Centenares de personas han protagonizado esta pasada noche un nuevo intento de asalto masivo a la valla de Ceuta, según admiten fuentes oficiales de la Delegación del Gobierno en Ceuta. Aunque las fuerzas de seguridad de Marruecos lograron frenar la avalancha en su propio territorio antes de que alcanzaran la zona fronteriza, la tensión es máxima. El delegado del Ejecutivo de Pedro Sánchez, Miguel Ángel Pérez Triano, se ha visto obligado a monitorizar la situación de urgencia desde primera hora en su despacho, un escenario que fuentes de su gabinete intentan restar importancia asegurando que este desafío «ni mucho menos» se parece a la crisis histórica de finales de julio.
La sombra de los días 30 y 31 de julio —cuando las costuras del control fronterizo reventaron y unas 80.000 personas entraron ilegalmente por el espigón del Tarajal— sigue pesando sobre la gestión gubernamental. El despliegue de Rabat llega tras días de alertas en redes sociales que convocaban un nuevo asalto masivo para este sábado. Para blindar la zona, las autoridades marroquíes han tenido que recurrir a medidas extremas: colocación de concertinas, apuntalamiento de tramos débiles en la valla y la instalación de pilares de acero con redes y alambres sumergidos en el mar para taponar la vía acuática. En el lado español, la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército permanecen en alerta con patrullas marítimas y terrestres.
El impacto político de la crisis ha forzado además un cambio de planes en el Consejo de Ministros. La titular de Sanidad, Mónica García, ha tenido que adelantar a toda prisa su viaje a la ciudad autónoma para este domingo, dos semanas después del estallido migratorio y rompiendo la agenda oficial que preveía su visita para finales de mes. El movimiento evidencia el nerviosismo en Madrid ante una competencia que recae directamente sobre su Ministerio, con unos centros hospitalarios ceutíes al borde del colapso.
