Con 87 años recién cumplidos y una ola de calor que dejaba los termómetros por encima de los 35 grados, la reina Sofía viajó el pasado 22 de junio a La Roda, Albacete, para inaugurar el primer Congreso Internacional ‘Manolo Barrós’ sobre Esclerosis Lateral Amiotrófica. Un acto con doble lectura: colocar la lucha contra la ELA en el centro del debate público y rendir homenaje al que fuera jefe de seguridad de la Familia Real entre 1999 y 2013.
El nombre del congreso no es casual. Manuel ‘Manolo’ Barrós falleció en 2024 a causa de esta enfermedad neurodegenerativa, actualmente incurable, que en España afecta a unas 4.000 personas. La reina, que le trató de cerca durante más de una década, quiso que su recuerdo quedara ligado a la investigación y a la esperanza de los pacientes.
La ELA, una batalla que se libra en La Roda
La elección de la localidad albaceteña tampoco fue aleatoria. El alcalde, Juan Ramón Amores, padece ELA desde hace años y se ha convertido en un referente de la visibilidad de la dolencia. La soberana fue recibida por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y por el propio Amores, en un encuentro cargado de simbolismo que mezcló el rigor científico con la emoción más íntima.
Organizado por la Fundación Reina Sofía y el Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas, el congreso reunió a investigadores, médicos, asociaciones de pacientes y familias para presentar los avances más recientes, entre ellos el uso de la inteligencia artificial en el diagnóstico precoz de la enfermedad, según el comunicado difundido por el Palacio de la Zarzuela.
El cariño popular y la fortaleza de una reina emérita
Vestida con un discreto traje de chaqueta y pantalón en tonos claros, doña Sofía desafió la canícula que abrasaba la meseta manchega y se acercó a los cientos de vecinos que aguardaban con banderas de España su llegada. Visiblemente agradecida, la Reina emérita no dudó en improvisar un bain de foule que prolongó el acto más de lo previsto.
“Fue una imagen de cercanía que nos recuerda por qué la reina Sofía sigue siendo una de las figuras más respetadas de la Corona”, comentó una vecina. Aquella espontaneidad tiene lecturas profundas: mientras las temperaturas rozaban el umbral de las alertas sanitarias, la madre del Rey Felipe VI se mantuvo imperturbable, como han subrayado los medios que cubrieron la jornada.
Un acto que demuestra que la generosidad y la lealtad no se jubilan: a sus 87 años, la Reina Sofía convierte el recuerdo de un colaborador en un motor de ciencia y esperanza.
El poder blando de la emérita: más allá del protocolo
Doña Sofía no tiene ya un papel institucional definido en la estructura de la Casa del Rey, pero ejerce un poder blando de amplio espectro que el actual reinado utiliza con inteligencia. Las causas sociales —la investigación neurológica, la infancia, el voluntariado— son el territorio natural por el que transita una reina sin cartera que, sin embargo, ostenta una popularidad superior al 80 % en todos los sondeos del CIS.
En La Roda se unieron, además, varios hilos que refuerzan el relato de la Corona: la lealtad al personal de confianza que sirvió durante años a la institución, la conexión directa con los ciudadanos más allá de los palcos oficiales y la capacidad de sobreponerse a las inclemencias —meteorológicas y anímicas— para cumplir con un compromiso. La ola de calor no fue un obstáculo; fue un contexto que amplificó la determinación de una mujer que, en 2019, ya recorrió Mozambique bajo un sol abrasador en un viaje de cooperación que muchos recuerdan.
Para la monarquía parlamentaria, gestos como este suponen una renovación tácita del pacto emocional con una sociedad que pide cercanía y eficacia sin aspavientos. Mientras el Rey Felipe VI y la Princesa de Asturias concentran la agenda de Estado, la reina Sofía ocupa un espacio complementario que aligera la carga simbólica del resto de la familia y mantiene viva la memoria de las personas que, como Manolo Barrós, sirvieron a la Corona en la sombra.
El próximo Congreso ‘Manolo Barrós’ ya figura en el calendario de la Fundación Reina Sofía como cita anual, lo que asegurará a la ELA un altavoz permanente. La Casa del Rey no ha confirmado si la soberana repetirá el desplazamiento, pero quien la vio en La Roda apuesta a que sí.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: La reina Sofía inauguró en La Roda el primer congreso internacional sobre ELA bautizado con el nombre de su antiguo jefe de seguridad, fallecido por esa enfermedad en 2024.
- El detalle de protocolo: La emérita acudió sin escolta ostentosa, alternó con pacientes y científicos en igualdad de condiciones y prolongó el saludo popular más allá del guion previsto.
- Próximos pasos: La Fundación Reina Sofía programa ya la segunda edición del congreso para 2027, mientras la Corona sigue midiendo la proyección de la emérita en causas sociales de alto valor sanitario.
