Lo admito: durante años mis croquetas de chorizo acababan en el trastero de las recetas fallidas. Pesadas, con la bechamel arenosa o un chorizo que soltaba demasiada grasa y lo estropeaba todo. Hasta que entendí que el truco no está en el relleno, sino en cómo tratas el chorizo y en la paciencia con la bechamel.
Esta receta de croquetas de chorizo caseras las he repetido decenas de veces y ya nunca fallan. Son cremosas por dentro, crujientes por fuera y no dejan esa desagradable sensación de pesadez. Además, aguantan meses en el congelador y resuelven una cena o un picoteo en un visto y no visto. Vamos al lío.
El secreto del éxito
- Escurre el chorizo como un campeón: cocínalo sin grasa en sartén antiadherente y déjalo escurrir sobre papel absorbente. Toda la grasa que se queda atrás es pesadez que te ahorras.
- El sofrito de la harina: La mezcla de mantequilla y harina debe cocinarse 2 minutos justos, removiendo sin parar, para que pierda el sabor a crudo y la bechamel gane cuerpo.
- Paciencia con la leche: Añádela muy poco a poco y no viertas más hasta que la anterior se haya integrado por completo. Así evitas los grumos y consigues una textura de terciopelo.
Ingredientes

- 200 g de chorizo fresco
- 100 g de mantequilla
- 100 g de harina de trigo
- 1 l de leche entera
- Sal
- Pimienta negra molida
- Nuez moscada molida
- Huevo
- Pan rallado
- Aceite de oliva para freír
Primero, abre el chorizo a lo largo, retira la tripa y desmígalo con las manos. Calienta una sartén antiadherente sin nada de aceite y añade el chorizo. Remueve durante 3-4 minutos hasta que suelte su grasa y se cocine. Pásalo a un plato con papel absorbente para que se escurra bien: este paso es clave.
Mientras, prepara la bechamel. En una olla amplia, funde la mantequilla a fuego medio. Cuando burbujee, incorpora la harina de golpe y remueve con varillas. Cocina la mezcla durante 2 minutos exactos removiendo sin parar, para que la harina pierda el sabor a crudo. Notarás un olor a galleta tostada: es la señal.
Ahora llega el momento de la verdad. Vierte la leche, que debe estar a temperatura ambiente, muy poco a poco: un chorrito, remueves con energía hasta que se integre, y repites. No añadas más leche hasta que la anterior esté completamente absorbida. Si te precipitas, se forman grumos y la bechamel pierde finura. Lo he comprobado en mis propias carnes.
Cuando hayas incorporado la mitad de la leche, puedes añadir el resto de una vez, pero siempre removiendo con viveza. Sube el fuego un poco y, justo cuando rompa a hervir, salpimenta y espolvorea nuez moscada al gusto. Cocina la bechamel 15 minutos sin dejar de remover en ningún momento para que espese y quede sedosa. A los 10 minutos, añade el chorizo bien picadito y mézclalo para que la crema se impregne del sabor.
La bechamel no es una salsa más: si te paras de remover, se pega y se quema, y toda la magia se va al garete.
Vierte la masa en una fuente amplia, tácala con film transparente (que toque la superficie) y refrigera un mínimo de 4 horas. La mezcla debe quedar bien fría y firme para poder dar forma sin que se deshaga. Con una cuchara toma porciones, forma bolitas con las manos ligeramente engrasadas y pásalas por pan rallado, huevo batido y otra vez pan rallado. Este triple rebozado es lo que asegura el crujiente perfecto.
Fríe las croquetas de chorizo en abundante aceite de oliva a 175-180 ºC (sin ventilador, si lo haces en freidora de aire) hasta que estén doradas y crujientes, unos 3-4 minutos. Escúrrelas sobre papel absorbente y deja que reposen un par de minutos antes de hincarles el diente.
Variaciones y maridaje
Estas croquetas agradecen un vino tinto joven con buena acidez, como un Mencía de Valdeorras, que limpia la grasa y realza el pimentón del chorizo. Si prefieres cerveza, una lager bien fría también funciona de maravilla.
Para congelar, coloca las croquetas ya formadas y rebozadas en una bandeja separadas entre sí, mételas al congelador 1 hora y luego pásalas a una bolsa hermética. Así evitarás que se peguen. Directamente del congelador a la sartén con aceite caliente, sin descongelar: quedan igual de cremosas.
Si quieres una versión express sin hacer bechamel desde cero, puedes comprar una bechamel refrigerada de calidad y añadirle el chorizo escurrido. No será lo mismo, pero salva la cena en 15 minutos.
