Mark Rutte se reúne con Trump en la Casa Blanca para suavizar las tensiones con la OTAN por Irán

El secretario general de la OTAN intenta calmar a un presidente que considera a la alianza un 'tigre de papel' y amenaza con retirar tropas de Europa. La cumbre de julio en Ankara será crucial para el futuro de la defensa mutua.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Mark Rutte visitó la Casa Blanca para intentar rebajar la tensión con Donald Trump por la guerra de Irán y la amenaza de retirar tropas de Europa.
  • ¿Quién está detrás? El presidente de Estados Unidos, molesto por la falta de apoyo de la OTAN a su campaña en Irán, y el secretario general de la alianza, que usó gráficos de gasto en defensa y halagos para suavizar el enfado.
  • ¿Qué impacto tiene? La cumbre de la OTAN en julio en Ankara será una prueba de fuego para la alianza. Para España, un posible repliegue estadounidense pondría en jaque la arquitectura de seguridad de la que depende.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se plantó este miércoles en el Despacho Oval con gráficas de cartón y una mezcla de halagos y firmeza para intentar rebajar la tensión con el presidente Donald Trump por la guerra de Irán. Rutte buscaba frenar el deterioro de la relación transatlántica en vísperas de una cumbre clave.

Un desencuentro que amenaza la alianza

El enfado de Trump viene de lejos. El 28 de febrero, un ataque combinado de Estados Unidos e Israel contra Irán interrumpió el tráfico en el estrecho de Ormuz y desató una campaña militar en la que la OTAN no quiso participar. Washington lanzó la operación sin consultar a sus socios, y la negativa de los europeos a respaldarla llevó al presidente a llamar a la alianza “tigre de papel”.

En su visita, Rutte le mostró a Trump gráficos de cartón que recogían el aumento del gasto en defensa de los países aliados desde 2017. El mensaje era claro: la retórica de Washington sobre el reparto de cargas empieza a surtir efecto. Sin embargo, el presidente se mostró poco impresionado.

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“Sé que hubo casos aislados con los que está usted realmente decepcionado, pero, en general, sus aliados europeos han estado”, le dijo Rutte. Trump, a regañadientes, elogió su labor: “Usted ha hecho un buen trabajo, y creo que si cualquier otro estuviera aquí ni siquiera nos estaríamos reuniendo”.

La visita de Rutte a la Casa Blanca es el último intento de apagar un incendio que arde desde la reelección de Trump en noviembre de 2024. El presidente ha llegado a cuestionar el Artículo 5 (la cláusula de defensa mutua de la OTAN) y habló de una posible salida de la alianza tras la negativa a secundar su guerra en Irán.

La cumbre de Ankara, cita decisiva en julio

La reunión del miércoles sirve de antesala para la cumbre de líderes de la OTAN prevista en la capital turca el próximo mes. Trump ha amenazado con reducir la presencia militar estadounidense en Europa si no obtiene concesiones en materia de gasto y apoyo político a sus intervenciones en Oriente Medio.

Para Rutte, su principal misión desde que volvió al poder el republicano ha sido la de contener la hostilidad presidencial hacia los aliados y evitar que crisis como el tira y afloja por la compra estadounidense de Groenlandia acaben en un divorcio. El pulso sobre Irán es, sin embargo, el más peligroso hasta la fecha.

Para Trump, la OTAN ha sido un ‘tigre de papel’ desde su primer mandato, y la negativa de los aliados a apoyar la campaña de Irán sin sin consultar es la prueba definitiva.

La Lógica de Washington

Lo que se ventila en el Despacho Oval va más allá de la anécdota. Trump aplica una lectura transaccional de las alianzas que, con todos sus matices, conecta con una larga tradición estadounidense. Ya Ronald Reagan presionó a los europeos para que gastaran más en defensa mientras protegía el flanco estratégico de la OTAN. La diferencia ahora es que el actual presidente está dispuesto a sacar consecuencias prácticas si no ve reciprocidad.

El enfado por Irán resume esa filosofía: Washington asume el coste militar y espera respaldo automático, pero los gobiernos europeos se resisten si no han sido consultados. En este tablero, España ocupa una posición cómoda pero vulnerable. Su gasto en defensa ronda el 1,3% del PIB, lejos del objetivo del 2% que reclama la OTAN, y depende de manera crítica de la cobertura militar estadounidense en el flanco sur y en el Mediterráneo.

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Un posible repliegue de tropas estadounidenses de Europa obligaría a España a reforzar sus capacidades militares con urgencia y pondría en riesgo la continuidad de bases como Rota y Morón, esenciales para la proyección de la Armada y el Ejército del Aire. Además, la tensión transatlántica puede enfriar las relaciones comerciales en un momento en que las empresas españolas —desde Navantia hasta los proyectos de ciberseguridad de Indra— miran al mercado estadounidense.

La cumbre de Ankara será, por tanto, mucho más que una foto de familia: definirá hasta qué punto la Alianza puede sobrevivir a una Casa Blanca que ya no cree en el consenso de la Guerra Fría.

Ficha del Caso

  • El caso: El secretario general de la OTAN visita la Casa Blanca para intentar reconducir la relación con Trump, gravemente dañada por la falta de apoyo europeo a la guerra de Irán y las amenazas de repliegue militar.
  • Datos clave: La operación del 28 de febrero contra Irán bloqueó el estrecho de Ormuz. Los aliados se negaron a participar. Trump cuestiona el Artículo 5 y habla de abandonar la OTAN. España, con un gasto en defensa por debajo del 2% del PIB, se vería directamente afectada.
  • Para España: Un distanciamiento de Washington obligaría a asumir mayores responsabilidades de defensa, incrementaría la presión presupuestaria y podría alterar el estatus de las bases de Rota y Morón, claves para la seguridad nacional.