Ucrania intensifica ataques de drones contra refinerías rusas causando pérdidas de 13.000 millones en 2025

La campaña de drones ha infligido pérdidas millonarias pero la capacidad de reparación rusa evita un colapso. El respaldo de Washington y la tecnología de Palantir son claves en la ofensiva, con efectos directos sobre los precios del crudo y la economía española.

Ucrania ha intensificado su campaña de drones de largo alcance contra la infraestructura energética rusa, causando pérdidas superiores a los 13.000 millones de dólares en 2025, pero la capacidad de Moscú para reparar los daños y redirigir las exportaciones impide que la ofensiva sea decisiva. Los ataques, que han continuado en 2026, reflejan una nueva fase de la guerra donde la tecnología, la inteligencia artificial y el respaldo de Washington redefinen el campo de batalla.

La campaña de drones: evolución y efectividad

El salto cualitativo se produjo a finales de 2024, cuando la empresa ucraniana Fire Point introdujo el dron kamikaze FP-1, con un alcance de casi 1.600 kilómetros. Desde entonces, los ataques contra refinerías rusas se han disparado. Según el analista George Voloshin, en 2025 se registraron más de 150 impactos exitosos contra infraestructuras petrolíferas, una media de 13 a 17 al mes. En los primeros cinco meses de 2026, la cifra casi alcanza los 70, con picos como los 21 ataques de abril.

La incorporación de inteligencia artificial ha sido un multiplicador de fuerza. Ucrania utiliza el sistema PRISMA de Palantir para planificar las rutas de vuelo, explotando los puntos ciegos de los radares rusos. Así, los enjambres de drones logran saturar las defensas antiaéreas. El ataque más espectacular ocurrió la semana pasada, cuando cientos de aparatos alcanzaron refinerías y depósitos en la propia región de Moscú, generando enormes columnas de humo negro.

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Los drones han logrado dejar fuera de servicio a casi una cuarta parte de la capacidad total de refinado rusa en algún momento del último año.

Las cifras de daños son elocuentes: según el corredor de seguros Mains, las petroleras rusas perdieron más de 13.000 millones de dólares en 2025, de los cuales 1.290 millones corresponden a daños directos y el resto a lucro cesante. El impacto se concentra en las refinerías que suministran combustible a Moscú y a las regiones ocupadas de Ucrania, donde Kiev busca imponer el mayor coste político posible a la élite rusa.

La respuesta rusa: reparaciones y exportaciones récord

Pese a la contundencia de los golpes, Rusia ha demostrado una notable resiliencia. El antiguo ejecutivo de Gazprom Neft y hoy investigador del Carnegie Russia Eurasia Center, Sergey Vakulenko, detalla que la producción diaria de refinado cayó hasta en 700.000 barriles durante abril y mayo. Sin embargo, la habilidad rusa para reparar las unidades de procesamiento primario permite una recuperación errática: a finales de mayo, el bombeo de crudo bajó de 4 millones de barriles diarios, pero a principios de junio ya superaba los 4,5 millones.

El verdadero quebradero de cabeza son los daños en las unidades de craqueo que descomponen el petróleo en gasolina o queroseno, mucho más difíciles de arreglar porque requieren piezas importadas. Para sortear el problema, Moscú ha redirigido crudo que no puede refinar hacia exportaciones marítimas. De hecho, la semana pasada las exportaciones de crudo por mar alcanzaron su nivel más alto desde el inicio de la guerra, superando los 3,46 millones de barriles diarios, según la analista Tatiana Mitrova, de la Universidad de Columbia.

La Lógica de Washington

Estados Unidos ha sido un socio clave en la campaña. El suministro de inteligencia en tiempo real y la colaboración con Palantir permiten a Ucrania golpear con precisión quirúrgica. La Casa Blanca entiende que degradar la infraestructura energética rusa socava la capacidad del Kremlin para financiar la guerra, sin que Washington tenga que poner un solo soldado sobre el terreno. la lógica es similar a la de las sanciones: estrangular los ingresos del petróleo, pero esta vez desde dentro.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. El cierre del estrecho de Ormuz por la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán disparó los precios del crudo, llenando de nuevo las arcas rusas. Para España, que importa la práctica totalidad del petróleo que consume, la volatilidad del barril tiene un impacto directo en los surtidores y en la inflación subyacente. Empresas como Repsol no están expuestas a activos en Rusia, pero sí sufren las turbulencias del mercado global y los vaivenes de las primas de riesgo geopolítico.

El presidente Pedro Sánchez ha respaldado las sanciones europeas y mantiene el apoyo político a Kiev. Pero en los pasillos de La Moncloa preocupa que una escalada sin una salida negociada prolongue la factura energética para las familias y la industria españolas. Washington, de momento, sigue apostando por agravar el desgaste ruso, confiando en que la resiliencia del adversario tiene un límite. Las próximas ventanas diplomáticas —la cumbre de la OTAN de julio y la reunión del G20 en septiembre— pondrán a prueba si la ofensiva de los drones se traduce también en concesiones sobre el terreno.

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Ficha del Caso

  • El caso: Ucrania ha intensificado su campaña de drones contra las refinerías rusas, con pérdidas millonarias para Moscú y la implicación directa de inteligencia y tecnología estadounidense.
  • Datos clave: Más de 13.000 millones de dólares en pérdidas para las petroleras rusas en 2025; 150 ataques exitosos ese año y casi 70 en lo que va de 2026; la producción de refinado ha caído hasta en 700.000 barriles diarios en los peores momentos, aunque Moscú compensa con exportaciones récord de crudo.
  • Para España: La inestabilidad en el mercado del crudo encarece la factura energética y presiona la inflación. El Gobierno apoya a Ucrania pero teme que una guerra prolongada agrave el coste económico para los hogares y las empresas españolas.