Cuba completa una antena SIGINT en Bejucal que preocupa al Pentágono

El complejo circular de Bejucal reemplaza una antigua red de antenas y es capaz de triangular comunicaciones militares y civiles en todo el sureste de EE.UU. CSIS cree que China opera la instalación.

El pasado 18 de junio, un estudio del Center for Strategic and International Studies (CSIS) reveló que Cuba ha completado la construcción de una sofisticada antena circular de inteligencia de señales (SIGINT) en Bejucal, cerca de La Habana. El dato, basado en imágenes satelitales comerciales, ha encendido las alarmas en el Pentágono: la instalación es capaz de interceptar y localizar con precisión comunicaciones militares y civiles en el Caribe, el Golfo de México y todo el sureste de Estados Unidos.

Si usted sigue de cerca este tipo de ingeniería, le adelanto que el salto técnico es mayúsculo. La nueva antena CDAA (Circularly Disposed Antenna Array) reemplaza a una vieja parrilla lineal y es, según el CSIS, la mayor y más capaz documentada hasta ahora en la isla. Con este sistema, Bejucal puede triangular el origen de emisiones de radio con una nitidez que antes no existía. Y lo ha hecho en silencio, sin que Washington haya podido detenerlo.

El equipo del CSIS, liderado por Matthew Funaiole, Brian Hart, Joseph Bermudez Jr. y Aidan Powers-Riggs, detalla que las obras comenzaron en 2024 y se aceleraron en 2025. Aunque no hay pruebas públicas desclasificadas de operación directa china, el Pentágono lleva años reconociendo que China opera al menos tres instalaciones de inteligencia en Cuba. Todo apunta a que Bejucal es una de ellas. Lo escribí hace años en El quinto elemento: ‘El próximo 11S empezará con un clic’. Pues bien, antes de ese clic hay una fase de escucha masiva. Bejucal es un paso en esa dirección.

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El enclave tiene un pedigrí histórico que hiela la sangre. Durante la Crisis de los Misiles de 1962, la zona circundante fue el escenario elegido por Moscú para desplegar armas nucleares. Hoy, seis décadas después, el terreno se ha reconvertido en un oído gigante que —con ayuda de Pekín— puede monitorizar desde ejercicios de la Marina estadounidense en el Caribe hasta las frecuencias de la aviación militar que opera en Florida y Alabama.

El timing de la modernización es una provocación calculada. En mayo de 2026, coincidiendo con la finalización de las obras, la administración Trump impuso nuevas sanciones a Cuba citando expresamente el alojamiento de ‘instalaciones de adversarios extranjeros’ que atentan contra la seguridad nacional de EE.UU. La respuesta del régimen de La Habana ha sido la de siempre: aparentar reformas económicas mientras refuerza su músculo de contrainteligencia. La lógica de Castro es simple: cuanto más asfixiante sea el bloqueo, más necesario es entender las amenazas del vecino.

La guerra fría no se apagó en 1991. Se trasladó al espectro electromagnético. Y Bejucal es su nuevo altavoz.

El riesgo real no es solo que nuestros adversarios nos escuchen. Es que puedan mapear los perfiles electrónicos de cada unidad, entender nuestras rutinas operativas y, llegado el momento, saturar o engañar esas redes de comunicación. En un conflicto con China, el factor sorpresa se diluye. Y sin sorpresa, la superioridad tecnológica de Estados Unidos vale menos.

Pero no nos equivoquemos: Cuba no es un mero peón. Ha sabido jugar la carta de la triangulación histórica —Moscú primero, Pekín ahora— para mantener un faro SIGINT a 200 kilómetros deCayo Hueso. Ni siquiera el desmantelamiento de la estación soviética de Lourdes en 2002 cerró del todo ese capítulo. La red de inteligencia cubana, con sus raíces en la KGB, jamás se ha marchado.

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El sistema CDAA de Bejucal no es una antena cualquiera. Se trata de un conjunto circular de elementos que, al combinar sus mediciones, fija con una precisión quirúrgica la localización geográfica de cualquier transmisor. Esto permite seguir las maniobras de un destructor en el Golfo de México o las comunicaciones de un F-35 que despega de la base aérea de Eglin con una exactitud que las viejas parrillas lineales no podían ofrecer. El CSIS cree que la instalación ya ha iniciado operaciones, lo que significa que los primeros lotes de inteligencia están siendo procesados ahora mismo.

Fuentes del Pentágono consultadas por Moncloa.com admiten que la sorpresa no ha sido total, pero sí la escala y la velocidad del proyecto. En apenas dos años, Cuba ha pasado de una infraestructura obsoleta a un nodo de interceptación moderno, enteramente diseñado para la guerra electrónica del siglo XXI. Y Pekín, sin duda, está detrás de buena parte de la tecnología.

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El juego de la inteligencia en la isla no es nuevo. Durante tres décadas, la gigantesca estación de Lourdes —operada por el GRU y el KGB— permitió a Moscú interceptar comunicaciones civiles y militares en todo el sureste de Estados Unidos. Cuando Putin cerró Lourdes en 2002 por ahorro de costes, muchos pensaron que la era del espionaje ruso en el patio trasero americano había terminado. No fue así.

China ocupó el vacío muy pronto. Los informes del ODNI (Oficina del Director de Inteligencia Nacional) llevan años señalando la presencia de personal técnico chino en varias instalaciones cubanas. En 2024, el propio CSIS identificó cuatro sitios con equipos compatibles con SIGINT, entre ellos Bejucal. Hoy, ese mismo enclave se ha convertido en el buque insignia de una red más amplia que incluye, al menos, otras dos ubicaciones en fase de reacondicionamiento. La joya más moderna de esa red es esta antena circular, cuya puesta en marcha cambia las reglas del juego en el teatro caribeño.

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El vector de amenaza aquí es inequívoco: infraestructura SIGINT de recolección masiva construida con asistencia tecnológica china y disfrazada de proyecto local cubano. Tradecraft puro: la triangulación clásica que siempre ha caracterizado a La Habana. El servicio atacante es China —probablemente el MSS o el Departamento del Frente Unido, con apoyo del Ejército Popular de Liberación—, actuando a través de Cuba como plataforma avanzada. El defensor es Estados Unidos, con la NSA, el Pentágono y toda la comunidad de inteligencia americana monitorizando cada movimiento. En medio, España.

No se confunda conmigo: España no es un objetivo directo de Bejucal, pero sí un actor afectado. El CNI y el CCN-CERT siguen de cerca cualquier evolución en el flanco sur del Atlántico que pueda comprometer las rutas de comunicaciones transatlánticas o la seguridad de las fuerzas navales españolas que operan en aguas del Caribe. Además, cualquier instalación que recolecte SIGINT a tan pocos kilómetros de las costas de Florida está, inevitablemente, aspirando tráfico de cables submarinos que conectan América con Europa. La península ibérica está en esa ecuación.

El precedente histórico que me sirve de espejo es la estación soviética de Lourdes, que entre 1962 y 2002 interceptó millones de comunicaciones y fue la pesadilla de la inteligencia occidental durante toda la Guerra Fría. Aquello fue el resultado de un acuerdo bilateral URSS-Cuba. Hoy, la apuesta es similar pero con un actor más paciente y más rico: China. A juzgar por la celeridad de las obras, estimo que el nivel de clasificación del material obtenido será al menos Top Secret/SCI, porque permite conocer en tiempo real los patrones de movimiento de la flota y la aviación estadounidense. Lo que no sabemos —y lo que la inteligencia americana trata de averiguar ahora mismo— es si Pekín ya está volcando esos datos en sus simulacros de conflicto para un hipotético enfrentamiento en el estrecho de Taiwán.

Y ese es, a mi juicio, el talón de Aquiles del análisis: la atribución sigue siendo probabilística. No hay una foto de un técnico chino frente al panel de control. Pero la tradecraft del MSS y la URSS nunca fue exhibirse; fue trabajar en la sombra. Cuba, como siempre, pone el terreno; la potencia de turno, la tecnología. Y en esta ocasión, la tecnología espejea con lo que vimos en la base china de Yibuti o en el complejo SIGINT de Myanmar.

El próximo hito concreto a vigilar es la comparecencia prevista en el Comité de Servicios Armados del Senado de EE.UU. para mediados de julio, donde la directora de Inteligencia Nacional deberá detallar —por primera vez con la antena ya operativa— el nivel real de amenaza que supone Bejucal. Hasta entonces, la comunidad de inteligencia se mueve en la zona gris del ‘casi confirmado’.