, facilitando la conexión de nueva demanda sin colapsar la red.
  • Modelo que cambia: el respaldo diésel deja de ser la única opción; las baterías complementan y, en muchos casos, reducen el consumo de combustible fósil en cortes cortos.
  • Para las próximas generaciones: cada megavatio de almacenamiento permite integrar más renovables, acercando un modelo digital que no hipoteque la estabilidad climática.