La ‘sed del aire’ resecó la vegetación y facilitó los incendios forestales en Galicia: el dato que Meteogalicia registró

Los picos de DPV registrados por Meteogalicia coincidieron con las jornadas en que se declararon los fuegos de Ponteareas y Padrón, que arrasaron más de 1.000 hectáreas. El desfase entre la investigación científica y las políticas de prevención alarga el riesgo de nuevos desastre

El 6 de abril y el 12 de junio de 2026, Galicia vivió dos jornadas en las que la ignición de un incendio forestal encontró el terreno perfecto para propagarse. La vegetación estaba reseca, convertida en yesca por lo que los científicos llaman déficit de presión de vapor (DPV), la sed del aire. Meteogalicia registró picos de DPV que duplicaron el umbral crítico justo en las horas en que se declararon los grandes fuegos de Ponteareas y Padrón. Una coincidencia que los investigadores forestales llevan meses analizando y que, advierten, se repetirá mientras la prevención siga relegada en las políticas autonómicas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los incendios forestales de abril (Ponteareas, 750 hectáreas) y junio (Padrón, 350 ha) en Galicia coincidieron con valores extremos de déficit de presión de vapor, que resecan la vegetación.
  • ¿Quién está detrás? Los datos proceden de la estación de Meteogalicia de Pazos de Borbén, analizados por el profesor Juan Picos de la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra.
  • ¿Qué impacto tiene? La frecuencia creciente de olas de calor saharianas, con bajas humedades y noches tropicales, aumenta el riesgo de incendios explosivos, mientras la política de prevención sigue sin recibir la prioridad presupuestaria que demanda el territorio.

La fuerza invisible que convierte el monte en combustible

El déficit de presión de vapor es un indicador meteorológico poco conocido fuera de los círculos agrícolas y forestales, pero decisivo para entender la virulencia del fuego. Mide la diferencia entre la humedad que realmente tiene el aire y la que podría contener a la misma temperatura, explica Juan Picos desde la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra. Cuanto más cálido y seco está el ambiente, más “sed” tiene la atmósfera y con más fuerza extrae la humedad de las plantas, hasta dejarlas hechas un polvorín.

En agricultura se considera que la vegetación empieza a marchitarse cuando el DPV supera los 1,5 kilopascales. La gráfica de la estación de Meteogalicia de Pazos de Borbén muestra que el 6 de abril, día en que se inició el gran incendio de Ponteareas, el valor superaba los 3 kilopascales, el doble del umbral de marchitez.

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Ese mismo día las llamas arrasaron 750 hectáreas en Ponteareas, Mos y Pazos de Borbén y otras 150 en Carballo. Tras varias semanas de cierta estabilidad, el DPV se disparó de nuevo el 12 de junio, coincidiendo con el incendio de Padrón. La sincronía entre los picos de sequedad atmosférica y las grandes quemas no es casualidad, subraya Picos: la vegetación que había crecido con fuerza durante un invierno menos duro estaba ya completamente reseca y “más disponible” para el fuego.

Chispas que encontraron un polvorín climático

Las investigaciones aún no han cerrado el origen de los focos, pero los primeros indicios apuntan a causas accidentales. En Ponteareas se investiga si una chispa de un tractor que recogía leña pudo provocar la primera llama. En Padrón, los vecinos hablan de un posible fallo en la línea eléctrica que cruza Herbón, la parroquia de los famosos pimientos. En cualquiera de los dos casos, la ignición se enfrentó a un paisaje predispuesto a arder durante horas sin control.

El fuego de Padrón afectó a una zona que no se quemaba desde la gran ola de incendios de 2006. Arrasó 350 hectáreas y se reavivó el sábado 13 de junio, ayudado por el calor, el viento y los focos secundarios. Ese mismo fin de semana un rayo desencadenó otro incendio en Boborás (Ourense) que calcinó cerca de 280 hectáreas, y el lunes siguiente un nuevo foco en Xermade (Lugo) quemó otras 36.

Juan Picos resume el diagnóstico en una confluencia de factores: inviernos menos duros que permiten un mayor crecimiento de la vegetación, primaveras más cortas que la estresan antes y varios años de anomalía térmica que han ido acumulando en el monte todo eso que ya secó. A ello se suman situaciones meteorológicas que antes eran anómalas y ahora se repiten con frecuencia: danas sobre el Atlántico que empujan masas de aire sahariano con bajas humedades, noches tropicales y ausencia de las refrescantes brisas marinas del nordés.

Galicia acumula años de abandono de la gestión forestal preventiva, y el cambio climático está multiplicando las oportunidades para que cualquier chispa se convierta en un gran incendio.

El Laboratorio Gallego

La conexión entre el déficit de presión de vapor y la propagación del fuego no es una sorpresa para los técnicos, pero su traslado a la política forestal sigue sin producirse en la Xunta de Galicia. La Consellería de Medio Rural dispone de los datos de Meteogalicia y de los sistemas de alerta temprana, pero el presupuesto para prevención —desbroces, fajas auxiliares, gestión de la biomasa, quemas prescritas— continúa siendo la hermana pobre de la política de incendios, centrada en la extinción. En los últimos ejercicios, las partidas de prevención apenas han superado el 8 % del total del dispositivo antiincendios, según los informes del Consello de Contas.

Desde el PPdeG, formación que gobierna la Xunta con mayoría absoluta, se ha defendido en los últimos años un modelo basado en la profesionalización de la lucha contra el fuego y en la colaboración con el sector forestal privado. Sin embargo, los expertos insisten en que sin inversiones estructurales en la gestión activa del territorio —algo que requiere coordinación entre las consellerías de Medio Rural, Medio Ambiente e Infraestructuras— el riesgo seguirá escalando. El Bloque Nacionalista Galego (BNG) y el PSdeG han reclamado en el Parlamento de Galicia la creación de una Axencia Galega de Prevención de Incendios, que hasta ahora no ha sido aprobada.

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La lectura nacional es clara: Galicia concentra alrededor del 40 % de los incendios forestales de toda España, y lo que ocurre en sus montes repercute en la política estatal de protección civil cada verano. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha evitado hasta ahora hacer del modelo gallego de prevención un eje de su discurso nacional, quizá porque los resultados sobre el terreno —con episodios como los de abril y junio de este año— no invitan a presumir de gestión. Mientras tanto, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ya advierte de un verano con alta probabilidad de olas de calor, lo que convierte los avisos de los investigadores forestales en una alerta política que ninguna administración debería ignorar.

Ficha del Caso

  • El caso: Los grandes incendios forestales de abril y junio de 2026 en Galicia estuvieron precedidos por picos extremos del déficit de presión de vapor, registrados por Meteogalicia, que resecaron la vegetación y facilitaron la rápida propagación del fuego.
  • Datos importantes: El umbral crítico de DPV es 1,5 kPa; el 6 de abril se superaron 3 kPa en Pazos de Borbén. Superficie quemada: más de 1.000 hectáreas en una semana de junio en Padrón, Boborás y Xermade. La prevención no supera el 8 % del presupuesto antiincendios de la Xunta.
  • Resumen: La recurrencia de condiciones meteorológicas extremas y la falta de una política de prevención presupuestada convierten a Galicia en el laboratorio de los grandes incendios forestales en España, con consecuencias para la seguridad del territorio y para el debate nacional sobre la adaptación al cambio climático.