Muere la princesa Astrid de Noruega y doce días después fallece su perra Wilma

El chihuahua Wilma, de 12 años, era la presencia más constante de la princesa, a la que acompañaba desde que se desplazaba en silla de ruedas. La Casa Real noruega ha confirmado el fallecimiento en pleno periodo de luto oficial.

La princesa Astrid de Noruega, hermana mayor del rey Harald V, falleció a los 94 años en Oslo. Doce días después, la Casa Real noruega confirmaba la muerte de Wilma, el chihuahua de 12 años que la acompañó hasta el final y que se había convertido en su presencia más constante desde que la princesa empezó a desplazarse en silla de ruedas.

La noticia, adelantada por la televisión pública noruega NRK, añade una pérdida más a un otoño ya de por sí sombrío en la corte de Oslo. La casa real noruega confirmó después que el animal llevaba tiempo enfermo y que se apagó rodeado de los suyos, apenas unos días después de la despedida oficial de su dueña.

El último adiós en la iglesia de Ris

Las exequias de la princesa se celebraron el 23 de septiembre en la iglesia de Ris, en el norte de la capital noruega, en una ceremonia marcada por la emoción y el recuerdo. Hasta allí se desplazó la práctica totalidad de la familia real, encabezada por el nuevo rey, Haakon VIII.

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El monarca cargó el féretro de su tía junto a sus primos, mientras la reina Mette-Marit, visiblemente afectada, recibió el apoyo de su hija, la princesa Ingrid Alexandra. También acudió la princesa heredera Victoria de Suecia, que viajó a Oslo para acompañar a sus primos noruegos en un duelo compartido entre las dos coronas escandinavas.

Los perros ocuparon siempre un lugar central en la vida de Astrid. Adoptó a sus dos últimos animales, Tarzan y Wilma, en refugios, y la propia Casa Real recordó tras su muerte que el primero le fue regalado por sus padres cuando cumplió dos años. Desde entonces, ningún tramo de su biografía se entendió sin ellos.

Wilma, una presencia inseparable hasta el final

En los últimos años, el pequeño chihuahua se convirtió en mucho más que una mascota. Wilma lo es todo para mí’, había confesado la princesa en una entrevista concedida a NRK a principios de año, cuando su salud ya obligaba a extremar los cuidados.

En las monarquías del norte, un perro en el regazo cuenta a veces la soledad de una princesa mejor que cualquier comunicado oficial.

Durante su última hospitalización, el animal quedó al cuidado de uno de sus cinco hijos. La Casa Real comunicó el fallecimiento a través de su asesor de comunicación, Simen Sund: ‘Wilma también se quedó dormida plácidamente, tumbada donde se sentía más cómoda: en el regazo de una persona querida.

casa real noruega

Una corona escandinava en pleno duelo encadenado

La muerte de Astrid se produce en un contexto excepcional para la institución. El rey Harald V había fallecido el pasado 28 de agosto, a los 89 años y tras 35 años de reinado, y la familia había decretado un luto oficial que, según lo dispuesto por Haakon VIII, se extenderá hasta el 9 de octubre.

Ese encadenamiento de duelos sitúa a la Casa Real noruega ante un reto poco habitual: gestionar el relevo en el trono mientras despide, casi al mismo tiempo, a dos de sus figuras más longevas. La discreción ha sido la tónica. No ha habido grandes gestos públicos ni declaraciones solemnes más allá de lo estrictamente protocolario, y esa contención forma parte del carácter de una monarquía acostumbrada a administrar el silencio.

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La figura de Astrid, sin embargo merecía algo más que un obituario de trámite. Fue, durante décadas, la hermana discreta del rey, una presencia constante pero nunca protagónica que representó a la Corona en actos de todo tipo y que, en sus últimos años, se convirtió en un símbolo involuntario de la Noruega más amable. Su vínculo con los animales, y en particular con Wilma, humanizó a la institución sin que nadie lo buscara.

No es un fenómeno aislado. Las casas reales europeas han ido incorporando lo cotidiano, mascotas incluidas, como parte de su relato público, conscientes de que la cercanía comunica mejor que cualquier boletín oficial. La imagen de Astrid con Wilma en el regazo anticipó, sin pretenderlo, ese giro hacia lo humano que hoy cultivan otras coronas.

Queda por ver cómo articula Haakon VIII su primer tramo de reinado tras este otoño de luto. La agenda oficial permanece en suspenso hasta el 9 de octubre, y será a partir de entonces cuando se puedan leer las primeras señales de un reinado que arranca marcado por la pérdida. La Casa Real no ha confirmado aún los próximos actos públicos.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La muerte de la princesa Astrid, a los 94 años, priva a la Casa Real noruega de su miembro de mayor edad y coincide con el relevo en el trono tras el fallecimiento de Harald V.
  • El detalle de protocolo: El luto oficial decretado por Haakon VIII se extiende hasta el 9 de octubre, lo que condiciona toda la agenda pública de la familia real durante semanas.
  • Próximos pasos: La Casa Real no ha detallado nuevos actos oficiales; se espera que la actividad institucional se retome con normalidad tras el fin del duelo.