Pete Hegseth paraliza el recorte de tropas de EE.UU. en Europa y la OTAN respira

El secretario de Defensa frena el plan que retiraba destructores, cazas y drones de Europa. España, con las bases de Rota y Morón, ve asegurada la presencia militar americana en el flanco sur de la OTAN.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha frenado el plan de retirada de tropas y equipos de Europa que llevaba semanas gestándose en el Pentágono.
  • ¿Quién está detrás? La decisión, coordinada con el secretario de Estado Marco Rubio y otros altos cargos de la Casa Blanca, revierte una reducción que ya había comenzado en mayo.
  • ¿Qué impacto tiene? La OTAN mantiene su capacidad disuasoria frente a Rusia y España asegura la continuidad de las bases de Rota y Morón como pilares del flanco sur aliado.

Pete Hegseth ha paralizado el recorte de tropas de Estados Unidos en Europa que llevaba semanas gestándose en el Pentágono. El secretario de Defensa de la administración Trump retiró de la agenda una reducción masiva de medios y efectivos justo antes de anunciarla en una reunión en Bruselas el pasado mes de junio, según reveló el Wall Street Journal citando fuentes conocedoras del asunto.

El plan contemplaba retirar unos 50.000 millones de dólares en equipos –desde cazas F-15 hasta drones MQ-4 y MQ-9 Reaper–, además de reducir a la mitad los destructores y los bombarderos estratégicos en el teatro europeo. También afectaba a los buques de patrulla marítima y dejaba al único submarino lanzamisiles de crucero fuera de la región. La señal era inequívoca: Washington replegaba el paraguas militar que ha sostenido la seguridad del continente desde 1945.

Hegseth compartió la propuesta con Marco Rubio –secretario de Estado y asesor de seguridad nacional– y con otros cargos relevantes de la Casa Blanca. En ese círculo se tomó la decisión de tumbar el recorte. La decisión de de detener la medida no se comunicó oficialmente, pero el giro quedó patente en las sucesivas contradicciones operativas: en mayo el Pentágono ya había eliminado uno de los cuatro equipos de combate de brigada (4.000 soldados cada uno) y, casi al mismo tiempo, Donald Trump prometió enviar 5.000 soldados adicionales a Polonia tras la elección del presidente Nawrocki. El recorte iba en serio, pero alguien pisó el freno.

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Un frenazo a la retirada que iba a anunciarse en Bruselas

Los números del plan original asustan. Un tercio de los F-15 y F-15E, una quinta parte de los aviones cisterna KC-135 y KC-46, y la mitad de los drones Reaper abandonaban el espacio aéreo europeo. En el mar, casi la mitad de los aviones de patrulla marítima y de los destructores, junto con el único submarino con misiles de crucero, dejaban de operar bajo mando de la OTAN. Todo ese material, valorado en 50.000 millones de dólares, iba a regresar a casa o reasignarse al Indo-Pacífico.

El movimiento no era improvisado. Desde mayo se habían filtrado señales: recortes de brigadas, traslados de equipos, declaraciones ambiguas del presidente Trump. Pero la reunión de Hegseth en Bruselas iba a ser el anuncio formal. No ocurrió. En su lugar, el Pentágono guardó silencio y los aliados europeos comenzaron a respirar más tranquilos. La OTAN no podía permitirse perder en un año la mitad de su poder aéreo y naval sin que Rusia leyera debilidad.

Las bases de Rota y Morón habrían sido dos de las grandes perjudicadas. Su blindaje actual consolida a España como eje del flanco sur de la OTAN.

Qué cambia para la seguridad europea y para las bases españolas

España observa el giro desde una posición estratégica privilegiada. La base naval de Rota alberga destructores de la clase Arleigh Burke equipados con el sistema antimisiles Aegis, pieza clave del escudo de la OTAN. La base aérea de Morón es el principal punto de proyección del Cuerpo de Marines hacia África. Cualquier recorte que retirara destructores o aviones de patrulla marítima habría debilitado la capacidad de vigilancia del Mediterráneo y del Estrecho de Gibraltar, por donde transitan cada año 100.000 buques y el 20 % del tráfico mundial de petróleo.

La OTAN llevaba meses conteniendo la respiración. La guerra en Ucrania se encrudece y los ataques rusos con misiles Oreshnik sobre Kyiv demuestran que el Kremlin escala sin complejos. Con una presencia militar estadounidense intacta en Europa, la disuasión sigue creíble. Sin ella, el flanco este –y por extensión el sur– quedaría expuesto a presiones que Moscú sabe explotar. En este contexto, el frenazo de Hegseth es un mensaje de continuidad que Moncloa y el Partido Popular recibirán con alivio, aunque el Gobierno evitará exhibirlo mientras negocia los presupuestos de defensa.

La Lógica de Washington

Entender por qué Hegseth echó el freno exige mirar el tablero desde el Despacho Oval. La administración Trump llegó al poder con la bandera de que los aliados europeos debían pagar más por su propia defensa. Pero entre el discurso y la realidad operativa hay una distancia que los estrategas del Pentágono conocen bien: retirar medios de Europa sin una alternativa creíble es regalarle a Putin una ventana de oportunidad. La escalada rusa con el misil Oreshnik sobre Kyiv y los bombardeos masivos de mayo cambiaron el cálculo. Permitir que Rusia interpretara una retirada como debilidad habría sido un error estratégico que ni Marco Rubio ni los mandos militares estaban dispuestos a asumir.

Además, el Congreso empuja en dirección contraria. El borrador de la National Defense Authorization Act (NDAA) para 2027 –la ley que autoriza el gasto en defensa– incluye una cláusula que obliga al secretario de Defensa a proporcionar apoyo de inteligencia a Ucrania para recuperar Crimea. Aunque la votación está atascada por las luchas internas en el Capitolio, el mensaje bipartidista es claro: no se abandona a los aliados. Así que el Pentágono decidió que lo más sensato era no precipitar una fractura con la OTAN mientras el Senado debate cómo ayudar a Kyiv.

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Para España, la lectura es inmediata. Si el recorte se hubiera ejecutado, los destructores de Rota habrían perdido masa crítica en el Mediterráneo y los vuelos de vigilancia desde Morón se habrían reducido drásticamente. La capacidad española para influir en la seguridad del Sahel y del Magreb se habría resentido. Mantener esos activos operativos bajo bandera estadounidense es, para Madrid, un seguro geopolítico que ningún Gobierno quiere perder. El precedente histórico está en la expansión de la OTAN hacia el este en 1999: cuando Washington mostró músculo, la alianza se fortaleció; cuando insinuó repliegues, Moscú avanzó. Hegseth parece haber aprendido la lección.

Ficha del Caso

  • El caso: El secretario de Defensa Pete Hegseth detiene el plan de retirada de 50.000 millones de dólares en equipos militares de Europa, revertiendo recortes previos y tranquilizando a la OTAN.
  • Datos clave: Un tercio de cazas F-15, la mitad de destructores y drones Reaper, y el submarino lanzamisiles iban a dejar el teatro europeo. La decisión se coordinó con Marco Rubio y la Casa Blanca.
  • Para España: Las bases de Rota y Morón mantienen su estatus como pilares del flanco sur de la OTAN, garantizando la presencia naval y aérea estadounidense en el Mediterráneo.