La política cultural de la Xunta de Galicia suma tres reveses: CGAC, Ribeira Sacra y normalización lingüística

La designación de Eva López Tarrío al frente del CGAC, el varapalo de Icomos a la Ribeira Sacra y el retraso del plan de normalización del gallego revelan un patrón de decisiones unilaterales que ignora al mundo cultural.

La política cultural de la Xunta de Galicia acumula en pocas semanas tres golpes que cuestionan sus principales líneas de actuación: el nombramiento sin consenso de la directora del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), el informe desfavorable de Icomos sobre la Ribeira Sacra y el retraso en la revisión del plan de normalización lingüística del gallego, que debía estar listo hace meses.

El CGAC, la Ribeira Sacra y el gallego: tres expedientes que se complican

El revés más estridente llegó de la mano del CGAC, el principal museo de arte contemporáneo de Galicia, ubicado en Santiago de Compostela. La Xunta, mediante la Lei de Museos aprobada en solitario por el PPdeG en 2021 y una modificación posterior de la relación de puestos de trabajo, eliminó el contrato de alta dirección y articuló un concurso de libre designación solo para funcionarios de carrera. La operación, denunciada por el sector porque contraviene los códigos de buenas prácticas, culminó con la elección de Eva López Tarrío, una profesora y artista de currículum reducido.

La respuesta ha sido inédita. Del director del Reina Sofía a más de 1.500 firmantes del manifiesto Se afunde é porque pesa: SOS CGAC, pasando por la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo y el anterior director, Santiago Olmo, ninguna voz relevante respaldó la decisión. Dos aspirantes con larga trayectoria —Susana Cendán y Alberto Ruiz de Samaniego, este último exdirector de la Fundación Seoane de A Coruña y responsable del pabellón español en la Bienal de Venecia de 2007— revelaron que habían optado al puesto, dejando en evidencia al director general de Cultura, Anxo Lorenzo, que defendía a la elegida como la «mejor preparada».

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El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, se mostró displicente y redujo las prácticamente unánimes protestas del sector a aquellos que se quedaron fuera del del proceso de selección. No era cierto. La inauguración de la muestra Illa ignorada, el pasado 12 de junio, estuvo marcada por pancartas con lemas como «dedazo» o «vergüenza», una imagen insólita para la cultura gallega.

La unanimidad del rechazo al CGAC no tiene precedentes en la cultura gallega reciente y evidencia un modo de gestión que prescinde del criterio de los expertos.

Solo dos días antes, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), el organismo que asesora a la Unesco, cuestionaba la candidatura de la Ribeira Sacra a Patrimonio de la Humanidad. El informe considera que no se cumplen las condiciones de integridad y autenticidad, rechaza la propuesta de la Xunta basada en un «paisaje relacionado con el agua» y señala problemas como la pérdida de biodiversidad, los incendios forestales o la expansión de la viticultura. El conselleiro de Cultura, José López Campos, intentó suavizar el varapalo aferrándose a aspectos menores del documento, pero la decisión final de la Unesco, prevista entre el 19 y el 29 de julio en Corea del Sur, pende ahora de un hilo.

El tercer frente es el lingüístico. El Instituto Galego de Estatística (IGE) publicó en 2024 un demoledor informe que mostraba cómo, tras quince años de gobiernos del PP, el número de niños que no saben hablar gallego se había duplicado. La reacción de la Xunta fue primero desacreditar al IGE y encargar una encuesta a medida, y después anunciar un «Pacto polo Galego» que suponía una autoenmienda al Decreto do Plurilingüismo impulsado por Feijóo —con Rueda como número dos— para limitar la enseñanza en gallego. Para ello se constituyeron once comisiones que debían revisar el Plan de Normalización Lingüística aprobado por unanimidad en el Parlamento de Galicia en 2004 y roto unilateralmente por el PP en 2007. El compromiso de tener resultados en noviembre de 2025 se incumplió. Ahora, cuando el primer semestre de 2026 expira en ocho días, no hay noticia de pacto alguno. Ni la asociación A Mesa pola Normalización ni el BNG, principal partido de la oposición, han sido incorporados al proceso.

El rechazo del mundo cultural y el silencio de la Xunta

La secuencia de los tres episodios dibuja un patrón común: decisiones unilaterales, ausencia de diálogo y una sorprendente capacidad para minimizar las críticas. En el CGAC, el sector artístico se ha expresado con una contundencia desconocida hasta ahora; en la Ribeira Sacra, la opinión técnica internacional ha tumbado los argumentos de la candidatura; y en la política lingüística, el intento de maquillar un retroceso con un pacto controlado se ha estrellado contra los plazos y la desconfianza de los agentes implicados. «No hay nadie al otro lado» es la queja recurrente entre artistas, comisarios y críticos.

Ni Alfonso Rueda ni el conselleiro han ofrecido hasta ahora gesto alguno de autocrítica. El Ejecutivo autonómico insiste en que la directora del CGAC superó un proceso reglado, que la candidatura de la Ribeira Sacra mantiene opciones y que el plan lingüístico verá la luz «en breve». Mientras, las pancartas en el museo y el informe de Icomos se convierten en símbolos de una política cultural que acumula reveses en sus apuestas más estratégicas.

El Laboratorio Gallego

Las tres crisis no son ajenas al modelo de gestión que el PPdeG ha practicado durante casi quince años de mayorías absolutas, primero con Alberto Núñez Feijóo y ahora con Rueda. La política cultural de la Xunta ha funcionado a menudo como un espejo del estilo del PP a escala nacional: decisiones verticales, control del relato y un recurso limitado a los expertos cuando estos no coinciden con la línea oficial. Feijóo convirtió Galicia en un laboratorio de políticas que luego asomaban en el discurso del PP nacional, desde la contención del gasto hasta el plurilingüismo entendido como restricción del idioma cooficial.

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Ahora, con Feijóo proyectando una imagen de gestor moderado desde Madrid, los tropiezos culturales de la Xunta envían señales contradictorias. El nombramiento en el CGAC recuerda al dedazo que, según la oposición, el PP practica en otras instituciones culturales bajo su control. El varapalo a la Ribeira Sacra —una candidatura que arrastra años de expectativas— debilita el discurso del partido sobre la defensa del patrimonio propio. Y el bloqueo del plan lingüístico, a pocas semanas de que expire el semestre, reaviva el desgaste con un sector estratégico en el que el BNG y A Mesa mantienen una influencia notable.

El Parlamento de Galicia, con el PPdeG como única fuerza con mayoría absoluta, apenas ha fiscalizado estos asuntos. La oposición, con el BNG a la cabeza, ha criticado la gestión, pero sin capacidad de enmienda. El riesgo, sin embargo, es que la acumulación de contratiempos erosione la imagen de competencia que el PP gallego siempre ha reivindicado, justo cuando Feijóo trata de vender el «modelo gallego» como alternativa de gobierno en España. La decisión de la Unesco en julio y la eventual publicación —o nueva demora— del plan lingüístico marcarán los próximos capítulos de esta historia.

Ficha del Caso

  • El caso: La política cultural de la Xunta de Galicia suma tres reveses en sus proyectos estratégicos: el polémico nombramiento de la directora del CGAC, el informe desfavorable de Icomos sobre la Ribeira Sacra y el retraso del nuevo plan de normalización del gallego.
  • Datos importantes: Más de 1.500 firmas contra la designación en el CGAC; Ley de Museos de 2021; Icomos rechaza la candidatura de la Ribeira Sacra por falta de integridad y autenticidad; el IGE informó de que el número de niños que no hablan gallego se ha duplicado en quince años; el plan lingüístico de 2004 fue roto por el PP en 2007 y la promesa de actualizarlo vence este mes de junio de 2026.
  • Resumen: Los tres frentes muestran un patrón de decisiones unilaterales y ausencia de diálogo que puede pasar factura al «modelo gallego» que Feijóo proyecta a nivel nacional, especialmente si la Unesco rechaza la Ribeira Sacra en julio.