Starmer se va: la crisis en el Reino Unido abre otra brecha en la OTAN

La dimisión del primer ministro británico, impulsada por el hundimiento de su apoyo interno y el ascenso de Andy Burnham, amenaza con desestabilizar la planificación militar de la Alianza Atlántica en plena guerra de Ucrania. Cien diputados laboristas exigen su salida y fuentes g

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El primer ministro británico, Keir Starmer, se prepara para dimitir ante la presión de su partido y el ascenso del alcalde de Mánchester, Andy Burnham, que cuenta con el respaldo de cerca de 300 diputados.
  • ¿Quién está detrás? El Partido Laborista, tras la pérdida de 1.500 concejales en las locales de mayo y la rotunda victoria de Burnham en las elecciones parciales de Makerfield del jueves.
  • ¿Qué impacto tiene? La crisis de liderazgo abre una brecha en la OTAN en plena guerra en Ucrania, ya que Londres es un socio clave en el suministro militar a Kiev. España observa con preocupación la posible inestabilidad de un aliado estratégico en el flanco sur.

La dimisión de Keir Starmer como primer ministro del Reino Unido parece inminente y amenaza con alterar los frágiles equilibrios internos de la OTAN. Según adelanta The Telegraph, fuentes del Gobierno británico y diputados laboristas sitúan el anuncio de la renuncia tan pronto como este lunes 23 de junio, tras la presión ejercida por casi un centenar de parlamentarios y varios miembros del gabinete.

El ocaso de Starmer llega después de que el Partido Laborista perdiera cerca de 1.500 concejales en las elecciones locales de mayo y de que Andy Burnham, alcalde del Gran Mánchester, arrollara en los comicios parciales de Makerfield del pasado jueves. Burnham cuenta con el respaldo explícito de más de 300 diputados —una cifra superior al umbral de una moción de censura— y un sector del laborismo da por hecho un traspaso de poder sin oposición.

El propio Starmer, según altos funcionarios citados por el diario británico, ha empezado a asumir que “el juego se acabó” y se centra en blindar su legado en lugar de librar una batalla perdida. “Ya no queda nadie. Literalmente, solo le apoyan las personas cuyos parientes trabajan en Downing Street o sus amigos íntimos de toda la vida”, confesó un diputado laborista, que añadió que enfrentarse a Burnham en una carrera por el liderazgo sería “como luchar contra la gravedad”.

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Una fuente gubernamental advierte de que, si Starmer se resiste a marcharse, el laborismo podría entrar en “territorio de dimisiones masivas”. Varios pesos pesados del Ejecutivo, entre ellos la secretaria de Transportes, Heidi Alexander, y la secretaria del Foreign Office, Yvette Cooper, le han instado en privado a establecer un calendario de salida antes de que el partido se fracture. La cascada de deserciones ha reducido los apoyos del primer ministro a un núcleo irreductible de “amigos y familiares”, según las mismas fuentes.

Starmer llegó al poder en 2024 con una mayoría aplastante, pero su popularidad se ha desplomado en medio de la crisis del coste de la vida y el escándalo de las bandas de violación. Una encuesta de YouGov de mediados de junio sitúa su índice de aprobación en un 18%, con un 74% de los británicos valorando negativamente su gestión. Downing Street insiste, no obstante, en que el premier no dimitirá y que cualquier disputa interna “nos hundiría en el caos”.

El derrumbe de Starmer: de victoria aplastante a dimisión forzada

La velocidad de la descomposición política de Starmer no tiene precedentes recientes en el laborismo. En apenas dos años ha pasado de encarnar la esperanza de cambio tras catorce años de gobiernos conservadores a convertirse en el líder más impopular desde los sondeos de Gordon Brown. Las municipales de mayo, con una hemorragia de casi mil quinientos concejales, ya anticipaban el terremoto, pero la derrota en Makerfield —un feudo tradicional del partido— ha precipitado la cuenta atrás. La victoria de Burnham, un político con carisma y perfil centrado, ha galvanizado a unas bases que exigían un relevo generacional y ha desequilibrado por completo las matemáticas parlamentarias.

El mandato de Starmer ha estado marcado por la promesa incumplida de una renovación profunda. En lugar de ello, la crisis inflacionista y las revelaciones sobre las bandas de violación en ciudades del norte de Inglaterra —que explotaron en mayo de 2025— minaron su crédito moral y electoral. Las informaciones de The Telegraph apuntan a que, tras el jueves, el primer ministro dedicó el fin de semana a evaluar cómo “apuntalar su legado”, una fórmula que en Westminster se traduce en una salida pactada antes de que el partido lo descabece.

Andy Burnham y el recambio laborista: ¿un respiro para la OTAN?

Burnham, que fuera ministro con Tony Blair y Gordon Brown, representa una vuelta al laborismo más tradicional pero también más pragmático en política exterior. Fuentes de la OTAN consultadas por Moncloa.com reconocen que, pese a la incertidumbre, el cambio podría ser menos disruptivo de lo que parece. “Burnham ha defendido en público la necesidad de mantener el envío de armamento a Kiev y de respetar el compromiso del 2,5% del PIB en defensa”, señala un diplomático aliado. El riesgo, sin embargo, reside en los tiempos: un primer ministro interino y una posible convocatoria de elecciones anticipadas dejarían al Reino Unido sin liderazgo firme durante meses, justo cuando la administración Trump exige un mayor esfuerzo europeo en Ucrania y la OTAN prepara su próxima cumbre.

crisis gobierno Reino Unido

Para la Alianza, Londres sigue siendo un actor indispensable: el segundo contribuyente militar en Europa, uno de los pocos con capacidad de proyección estratégica y el principal valedor de la línea dura frente a Moscú. De hecho, la Royal Air Force participa de forma activa en las misiones de policía aérea en el Báltico y el Reino Unido ha sido uno de los mayores suministradores de misiles Storm Shadow. Cualquier vacío de poder o repliegue presupuestario, por tanto, tendría consecuencias directas sobre el flanco este.

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La dimisión de Starmer podría retrasar las decisiones clave de la Alianza y ralentizar la ayuda militar a Kiev en un momento en que cada semana cuenta en el frente.

Equilibrio de Poder

La crisis laborista británica se inserta en un tablero geopolítico ya de por sí tenso. Washington, con Trump en la Casa Blanca, observa el desgobierno de uno de sus aliados más leales con la misma frialdad con la que ha tratado otras crisis europeas: exige garantías de que el Reino Unido mantendrá el gasto militar y la línea dura contra Rusia, pero sin ofrecer un respaldo político evidente. Para Moscú, en cambio, la inestabilidad en el campo adversario siempre es una oportunidad de ralentizar el suministro de armamento; el Kremlin no oculta su satisfacción ante cualquier distracción que entorpezca los flujos logísticos hacia Ucrania.

Desde Bruselas, la enésima sacudida británica reaviva los temores a una OTAN descabezada en su flanco oriental, justo cuando la Unión Europea intenta acelerar su propia política de defensa común. Para España, la lectura es ambivalente: por un lado, un socio debilitado en la Alianza puede reducir la presión sobre Moncloa para aumentar el gasto militar al ritmo que exige Trump; por otro, la inestabilidad en el Reino Unido complica la cooperación en la frontera sur, particularmente en todo lo relativo al Peñón y a las operaciones conjuntas en el Sahel. Fuentes de Defensa consultadas por esta redacción admiten que “la última cosa que necesitamos ahora es un Londres que no puede tomar decisiones estratégicas”.

El escenario más probable es que Burnham asuma el cargo sin grandes sobresaltos parlamentarios y que el laborismo intente proyectar continuidad en política exterior. Pero las elecciones anticipadas podrían abrir la puerta a un gobierno conservador más nacionalista que, como en 2019, se muestre tentado a recortar compromisos internacionales. La próxima cumbre de la OTAN —prevista para después del verano— será la primera prueba de fuego: si para entonces el Reino Unido no ha estabilizado su liderazgo, Trump podría aprovechar la debilidad para imponer su agenda de gasto militar sin apenas resistencia. En el equilibrio de poder actual, cada aliado que flaquea es un punto de apoyo para el que ya no necesita negociar.