Junts podría perder más de la mitad de sus escaños en el Congreso si se celebrasen elecciones generales hoy, según un sondeo publicado por La Vanguardia, que otorga al partido de Carles Puigdemont una caída de siete a tres diputados. El hundimiento contrasta con la irrupción de Aliança Catalana, que obtendría cuatro representantes y dejaría al independentismo tradicional en jaque.
La encuesta, elaborada con 2.000 entrevistas, refleja un castigo al espacio que lidera Junts y un trasvase directo hacia la formación de Sílvia Orriols, que capitaliza el descontento con la estrategia de negociación con el Gobierno de Pedro Sánchez. Según los datos, el PP ganaría las elecciones con 132 escaños, el PSOE bajaría a 111 y la suma de populares con Vox alcanzaría la mayoría absoluta con 196 diputados.
El desplome de Junts: siete escaños pasan a tres
El traspié de la formación independentista es el dato más simbólico de la encuesta. De los siete diputados actuales, Junts se quedaría con tres, mientras que el séptimo escaño que defendía pasa a manos de Esquerra Republicana, que subiría de siete a ocho. ERC, así, sobrevive a la polarización y gana un asiento en el tablero nacional.
El reparto catalán en el Congreso se reconfigura: de la hegemonía de Junts se pasa a un reparto más fragmentado, con ERC como primera fuerza independentista (8 escaños), Aliança Catalana (4) y Junts relegado a tercera posición. El desgaste de Junts se debe, según analistas, a la ambigüedad del partido en la legislatura y al auge de un discurso más duro entre los votantes desencantados.
En el conjunto estatal, el PP (132) ganaría pero perdería cinco escaños respecto a los 137 actuales; el PSOE (111) perdería diez; Sumar (12) se hunde y Podemos desaparece del Congreso. La suma de PP con Vox (64) daría una mayoría absoluta holgada, lo que alimenta el debate sobre un adelanto electoral que el 46% de los encuestados ve con buenos ojos.
Aliança Catalana, el vector de la fractura independentista
La formación de Orriols, que hasta ahora solo tenía representación en el Parlament, conseguiría su primer acceso al Congreso con cuatro escaños. La mayoría procedería de antiguos votantes de Junts, según el sondeo, lo que confirma un trasvase que erosiona la base electoral del partido de Puigdemont.
El crecimiento de Aliança Catalana se intensifica allí donde el discurso identitario más duro gana adeptos, especialmente en comarcas del interior y en la corona metropolitana de Barcelona. Su entrada en Madrid podría alterar la interlocución del independentismo con el Gobierno central, ya que la formación rechaza de plano cualquier pacto con el PSOE o con Sumar.
Lo que el sondeo refleja no es tanto un trasvase como una fractura: el electorado independentista se está partiendo entre quienes apoyan la vía pragmática y quienes exigen un giro unilateral.
¿Qué dice el sondeo del estado del independentismo en 2026?
Los datos tienen una lectura catalana que va más allá del reparto de escaños. La pérdida de Junts no se compensa con el crecimiento de ERC, que apenas araña un diputado. El bloc independentista pasa de 14 escaños actuales a 15 (ERC 8, Junts 3, AC 4), un aumento mínimo que apenas cambia su peso en el Congreso. Sin embargo, la composición cualitativa sí varía profundamente: ERC se convierte en el referente, mientras Aliança Catalana fragmenta el voto más radical.
Esta foto recuerda a la crisis de Convergència i Unió, cuando el electorado se repartió entre el PDECat y Junts, pero ahora con un componente identitario más acusado, en en un escenario de creciente polarización. El auge de Orriols pone en alerta al Govern de Illa, que necesita mantener la estabilidad parlamentaria y, al mismo tiempo, ver cómo en Madrid la voz del independentismo se diluye en tres siglas con agendas incompatibles.
Las valoraciones de los líderes confirman el enfriamiento: Míriam Nogueras, portavoz de Junts, obtiene la peor nota (2,1); mientras Gabriel Rufián lidera el ranking con un 4,4. Salvador Illa logra un 3,6 y Pedro Sánchez un 3,4. Todos suspenden, pero el castigo a la cara de Junts en Madrid es evidente.
El 46% a favor de un adelanto electoral y el 7% que apoyaría una moción de censura de Feijóo revelan un hastío con el actual Gobierno que podría precipitar las urnas. Para Cataluña, cualquier convocatoria anticipada supondrá reeditar un pulso territorial que el independentismo afronta más dividido que nunca.
