Lagarde deja entrever una salida anticipada del BCE: se abre la lucha por la sucesión en la Eurozona

La presidenta del BCE admite por primera vez que abandonar su cargo antes de 2027 es una opción real, lo que desata una guerra de sucesión entre Alemania, España y otros Estados miembros. Su posible salida, vinculada a la carrera presidencial francesa, trastorna el tablero de pod

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Christine Lagarde ha sugerido por primera vez que podría dejar la presidencia del BCE antes de que expire su mandato en octubre de 2027, abriendo una guerra de sucesión en la Eurozona.
  • ¿Quién está detrás? La propia presidenta del BCE, en una entrevista y un foro económico en Francia, vinculó su posible salida a la carrera presidencial francesa de 2027.
  • ¿Qué impacto tiene? La salida anticipada deja en el aire la política monetaria europea y enfrenta a los grandes Estados miembros por el control de la institución. España y Alemania son los principales aspirantes.

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha admitido por primera vez que valora abandonar su cargo antes del fin de su mandato, previsto para octubre de 2027. La hipótesis, alimentada por sus propias declaraciones, desencadena ya en Bruselas y Fráncfort una auténtica batalla diplomática: la elección de su sucesor se convertirá en el próximo gran pulso entre el norte y el sur de la Eurozona.

En una entrevista concedida a principios de semana al diario económico Les Echos y ratificada horas después en las Recontres Économiques de Aix-en-Provence, Lagarde dejó caer que una ‘voz europea’ resulta imprescindible en la carrera presidencial francesa que arrancará en 2027. Sin mencionar su nombre, la banquera central insinuó que su perfil —exministra de Finanzas, exdirectora gerente del FMI y actual presidenta del BCE— encajaría con esa necesidad, lo que obligaría a su salida anticipada de la Eurotorre.

El gesto no es nuevo. Ya en febrero de este año, el Financial Times había aireado la posibilidad de un abandono prematuro, pero aquella vez Lagarde optó por el silencio. Ahora, con las encuestas francesas atomizadas entre la derecha de Jordan Bardella, la izquierda de Jean‑Luc Mélenchon y un centro macronista en horas bajas, la idea de una candidatura de continuidad proeuropea con su rostro ha cobrado fuerza en los Alpes y en París.

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Alemania, España y los tapados que se mueven en la sombra

La posible salida de Lagarde convierte la jefatura del BCE en un tablero de ajedrez con varios jugadores moviendo ficha desde hace meses. Alemania y España son los dos países que con más insistencia reclaman la presidencia, aunque en ambos casos los aspirantes todavía no han sido formalizados. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com señalan que Berlín ve en la sucesión una oportunidad para recuperar la ortodoxia monetaria que encarnó Jens Weidmann, mientras que Madrid aspira a colocar por primera vez a un español al frente del banco central de la Eurozona, un hito que reforzaría su peso institucional tras décadas de infra-representación.

A la pugna se suman otros nombres que circulan en los pasillos del Berlaymont. Croacia cuenta con el actual vicepresidente del BCE, Boris Vujčić, un economista con larga trayectoria en el Eurosistema. Los Países Bajos, por su parte, mantienen un perfil bajo pero siempre presente en las quinielas. También se menciona a algún candidato italiano, aunque Roma debería superar la tradicional reserva que impone el hecho de que el BCE se ha convertido en terreno vedado para los grandes países del sur cuando el norte ya tiene colocado a un alemán al frente del Bundesbank.

BCE

La renuncia anticipada de Lagarde podría provocar un efecto dominó sobre el resto de los altos cargos de la UE, que se renovarán tras las elecciones de mitad de mandato previstas para principios de 2027. Bruselas maneja ya una teoría sensacional: si Ursula von der Leyen abandonara la Comisión Europea para facilitar un candidato alemán al BCE, ninguno de los grandes puestos —Consejo Europeo, Comisión, Parlamento Europeo— estaría a salvo. La operación, que contaría con el visto bueno del propio Emmanuel Macron, devolvería el equilibrio de poder a Berlín justo cuando la Eurozona más necesita certidumbre.

La sucesión en el BCE no es solo un nombramiento: es la llave de la política monetaria que determina el coste de financiación de Estados, empresas y familias para los próximos ocho años.

El Eje del Poder Europeo

La batalla por la presidencia del BCE es, en realidad, una reedición de la vieja fractura entre acreedores y deudores. Los países frugales —liderados por Países Bajos y Austria— quieren un perfil duro que anteponga la lucha contra la inflación a cualquier otra consideración, mientras que los del sur, con España a la cabeza, aspiran a un banquero más pragmático que mantenga abierta la barra libre de liquidez que el BCE ha demostrado ser durante las últimas crisis.

Para España, el nombramiento tiene una doble lectura. En el plano financiero, un presidente convencido de la necesidad de subir tipos elevaría el coste de la deuda pública —que se sitúa en torno al 110 % del PIB— y pondría en riesgo la consolidación fiscal que Bruselas exige con la nueva regla de gasto. En el plano político, lograr la presidencia del BCE supondría un triunfo simbólico de Moncloa en un momento en el que Sánchez necesita mostrar resultados a sus socios parlamentarios. Sin embargo, la candidatura española no será fácil: la tradición no escrita de que la presidencia del BCE recaiga en un país que no sea Alemania ni Francia choca con la ambición alemana de recuperar el control perdido tras la salida de Mario Draghi.

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El precedente más claro es la sucesión de Jean‑Claude Trichet en 2011. Entonces, la renuncia del italiano por motivos personales abrió una crisis que se resolvió con un pacto Berlín-Roma: SuperMario asumió el BCE y la presidencia del Eurogrupo quedó en manos holandesas. Esta vez, sin embargo, el tablero es más complejo. Francia, huérfana de un candidato presidencial que defienda la ortodoxia europeísta, podría ceder su asiento en la Eurotorre a cambio de influencia en la Comisión o el Consejo. Una jugada que dejaría a España y a los países del sur sin apenas margen de maniobra.

Mientras, en Fráncfort, Lagarde sigue al mando. Pero sus palabras ya han hecho más ruido que el propio comunicado de tipos de interés de la última reunión del Consejo de Gobierno. Lo que pase este otoño —cuando la política francesa aclare la verdadera fuerza de una posible candidatura de la banquera— decidirá si los rumores de julio se convierten en la tormenta perfecta que recomponga el poder monetario de la UE.