El euro digital avanza: la Comisión de Asuntos Económicos respalda límite sin intereses

La comisión parlamentaria da luz verde a los textos legislativos que definirán la moneda digital del BCE. El límite de tenencia sin intereses y la revisión bianual encienden el debate sobre la privacidad y el ahorro en España.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo ha respaldado el paquete legislativo que impulsa el euro digital, fijando un límite de tenencia por persona sin intereses.
  • ¿Quién está detrás? El impulso corresponde al BCE y a la Comisión Europea, con el voto de la comisión parlamentaria como paso previo al pleno de la Eurocámara.
  • ¿Qué impacto tiene? El límite sin intereses busca que el euro digital sea un medio de pago y no un activo de ahorro, lo que afectará a la banca tradicional y a los hábitos de ahorro de los españoles.

La Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo ha dado esta mañana un espaldarazo casi definitivo al euro digital. El voto ha sido ajustado, pero suficiente: los tres textos legislativos que definirán la moneda digital del Banco Central Europeo (BCE) han salido adelante con el respaldo de populares, socialdemócratas y liberales. El próximo paso, el más visible, será el voto en el pleno de la Eurocámara previsto antes del receso estival. Si nada se tuerce, la moneda digital europea empezará a ser una realidad regulatoria antes de final de año.

El corazón del paquete aprobado hoy es doble. Por un lado, se establece un límite máximo de tenencia por persona —el importe en euros digitales que cualquier ciudadano podrá poseer— que se revisará cada dos años. Por otro, se prohíbe expresamente el pago de intereses por esos saldos. La intención de Bruselas y Fráncfort es que el euro digital sea un instrumento de pago y no un refugio que compita con los depósitos bancarios o los bonos soberanos, evitando así una fuga masiva de depósitos en una crisis.

Las crónicas del voto confirman que la cuantía exacta del límite se dejará para normas técnicas posteriores. No obstante, fuentes del BCE consultadas durante la fase piloto han manejado cifras de entre 3.000 y 4.000 euros por persona. La revisión bianual permitiría ajustarlo según la inflación o la evolución del uso, pero siempre bajo el principio de que el dinero digital del banco central no puede pagar intereses. «El ahorro se queda en la banca comercial; el pago, en la CBDC», resumen fuentes comunitarias.

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Por qué Europa acelera ahora la moneda digital

Hace apenas tres años que el BCE inició la fase de investigación de su CBDC (Central Bank Digital Currency). Pero el terreno ha cambiado por completo. Pekín ya tiene más de 260 millones de usuarios de yuan digital. La Reserva Federal avanza, aunque sin urgencia, hacia un dólar digital. Y la fragmentación de los pagos en Europa —con gigantes estadounidenses dominando las tarjetas y las fintech— se ha convertido en un riesgo geoeconómico para la autonomía del euro.

En ese tablero, la Comisión Europea y el BCE entienden que cada año perdido es un año regalado a Visa, Mastercard o a futuros proyectos como Libra. La banca tradicional europea, sin embargo, teme que un euro digital desintermediado erosione su negocio de depósitos. Por eso el BCE ha insistido en que el euro digital no sustituye al efectivo —cuyo uso sigue cayendo— sino que lo complementa, y que los límites de tenencia protegerán la estabilidad financiera.

Qué cambiará para los ahorradores y las empresas españolas

España es uno de los países de la Eurozona con mayor propensión al uso de efectivo en pequeños pagos, pero también con una banca muy concentrada. La llegada del euro digital podría acelerar la digitalización de los pagos y, al mismo tiempo, retar a las entidades a ofrecer servicios de valor añadido que compitan con lo que dará gratis el BCE: un monedero digital público con pagos instantáneos y sin comisiones.

La prohibición de intereses es, con todo, el punto más polémico para el ahorrador español. En un entorno en el que los tipos vuelven lentamente a terreno positivo, el ciudadano verá cómo su dinero en el banco comercial puede rendir, pero el saldo digital en el BCE no. La banca española, a través de la Asociación Española de Banca (AEB), ya ha advertido de que un límite bajo y sin remuneración podría distorsionar la captación de depósitos, aunque reconoce que el modelo europeo es más prudente que el chino.

Las empresas, en cambio, ven en el euro digital una oportunidad para reducir el coste de los pagos transfronterizos. Un comercio en Ciudad Real que venda a un cliente de Berlín podría cobrar al instante y sin comisiones de intercambio. La Comisión ha prometido que la infraestructura estará lista para 2028, aunque fuentes de la Eurocámara creen que la primera fase de emisión podría retrasarse hasta 2030.

moneda digital

El Eje del Poder Europeo

El euro digital es, en realidad, un espejo de las fracturas internas de la Unión. Francia ha sido el gran impulsor político, viendo en la CBDC una herramienta de soberanía frente al dólar. Alemania ha mantenido un perfil mucho más cauto, con la Bundesbank poniendo el foco en la privacidad y el límite de tenencia como salvaguarda. Los países del norte, liderados por Países Bajos y Finlandia, han insistido en que cualquier moneda digital debe estar anclada a la lucha contra el blanqueo, lo que ha encendido las alarmas de los defensores de la privacidad. En el sur, España e Italia han mantenido un apoyo pragmático, conscientes de que la infraestructura digital de pagos del BCE puede beneficiar a pymes y consumidores, pero sin querer acelerar más de lo que dicta Fráncfort.

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El límite sin intereses es el punto de fricción más fino: convierte al euro digital en un carril de pago público y deja al ahorro privado dentro del perímetro de la banca comercial.

Es una línea roja que Bruselas y Fráncfort no van a traspasar. De hecho, la decisión de la comisión parlamentaria incluye salvaguardas para que el BCE no pueda emitir más euros digitales de los que tiene en balance. Eso ata de pies y manos cualquier tentación futura de usar la moneda digital como canal de política monetaria no convencional. Sin embargo, el recelo de la opinión pública —avivado por el debate sobre la desaparición del efectivo— no se apagará con argumentos técnicos. La Comisión Europea ha insistido en que el efectivo seguirá siendo de curso legal, pero la experiencia china muestra que una vez que el pago digital se convierte en norma, el billete físico languidece.

La clave para España estará en cómo se combine el euro digital con los servicios bancarios. El Banco de España lleva meses participando en el grupo de trabajo del Eurosistema y ha defendido públicos un sistema que no compita con los bancos, sino que les ofrezca una pasarela para innovar. La banca española, con una alta capilaridad de sucursales, ve con buenos ojos un límite de tenencia relativamente alto —cerca de los 4.000 euros— para que los clientes sigan necesitando sus depósitos. El próximo pleno de la Eurocámara, que se espera para después del verano, dejará claro si esa cifra se inclina hacia el umbral más conservador que reclaman los bancos o hacia el más abierto que defienden las asociaciones de consumidores.