El FSB tienta a Kash Patel en Moscú mientras Berlín expulsa espías rusos

Un destacado comentarista ruso insinúa que el FSB podría ofrecer al director del FBI material sobre los demócratas durante su visita a Moscú, semanas antes de las elecciones legislativas estadounidenses. Alemania, por su parte, redobla la presión con la expulsión de 80 agentes ru

El director del FBI, Kash Patel, aterrizará en Moscú en pocas semanas y el Kremlin ya calienta el terreno. Un destacado comentarista del Instituto de Estudios de EE.UU. y Canadá de la Academia de Ciencias rusa, Vladimir Vasiliev, ha dejado caer en el diario Moskovski Komsomolets —un altavoz habitual del FSB— que el Servicio Federal de Seguridad podría ofrecer a Patel información comprometedora sobre el Partido Demócrata. El viaje, apenas unas semanas antes de las elecciones legislativas de noviembre de 2026, convierte la cita en una operación de inteligencia en toda regla, y no en una mera visita de cortesía.

Moscú tiende la trampa a Patel: el FSB y el ‘kompromat’

Vasiliev lo verbalizó sin tapujos: ‘Se asume que Rusia tiene algún tipo de kompromat sobre los demócratas, y podríamos facilitarlo, de una forma u otra, a la parte estadounidense’. Acto seguido añadió la pregunta que todo agente de inteligencia reconoce: ‘Moscú podría preguntar, naturalmente, ¿qué obtendremos a cambio?’. La dinámica es un clásico del oficio: el FSB ofrecería un activo de valor a cambio de algo — acceso, influencia o simplemente dejar una deuda pendiente con un alto responsable del FBI que ya ha demostrado una lealtad férrea a Donald Trump.

No es la primera vez que Patel coquetea con los servicios rusos. A finales del mes pasado, realizó un viaje poco cubierto a Pekín para forjar lazos con las fuerzas de seguridad chinas. La gira por dos capitales rivales de Occidente en pleno año electoral estadounidense es, como mínimo, una anomalía operativa que cualquier analista de contrainteligencia lee con alarma.

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Le adelanto que el FSB maneja estos encuentros con un manual que conozco bien. No esperan una entrega formal de documentos clasificados en una bandeja de plata; juegan a la ambigüedad, a la insinuación, a crear un clima de reciprocidad que luego explotan durante años. Y si el interlocutor muestra debilidad —ideológica o personal—, la operación ya está ganada.

Berlín barre a los espías rusos: la ofensiva alemana

Mientras la trama de Patel se cuece, Alemania ha expulsado a 400 ciudadanos rusos desde 2022, de los cuales al menos 80 eran agentes de inteligencia bajo cobertura diplomática, según el diario Bild. La cifra no es menor: supone una de las mayores purgas de oficiales de inteligencia rusos en suelo europeo desde la Guerra Fría. El Servicio de Contrainteligencia Militar alemán (MAD) y la BfV llevan meses rastreando redes ilegales que operaban con cobertura comercial y académica, explotando el tradicional aperturismo alemán hacia Rusia.

A esto se suma un dron explosivo hallado cerca de aviones ucranianos en un aeropuerto alemán, atribuido por la inteligencia estadounidense a Rusia. Fuentes del WSJ citan evaluaciones que alertan de que Putin podría probar la determinación de la OTAN con una incursión limitada en un país aliado en los próximos años. El flanco oriental europeo se ha convertido en un tablero de ajedrez donde cada movimiento se mide en gramos de polonio.

De hecho, llevo años insistiendo en que las expulsiones masivas son una medida de contrainteligencia burda pero efectiva: eliminas al personal bajo cobertura diplomática que, en realidad, son oficiales del SVR o del GRU. Sin embargo, los auténticos ilegales —los durmientes sin pasaporte diplomático— siguen ahí, y son los que de verdad preocupan al CNI y a sus homólogos europeos.

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Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

Permítame que suba la mirada. Lo que está ocurriendo no es una simple provocación diplomática; es una operación de influencia a varios carriles. El FSB utiliza a Patel como vector de acceso —Moscú necesita desesperadamente romper el aislamiento impuesto por Washington tras la guerra en Ucrania—. Y si de paso logra sembrar la duda sobre la legitimidad demócrata, mejor que mejor.

El vector de amenaza que identifico es una clásica operación HUMINT con cobertura diplomática: un acercamiento personal, con concesiones selectivas y la construcción de una deuda de gratitud que luego se cobra. Las agencias implicadas son, por un lado, el FSB (atacante, ofreciendo supuesta información sensible) y, por otro, el FBI (defensor, con un director que podría ser objeto de reclutamiento o, al menos, de manipulación). Los terceros que observan con atención son los servicios aliados de Five Eyes, especialmente el MI6 y el SIS australiano, que ven en Patel a un eslabón débil en la cadena de seguridad transatlántica.

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En cuanto al nivel de clasificación estimado, si el kompromat existe de verdad —es decir, si los demócratas estadounidenses han incurrido en algún comportamiento susceptible de ser explotado—, estaríamos hablando de material con clasificación ‘Top Secret’ o equivalente, manejado con técnicas de compartimentación extremas. Pero también cabe la posibilidad de que sea un farol: los servicios rusos son maestros en fabricar operaciones de bandera falsa y en presentar desinformación como inteligencia genuina.

Me recuerda inevitablemente al viejo caso de los ‘Cambridge Five’ o, más recientemente, a la red de Anna Chapman, aquella agente ilegal del SVR desarticulada en 2010. El FSB siempre ha preferido el cultivo lento de las fuentes humanas antes que el ataque frontal. Y Patel, con su retórica conspiranoica y su cercanía al trumpismo más duro, representa un objetivo de alto valor en términos de influencia política.

El espionaje no se mide por las redes que se desmantelan, sino por las que siguen vivas el tiempo suficiente como para que ya no importe.

No se equivoque conmigo: lo que está en juego no es solo la credibilidad del FBI. Es la capacidad de los servicios occidentales para distinguir entre un contacto operativo legítimo y una operación de compromiso. Y en este tablero, España no es un espectador pasivo. El CNI mantiene un pulso constante con el SVR y el GRU en Madrid, donde los oficiales de inteligencia rusos, a menudo bajo cobertura de la embajada, siguen muy activos. Fuentes de la Casa de Castelló consultadas por esta redacción admiten que la alerta es ‘máxima’ desde que se confirmó el viaje de Patel a Moscú.

Cierro con una reflexión abierta: el próximo informe del ODNI sobre amenazas globales, que se espera para finales de año, tendrá que aclarar si la comunidad de inteligencia estadounidense considera este episodio como un fracaso de contrainteligencia o como una operación de bandera falsa rusa. Mientras tanto, el FSB ya ha movido ficha.