Trump ganó hasta 2,3 millones en cripto tras la retirada de casos de la SEC contra Coinbase y Robinhood

Las declaraciones financieras del presidente afloran 2,3 millones en recompensas de staking tras el archivo de las investigaciones a las plataformas. La Casa Blanca niega conflicto de intereses y atribuye las operaciones a gestores independientes.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las declaraciones financieras de 2025 muestran que Donald Trump ganó hasta 2,3 millones de dólares en recompensas por staking de criptomonedas a través de Coinbase, además de operar con acciones de la propia Coinbase y de Robinhood.
  • ¿Quién está detrás? Las operaciones coinciden con el archivo por parte de la SEC (la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos) de las investigaciones contra ambas plataformas en febrero de 2025, bajo la administración Trump.
  • ¿Qué impacto tiene? El caso reaviva el debate sobre los conflictos de intereses del presidente, aunque la Casa Blanca insiste en que sus activos los gestionan terceros de forma independiente. Para España, la eventual consolidación de un marco cripto más laxo en Washington podría facilitar la expansión de empresas fintech españolas que operen con activos digitales.

Las declaraciones financieras de Donald Trump correspondientes a 2025, hechas públicas el martes por la Oficina de Ética Gubernamental de Estados Unidos (OGE), revelan que el presidente obtuvo unos ingresos de hasta 2,3 millones de dólares en recompensas de staking de criptomonedas a través de Coinbase y realizó frecuentes compras y ventas de acciones de la misma Coinbase y de Robinhood.

Estas operaciones se produjeron en los meses posteriores a que la SEC —el organismo regulador de los mercados financieros en Estados Unidos— archivara las investigaciones contra ambas empresas por presuntamente operar como plataformas de valores no registradas. Un giro regulatorio que había sido una de las promesas de campaña del propio Trump.

Lo que muestran los números: staking, dividendos y plusvalías

El documento de 927 páginas detalla que, durante 2025, las cuentas de inversión del presidente realizaron ocho ventas de acciones de Coinbase por un valor conjunto de entre 334.000 y 760.000 dólares, y quince compras de la misma empresa por entre 310.000 y 875.000 dólares. Las cifras llaman la atención por el momento en que se movieron.

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En paralelo, Trump declaró haber recibido entre 1.001 y 2.500 dólares en dividendos de Coinbase y hasta 16.000 dólares en plusvalías por la venta de sus títulos. Sin embargo, la partida más abultada procede de dos acuerdos de staking con la misma plataforma: uno generó 510.808 dólares en recompensas y el otro 1.821.628, sumando así los 2,3 millones.

Se trata del mecanismo por el cual un inversor bloquea temporalmente sus criptomonedas para ayudar a validar transacciones en una red de prueba de participación, como Ethereum, y recibe a cambio tokens recién emitidos. Coinbase actúa como intermediario técnico a cambio de una comisión. Este ingreso se asemeja al devengo de intereses continuos, y por eso en la declaración no aparece como un pago único sino como rendimiento agregado del año.

En cuanto a Robinhood, Trump compró acciones de la compañía en doce ocasiones entre marzo y noviembre de 2025 por un monto total de entre 359.000 y 910.000 dólares, y vendió una pequeña parte por entre 31.000 y 115.000. Al cierre del ejercicio, sin embargo, esas participaciones no habían generado beneficios significativos. La casilla de ingresos de Robinhood en el formulario muestra la anotación estándar: “Ninguno (o menos de 201 dólares)”.

El giro de la SEC: los casos cerrados y el nuevo clima regulatorio

El 21 de febrero de 2025, la División de Cumplimiento de la SEC comunicó a Robinhood el cierre de la investigación que mantenía abierta desde hacía un año sobre sus listados de criptoactivos, sin intención de emprender acciones disciplinarias. Menos de una semana después, el 27 de febrero, la propia SEC retiró voluntariamente la demanda civil contra Coinbase, abierta desde 2023, en la que acusaba a la plataforma de actuar como bolsa, bróker y agencia de compensación sin registrarse.

El argumento oficial de la SEC fue que el archivo facilitaba “los esfuerzos en curso de la Comisión para reformar y renovar su enfoque regulador de la industria de las criptomonedas”, y no una valoración sobre el fondo de las acusaciones. La decisión descansaba, en la práctica, sobre el trabajo del Crypto Task Force, el grupo asesor creado bajo la presidencia de Trump para suavizar la aplicación de las leyes de valores a los activos digitales.

Cuando el presidente compra acciones de empresas que acaban de librarse de una investigación de su propia administración, el argumento de los gestores independientes choca con la cronología.

La paradoja está servida: el día 29 de enero de 2025, antes de que se cerraran ambos casos, el presidente ya había realizado una compra aislada de acciones de Coinbase y otra de Robinhood. Pero las operaciones más intensas, las decenas de movimientos en cartera, llegaron en los meses siguientes al carpetazo de la SEC, en plena revalorización de unas compañías beneficiadas por el nuevo clima político.

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La lógica de la Casa Blanca

Desde Washington, la explicación es nítida. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, declaró que todos los activos del presidente están depositados en “cuentas plenamente discrecionales gestionadas por instituciones financieras independientes de terceros” y negó categóricamente la existencia de conflicto de intereses. El propio Trump repitió días después que no habla con los gestores de su patrimonio y que ni siquiera está “implicado” en el proceso de asesoramiento.

Esa línea de defensa tiene un precedente claro: durante su primer mandato, el magnate ya delegó la administración de sus empresas en sus hijos y en un fideicomiso, aunque sin llegar a la desinversión total que sí practicaron otros presidentes. La diferencia ahora es que las tenencias incluyen compañías directamente expuestas a las decisiones de un regulador que él nombra.

Para el votante republicano, el mensaje es sencillo. El presidente está cumpliendo su promesa de hacer de Estados Unidos un territorio amable para las criptomonedas, y que sus finanzas personales reflejen esa apuesta no es un escándalo sino una coherencia con sus convicciones. La coalición que respalda a Trump —desde libertarios tecnófilos hasta conservadores descontentos con el sistema financiero tradicional— ve con buenos ojos el repliegue de la SEC.

Para España y para la Unión Europea, lo relevante es el rumbo que está tomando la regulación. Si la SEC sigue dando pasos hacia un marco más permisivo, las plataformas estadounidenses podrán ofrecer servicios de custodia, staking y negociación de criptoactivos que hoy chocarían con normativas europeas como MiCA (Markets in Crypto-Assets). Una carrera regulatoria a la baja en Estados Unidos obligaría a Bruselas a decidir entre mantener estándares estrictos o flexibilizarlos para no perder competitividad.

Más allá de la ética presidencial, lo que está en juego es si la primera potencia del mundo opta por un modelo de supervisión ligera que atraiga capital global. Las empresas españolas de tecnología financiera —desde neobancos hasta plataformas de tokenización— observan la señal con interés. Saben que si Washington afloja, la presión para hacer lo mismo en Europa será difícil de resistir.

Ficha del Caso

  • El caso: Las declaraciones financieras de Donald Trump de 2025 afloran 2,3 millones de dólares en recompensas de staking y un intenso movimiento de acciones de Coinbase y Robinhood justo después de que la SEC archivara las investigaciones contra ambas.
  • Datos clave: 15 compras de acción tras la retirada de los casos; 2,3 millones totales por staking; la SEC cerró las investigaciones en febrero de 2025 con el argumento de facilitar la reforma regulatoria. La Casa Blanca niega el conflicto amparándose en la gestión externa del patrimonio.
  • Para España: La consolidación de un entorno cripto más laxo en Estados Unidos puede acelerar la presión sobre Bruselas para revisar MiCA y afectar a las fintech españolas que compiten por inversores institucionales.