Vox y Aliança Catalana convergen en el nativismo pese a su rivalidad pública

Un estudio del ICPS documenta coincidencias profundas en inmigración, seguridad y fiscalidad entre ambas formaciones. La aparente enemistad oculta una agenda compartida que refleja tendencias europeas.

Aunque las banderas que enarbolan son opuestas y sus proyectos nacionales irreconciliables, Vox y Aliança Catalana comparten una agenda de fondo en inmigración, seguridad y fiscalidad que revela un tronco ideológico común. Así lo documenta un estudio del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) de la Universitat Autònoma de Barcelona, publicado este mes de junio, que disecciona los programas electorales de ambas formaciones para las catalanas de 2024.

Un mismo diagnóstico en inmigración y seguridad

El trabajo de los investigadores Javier Martínez Cantó y Julià Tudó Cisquella detalla que los dos partidos articulan un relato casi calcado en materia migratoria. Tanto Vox como Aliança Catalana vinculan la inmigración con la delincuencia, defienden la expulsión de quienes se encuentran en situación irregular y consideran a los menores extranjeros no acompañados —los denominados MENAs— una amenaza para la seguridad pública. Las propuestas de ambos programas, señala el ICPS, “podrían intercambiarse sin que nadie notara la diferencia”.

A esta radiografía se suma la coincidencia en el refuerzo del gasto policial y en el endurecimiento del Código Penal. Es una política de orden público idéntica, subraya el estudio, que trasciende las identidades nacionales enfrentadas. El eje seguridad-inmigración se ha demostrado tan movilizador en el electorado de Ripoll como en el de Madrid.

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La inmigración, y no la cuestión territorial, es el verdadero motor del voto a ambas formaciones.

Neoliberalismo, fiscalidad y alineamiento con Israel

En el terreno económico, las similitudes saltan a la vista. Las dos fuerzas abogan por rebajas fiscales generalizadas —eliminación del impuesto de sucesiones y patrimonio, reducción del IRPF—, critican el “gasto público improductivo” y rechazan la regulación de los alquileres. La defensa de la propiedad privada frente al okupa opera como miedo movilizador común. Esta agenda, que coincide en lo sustancial con la del Partido Popular, refleja un patrón neoliberal limpio de matices.

Un paralelismo adicional aflora en la política exterior. Santiago Abascal se ha reunido en Jerusalén con Benjamín Netanyahu y su eurodiputado Jorge Buxadé calificó los bombardeos sobre Gaza de “operaciones antiterroristas”. Sílvia Orriols, por su parte, ha mostrado su admiración por el primer ministro israelí, ha negado el genocidio en Gaza y ha lucido la bandera de Israel en el Parlament. El estudio del ICPS constata que ambos partidos se alinean con Israel de forma casi devocional, una sintonía que los diferencia del grueso del arco parlamentario catalán y que, en el caso de Vox, le ha valido el reconocimiento del lobby European Coalition for Israel.

Lo que separa a Vox y Aliança Catalana

Las diferencias, sin embargo, son ostensibles. Vox defiende la unidad de España y considera el independentismo un proyecto totalitario; Aliança Catalana lleva en su punto programático número uno la declaración unilateral de independencia. En el discurso de género, Vox quiere derogar las leyes de violencia machista y eliminar las protecciones LGTBI+, mientras que Orriols instrumentaliza la igualdad y los derechos LGTBI+ para justificar su islamofobia, en una operación que los investigadores denominan “homonacionalismo”. Las políticas ambientales también divergen: Vox niega el cambio climático de origen humano y rechaza las renovables; Aliança Catalana apuesta por la transición energética, aunque ambos defienden la nuclear.

Pero el hallazgo más revelador del ICPS es que esas discrepancias no explican el voto. Los electores que en 2024 dieron su papeleta a Aliança Catalana procedentes de Junts o ERC lo hicieron, principalmente, por la preocupación migratoria, y los que viraron del PSC o del PP hacia Vox combinaron migración con el conflicto nacional. El proceso independentista fallido creó las condiciones para que el discurso nativista encontrara anclaje en ambas identidades, pero el combustible real, apunta el trabajo académico, es el miedo a la inmigración.

Qué significa esta convergencia para Vox

Para Vox, la lectura es nítida y estratégicamente útil. La irrupción de Aliança Catalana en el Parlament demuestra que su agenda de seguridad y control migratorio no es un exotismo de la derecha españolista, sino una tendencia que cruza fronteras identitarias y que está calando en capas del independentismo. La dirección nacional ya ha utilizado este dato para reforzar su argumentario: si hasta los separatistas admiten las mismas recetas en inmigración, el camino que Vox propone no es radical, sino anticipatorio de un realineamiento político más amplio.

Este planteamiento tensa también al Partido Popular, que hasta ahora ha mantenido un perfil blando en materia migratoria. La evidencia de que el nativismo se expande por todo el espectro facilita a Vox endurecer sus condiciones para futuras investiduras y exigir al PP una rectificación clara en este frente. La próxima cita electoral ofrecerá, sin duda, una nueva oportunidad para medir si este subsuelo ideológico compartido se traduce, más allá de los programas, en una realineación de los bloques políticos catalanes y españoles.

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