Aznar y Vox frenan el acercamiento de Feijóo a Junts en Cataluña

Mientras el líder del PP intenta girar hacia un discurso más pragmático con los independentistas catalanes, el expresidente Aznar y la formación de Abascal aprietan desde el flanco derecho. La entrada de Vox en el Gobierno andaluz evidencia los límites del liderazgo de Feijóo y l

El guiño a Junts que desató la reacción de Aznar

Hace exactamente siete días, Alberto Núñez Feijóo lanzó en un foro económico uno de esos mensajes calculados que tanto gustan en Génova 13: ‘Me gustaría pasar página del procés y explorar un entendimiento con las formaciones catalanas que actúen dentro de la ley’. La frase, cuidadosamente ambigua, estaba pensada para tender un puente hacia Junts per Catalunya sin asumir grandes riesgos. Sin embargo, la respuesta no llegó de Moncloa ni de Waterloo, sino de las filas propias. José María Aznar, expresidente del Gobierno y patrón moral del ala conservadora del PP, respondió con un discurso en el que exigía una ‘mayoría nacional y centrada’ para derrotar al PSOE, ‘sin necesidad de quienes siempre querrán saquear el Estado. El aviso no era nuevo. Ya en septiembre de 2023, Aznar forzó una movilización callejera contra la amnistía cuando Feijóo aún no había quemado sus opciones de investidura. Aquel movimiento, como el actual, mostró hasta qué punto el aznarismo condiciona la estrategia del líder popular. Ayer, Isabel Díaz Ayuso se sumó a la enmienda: ‘Hay que liberar España de la amenaza independentista constante’, proclamó la presidenta madrileña, añadiendo más presión sobre un Feijóo que se mueve entre miradas contrapuestas.

El espejo andaluz: la prioridad nacional se impone

Si la doctrina Aznar marca la línea roja con los independentistas, la realidad andaluza ha puesto el foco en la presión que ejerce Vox sobre cualquier movimiento de distensión. Juanma Moreno Bonilla, presidente de la Junta en funciones, convocó elecciones en mayo pasado con la esperanza de ampliar su mayoría absoluta y gobernar sin hipotecas. El resultado frustró aquel plan. El PP se quedó a solo dos escaños de la mayoría y quedó atrapado en la necesidad de los 15 diputados de Vox. Al día siguiente de los comicios, Moreno defendió en la sede nacional del partido que había ‘margen de maniobra’ para no incluir a los de Abascal en el ejecutivo. Feijóo, desde Génova, avaló inicialmente ese modelo de pactos puntuales, elogiando el modelo ‘sevillano’ de alcaldía del PP en solitario. Sin embargo, la negociación ha acabado con una coalición que otorga a Vox una consejería con rango de vicepresidencia y las competencias de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local. Además, el nuevo gobierno asume postulados de la ‘prioridad nacional’ que Moreno había rechazado en campaña: negacionismo climático, derogación de la ley de memoria y un discurso de ‘primero los de casa’ que choca con cualquier mensaje de apertura hacia Cataluña.

La jaula de cristal del líder: entre Ayuso y la derecha mediática

Observamos un patrón recurrente. Cada vez que Feijóo intenta ampliar el espacio electoral por el centro o explorar una vía de diálogo que incomode al sector más conservador, Ayuso o el entorno aznarista le frenan. En 2022, la presidenta madrileña desautorizó la propuesta de Feijóo para que gobernase la lista más votada, recordándole que ella misma llegó al poder en 2019 siendo segunda fuerza. Un año antes, su rechazo a un decreto energético de Sánchez obligó a Génova a corregir su posición estratégica. Y en noviembre de 2023, mientras Feijóo evitaba condenar directamente a los ultras que protestaban ante Ferraz, Ayuso exigía ‘detener y juzgar’ a cada uno de ellos, marcando un perfil de firmeza que dejó al líder en una tierra de nadie discursiva. Y en el debate del aborto, mientras Feijóo pedía restringir el derecho de las menores de 16 y 17 años, Ayuso impulsó la ley del ‘nacido no concebido’ y su jefe de gabinete celebraba con un mensaje sórdido en redes. Ahora, la conjunción de Aznar marcándole el paso y Vox imponiendo sus condiciones en Andalucía deja a Feijóo en una jaula de cristal: cualquier gesto hacia Junts y los sectores moderados del espectro catalán se interpreta como una traición al relato nacional del partido, y cualquier concesión al ala conservadora le aleja del centro que necesita para construir una alternativa de gobierno en España.

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El espacio para la moderación se reduce mientras el ala derecha del partido impone su relato: ninguna concesión a quien ‘quiere saquear el Estado’.

Resulta irónico que sea el mismo Aznar quien, tras haber cerrado el Pacto del Majestic con Jordi Pujol en 1996 para ser investido presidente con los votos de CiU, se erija ahora en guardián de la pureza antindependentista. Aznar quien tras haber sido el político que pactó con los nacionalismos periféricos, hoy se convierte en el mayor obstáculo para cualquier giro pragmático. El PP de 2026 ya no es aquel partido; las bases y la cúpula mediática exigen una confrontación total con Cataluña.

La investidura de Moreno con Vox, esta misma semana, ha confirmado que la presión no se detiene. Feijóo se ha visto obligado a modular su discurso sobre la ley de nietos y a aceptar que Vox entrara en el Gobierno andaluz, a cambio de de apoyos imprescindibles. La ‘prioridad nacional’ deja poco espacio para gestos a Junts, y lo que hace solo siete días parecía un giro táctico interesante se ha diluido en apenas 72 horas. En Moncloa.com hemos consultado a fuentes populares catalanas que reconocen que ‘cualquier movimiento hacia el catalanismo moderado es ahora mismo una quimera con el debate andaluz abierto’. Y advierten: mientras el PP necesite a Vox en al menos dos comunidades clave, el margen para una política de Estado que incluya a Cataluña en clave de acuerdo será prácticamente nulo.

La lectura desde Cataluña es clara. La Generalitat y los partidos independentistas observan estas tensiones internas del PP como una muestra de que cualquier vía de entendimiento a medio plazo está bloqueada por los sectores duros. Para Junts, el gesto de Feijóo quedó inmediatamente invalidado por las palabras de Aznar y la foto de Moreno con Vox en San Telmo. Así, la posibilidad de un acercamiento que descongelara las relaciones institucionales entre la derecha española y el Govern se aplaza sine die.