El casco histórico de Ourense acumula 631 edificios en mal estado y solo 6 en rehabilitación: Oporto, el modelo

Los expertos proponen el plan de Oporto como modelo para revertir el deterioro de un casco histórico donde seis de cada diez edificios presentan daños graves, mientras el ritmo de rehabilitación apenas avanza con seis proyectos activos.

Con 631 inmuebles en estado deficiente, malo o ruinoso, el casco histórico de Ourense se ha convertido en un síntoma de la parálisis urbanística que lastra a muchas ciudades gallegas. Solo seis edificios están en rehabilitación, un contraste que ha llevado a los expertos a mirar hacia Oporto, donde un plan integral devolvió la vida a su centro histórico.

Un déficit crónico que se agrava

Los datos que maneja la Concellería de Urbanismo (la concejalía de urbanismo del ayuntamiento) muestran que el 60% de las construcciones del Casco Vello presentan daños graves. De los 631 inmuebles catalogados con algún nivel de deterioro, apenas media docena tienen obras en marcha. Cuatro de ellos son iniciativas privadas en la plaza de San Marcial y la calle Hernán Cortés; los otros dos corresponden a viviendas de protección oficial que prepara el Instituto Galego de Vivenda e Solo (IGVS), el organismo autonómico encargado de la promoción de vivienda pública.

Mantener este ritmo supondría alargar la recuperación integral del conjunto histórico hasta bien entrado el siglo XXII, según los cálculos del sector inmobiliario ourensano. «No hablamos de una demora de años, sino de un horizonte que desborda cualquier planificación razonable», señalan fuentes de las promotoras consultadas por este medio.

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El corsé normativo y el espejo de Oporto

Rehabilitar un piso de 75 metros cuadrados en el casco viejo ourensano exige entre 14 y 16 semanas de trabajo, frente a las 8 que se necesitarían en una zona sin restricciones de acceso para vehículos. Además, cualquier intervención que afecte a fachadas o cubiertas necesita autorización de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta, el departamento autonómico que vela por la conservación de los bienes culturales. El resultado es un sobrecoste evidente: el metro cuadrado restaurado oscila entre 450 y 750 euros, cuando en otros barrios de la ciudad se mueve entre 375 y 500 euros. Si se requieren carpinterías exteriores, la factura puede engordar otros 12.000 euros.

Este escenario ha llevado a los especialistas a fijarse en el modelo que transformó el centro de Oporto a partir de los años noventa. Allí, una combinación de incentivos fiscales, colaboración público-privada y flexibilización selectiva de la normativa patrimonial permitió rehabilitar miles de edificios en dos décadas. «.

El Laboratorio Gallego

La parálisis del Casco Vello ourensano no es un hecho aislado. En ciudades como Lugo o Pontevedra, los cascos históricos han experimentado procesos de rehabilitación más dinámicos, pero en Ourense confluyen varios factores políticos que explican el estancamiento. Por un lado, el Ayuntamiento —gobernado por Democracia Ourensana— carece de una mayoría estable y ha mostrado escasa capacidad para tejer alianzas con la Xunta de Galicia, en manos del PPdeG. Por otro, la declaración del Área Rexurbe en marzo de 2025, una figura autonómica que permite agilizar ayudas a la rehabilitación, sigue a la espera del plan de dinamización definitivo. La Consellería de Vivenda e Planificación de Infraestruturas ha retrasado su aprobación en varias ocasiones, lo que ha generado críticas de la oposición.

Desde el BNG, principal fuerza de la oposición en Galicia, se censura que el gobierno de Alfonso Rueda carezca de una política urbana coherente más allá de las grandes infraestructuras. «El PPdeG presume de modelo gallego, pero en Ourense lo que vemos es un abandono que lleva décadas sin respuesta», denunció recientemente la portavoz nacionalista en el Parlamento de Galicia. El PSdeG, por su parte, ha reclamado una mesa de trabajo que involucre al Ayuntamiento, la Xunta y el sector privado, con el plan Oporto como referencia explícita.

La lectura nacional de este desencuentro es clara: la regeneración urbana se ha convertido en uno de los grandes retos del municipalismo español, y Galicia ofrece un laboratorio de tensiones entre administraciones. Cuando el PP reivindica la eficacia de su gestión autonómica, casos como el de Ourense ponen de relieve que sin coordinación real con los ayuntamientos —incluso cuando son de otro signo político— los problemas se enquistan. La próxima cita electoral autonómica, prevista para 2028, situará la política de vivienda y rehabilitación en el centro del debate, y el Casco Vello ourensano podría convertirse en un símbolo incómodo para el PPdeG.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El casco histórico de Ourense acumula 631 edificios en mal estado y solo 6 en rehabilitación, según datos de la Concellería de Urbanismo. El ritmo actual prolongaría la recuperación hasta el siglo XXII.
  • ¿Quién está detrás? La Xunta de Galicia (PPdeG) y el Ayuntamiento de Ourense (Democracia Ourensana) no han articulado un plan integral pese a que el Área Rexurbe está declarada desde 2025.
  • ¿Qué impacto tiene? El deterioro lastra el valor del patrimonio, desincentiva la inversión privada y contrasta con el modelo exitoso de Oporto, que los expertos proponen como referencia.

Ficha del Caso

  • El caso: El casco histórico de Ourense, protegido desde 1975 como Conjunto Histórico-Artístico, sufre un abandono crónico. Solo hay seis obras en marcha frente a 631 inmuebles deteriorados. Las normativas de patrimonio y los sobrecostes frenan la rehabilitación, y el plan Área Rexurbe sigue sin aprobarse definitivamente.
  • Datos importantes: El 60% de los edificios presentan daños graves. El coste de restaurar un metro cuadrado oscila entre 450 y 750 euros. En Oporto, un plan similar recuperó miles de edificios en dos décadas.
  • Resumen: La falta de coordinación entre administraciones y la ausencia de un plan integral con incentivos reales mantienen al Casco Vello ourensano en una espiral de degradación que contrasta con los éxitos de otras ciudades europeas.