EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Entre el 23 y el 24 de septiembre, Moldavia, Rumanía y Polonia registraron incursiones de drones y explosiones en su territorio, además de un incendio declarado como sabotaje en una estación de Starlink cerca de Varsovia.
- ¿Quién está detrás? Polonia y Moldavia apuntan a Moscú; Rumanía mantiene la cautela. La UE y la OTAN buscan una respuesta coordinada que todavía no ha llegado.
- ¿Qué impacto tiene? Cierres de espacio aéreo y de pasos fronterizos y un informe no confirmado sobre posibles ataques con drones en el Mediterráneo que salpicarían a España e Italia.
La guerra híbrida de Rusia contra la UE ya no es una hipótesis: drones y sabotajes sacuden su flanco este a diario. Lo que hasta el verano se despachaba en Bruselas como incidentes aislados se ha convertido en una campaña sostenida que fuerza a la OTAN y a las instituciones comunitarias a improvisar una respuesta que, por ahora, no acaba de concretarse.
El verano que enterró la etiqueta de ‘guerra híbrida’
Durante meses, la línea oficial en Bruselas y en el cuartel general aliado consistió en rebajar la intensidad de cada episodio. Cuando un dron ruso impactó contra un edificio en la ciudad rumana de Galati a finales de mayo de 2026, la mayoría de los portavoces europeos evitó atribuir a Moscú una acción deliberada. Se hablaba, como mucho, de guerra híbrida.
Desde el verano de 2026 ese discurso se ha agrietado. En varios países de Europa Central y Sudoriental se registran ya casi a diario sobrevuelos o explosiones de drones, y los ataques rusos contra Ucrania disparan alarmas aéreas y cierres del espacio aéreo en las regiones fronterizas.
Para los países bálticos, Polonia, Moldavia y Rumanía, la contienda dejó hace tiempo de ser meramente híbrida. Sus dirigentes hablan sin rodeos de acciones deliberadas de Rusia y reclaman a Bruselas que deje de tratar cada incidente como un caso aislado. A los sabotajes y los sobrevuelos se suman la injerencia electoral y los ciberataques contra infraestructuras civiles.
Incursiones, sabotajes y un helicóptero: las 48 horas que encendieron las alarmas

El jueves 24 de septiembre, Moldavia registró cuatro incursiones de drones: dos aparatos explosionaron, se hallaron restos de un tercero y el espacio aéreo del norte del país se cerró de forma temporal. En Rumanía, dos drones violaron el espacio aéreo y uno explosionó cerca de Solca, a 30 kilómetros de Suceava, lo que obligó a clausurar un paso fronterizo con Ucrania. Polonia movilizó dos veces cazas de la OTAN por ataques rusos cerca de su frontera y evacuó dos pasos.
Lo que hace un año se despachaba como incidente aislado es hoy una campaña sistemática que obliga a la UE a reescribir su propia doctrina defensiva.
La noche anterior, las autoridades polacas declararon un incendio en una estación terrestre de Starlink en Wola Krobowska, a 40 kilómetros al sur de Varsovia. Propiedad de la empresa estatal Exatel, canaliza tráfico de internet hacia Ucrania. El Gobierno polaco lo calificó de sabotaje. Ese mismo miércoles, un helicóptero ruso Mi-8 procedente de Kaliningrado penetró 300 metros en el espacio aéreo polaco y permaneció allí 42 segundos, según el Ejército.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, sostuvo que Rusia perfecciona sus ‘repugnantes formas de presión’. ‘Putin quiere desgastar a Ucrania destruyendo su infraestructura industrial y energética, pero también quiere desgastar a Europa’, declaró. El viceprimer ministro Krzysztof Gawkowski añadió que ‘muchos indicios’ señalan al sabotaje y que el objetivo era cortar el acceso del Ejército ucraniano a internet.
La presidenta moldava, Maia Sandu, denunció que el ataque ruso contra Ucrania había ‘alcanzado de nuevo’ a su país. Rumanía fue más cauta: su ministro de Defensa, Radu Miruta, pidió una protesta diplomática y sugirió que el dron caído presenta ‘nuevas características técnicas’. El presidente, Nicusor Dan, recordó ante la Asamblea General de la ONU que Europa vive ‘el quinto año’ de una guerra de agresión ilegal, mientras el periodista Gabriel Bejan reprochaba a la clase política tener ‘miedo de pronunciar la palabra que empieza por R’.
El Eje del Poder Europeo
La geometría de esta crisis no se parece a la de las anteriores. No hay un eje franco-alemán que tire del carro ni un grupo de frugales que frene el gasto. Lo que hay es un frente este —Bálticos, Polonia, Rumanía, Moldavia— que soporta la presión y reclama a Berlín y a París el coste político de nombrar a Moscú como agresor. La cautela rumana ante los drones y la negación francesa ante el supuesto informe mediterráneo dibujan un patrón conocido: quien está lejos del frente tarda más en llamar a las cosas por su nombre.
Para España, la alerta es doble. La información publicada por el diario El Mundo sobre un supuesto informe de la CIA situaría a Italia, Francia y España en el punto de mira de drones rusos lanzados desde buques de la flota fantasma en aguas internacionales del Mediterráneo. No hay confirmación oficial y Macron negó que la CIA avisara a sus servicios, aunque calificó de ‘plausible’ un eventual ataque ruso contra Europa. Además, la dependencia española de infraestructuras críticas —cables submarinos, puertos, y redes eléctricas— la convierte en un objetivo sensible ante cualquier escalada híbrida.
La advertencia danesa merece leerse con atención. Representantes de Defensa, la inteligencia militar y el Estado Mayor sostienen que Rusia intensificará en los próximos meses su guerra híbrida con ‘ataques más frecuentes’ y ‘consecuencias mayores’. El ministro Jeppe Bruus lo resumió sin adornos: la situación es ‘más grave que en cualquier otro momento desde el final de la Guerra Fría’. El precedente no es menor. En 2014, tras Crimea, la UE tardó meses; en 2022, con la invasión de Ucrania, las sanciones llegaron en días. La pregunta es en qué casilla cae ahora una campaña que no dispara misiles, pero cierra escuelas, aeropuertos y pasos fronterizos.
Observamos un patrón que se repite: cada incidente se atribuye con condicional, cada respuesta se aplaza a la próxima reunión y, mientras tanto, Moscú acumula terreno sin cruzar ninguna frontera. La respuesta coordinada de la UE y de la OTAN sigue sin cifra ni calendario cerrados. El próximo Consejo Europeo y los foros aliados tienen sobre la mesa una decisión incómoda: endurecer la lectura híbrida del artículo 5 de la OTAN —el de la defensa colectiva— o seguir gestionando la presión caso por caso.

