La OTAN anuncia 40.000 millones en defensa en Ankara para apaciguar a Trump

La Alianza desvela contratos de 40.000 millones en sistemas antidrones durante la cumbre en Ankara, en un intento de satisfacer las exigencias de gasto de Trump. España participa en el proyecto del Airbus A400M, clave para el reabastecimiento militar.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La OTAN ha anunciado durante la cumbre de Ankara nuevos contratos de defensa por valor de 40.000 millones de dólares, principalmente en sistemas antidrones, para demostrar su compromiso de gasto militar frente a las exigencias de Donald Trump.
  • ¿Quién está detrás? El secretario general Mark Rutte, los países europeos y Canadá, con participación destacada de España en el proyecto del Airbus A400M. Estados Unidos, a través de Trump, presiona para que los aliados alcancen el 5% del PIB en gasto militar.
  • ¿Qué impacto tiene? Supone un nuevo impulso a la industria de defensa europea, con contratos para Airbus, Saab y Northrop Grumman, y reduce la dependencia de Washington. Para España, refuerza su papel en el transporte estratégico y abre oportunidades a la industria nacional.

La Alianza Atlántica ha desvelado este martes en Ankara un paquete de inversiones en defensa que asciende a 40.000 millones de dólares (unos 37.600 millones de euros al cambio actual) destinados a nuevas capacidades antidrones. La maniobra, cuidadosamente orquestada, busca apaciguar las exigencias del presidente estadounidense, Donald Trump, que amenaza con retirar tropas de Europa si los socios no elevan significativamente su contribución militar.

El anuncio se produjo en el Foro Industrial de Defensa, un evento paralelo a la cumbre en el que Rutte fue desgranando una lista de iniciativas multinacionales. Entre ellas destaca el proyecto del Airbus A400M, un avión de transporte y reabastecimiento en el que participan España, Bélgica, Croacia, Francia, Polonia y Reino Unido. «Es una capacidad de transporte aéreo estratégico de primer nivel mundial», afirmó Rutte, subrayando que estas aeronaves llegarán a lugares inaccesibles para aviones de mayor tamaño.

Otros contratos revelados incluyen la compra de drones de vigilancia a la empresa estadounidense Northrop Grumman y la adquisición de aeronaves de la sueca Saab, en la que también figura España. El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, celebró el acuerdo como «el resultado de muchos años de colaboración» y una prueba de que Suecia se toma «muy en serio la defensa y la seguridad».

Publicidad

Estos movimientos se producen en un contexto de creciente preocupación en Estados Unidos por la capacidad de su industria armamentística para atender la demanda global, agotada tras las guerras de Ucrania e Irán. Europa, por su parte, intenta reducir su dependencia del arsenal norteamericano y consolidar una base industrial propia, respaldada por inversiones multimillonarias de la Unión Europea.

El paquete de Ankara es tanto una exhibición de músculo como una concesión calculada: 40.000 millones en contratos que mantienen a Trump satisfecho, pero que a la vez refuerzan la autonomía estratégica europea.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, también participó en el Foro para reclamar más sistemas de defensa antiaérea. Insistió en la necesidad de baterías Patriot y misiles interceptores PAC-3, y buscará convencer a Trump de que conceda las licencias necesarias para producirlos. «Somos capaces de hacerlo todo por nuestra cuenta, pero cuando se trata de la defensa aérea, necesitamos la determinación de nuestros socios», declaró.

Una coreografía diseñada para evitar un nuevo choque con Trump

La cumbre de Ankara se ha construido sobre una liturgia de gestos pensada para el presidente estadounidense. La declaración final, de apenas unos párrafos, fue acordada por los embajadores con antelación para eliminar cualquier sorpresa. Rutte no escatimó elogios ante la prensa, atribuyendo el aumento del gasto militar europeo —un 20 % solo en 2025— a la presión de Trump: «Esto es por supuesto a causa de Putin, pero también porque el presidente Trump ha sido extremadamente fuerte al animarnos a hacerlo».

La puesta en escena busca enterrar las tensiones de la cumbre de La Haya, donde el magnate logró imponer a todos los aliados —salvo España— el objetivo de destinar el 5 % del PIB a defensa. Aquel pulso dejó heridas abiertas y provocó un cisma en el seno de la Alianza que Ankara trata de suturar con contratos y mensajes de unidad.

España, discreta pero presente en el tablero industrial

España mantiene un perfil bajo en la confrontación retórica sobre el gasto, pero su participación en el consorcio del A400M y en la iniciativa Saab le asegura un lugar en la cadena de suministro de la defensa europea. El Ministerio de Defensa no ha detallado aún el importe de los contratos, pero fuentes del sector calculan que la carga de trabajo para las plantas españolas podría superar los 200 millones de euros anuales una vez que los pedidos se formalicen.

Este respaldo industrial cobra especial relevancia en un momento en que Bruselas impulsa el Fondo Europeo de Defensa y el programa EDIP (Programa de Inversión en Defensa Europea) para coordinar las adquisiciones. La apuesta española por la movilidad estratégica —con el Airbus como buque insignia— se alinea con las prioridades de la OTAN y dará a Madrid un argumento de peso en las negociaciones sobre los próximos techos de gasto.

Publicidad

El Eje del Poder Europeo

El anuncio de Ankara no es solo un gesto hacia Washington: revela un pulso soterrado entre los grandes ejes europeos sobre cómo construir la defensa del continente. Francia y Alemania lideran el discurso de la autonomía estratégica, pero chocan con la resistencia de los países bálticos y Polonia, que prefieren seguir anclados al paraguas estadounidense. Los contratos con Saab y Airbus alimentan la ambición de una industria europea menos dependiente, pero la compra de drones a Northrop Grumman demuestra que el vínculo transatlántico sigue siendo irrenunciable.

La guerra en Ucrania ha acelerado un rearme que ya se intuía tras la anexión de Crimea en 2014, pero ahora la presión de Trump añade una capa de urgencia financiera. Si se consolida la meta del 5 % del PIB, España se enfrentaría a un aumento de entre 15.000 y 20.000 millones de euros anuales en su presupuesto de defensa, una cifra que ningún partido ha explicado cómo encajará en las cuentas públicas. La ambigüedad del Gobierno, que no suscribió aquel objetivo en La Haya, puede volverse insostenible si Trump exige resultados concretos.

La próxima prueba de fuego será la reunión de ministros de Defensa de la OTAN en otoño, donde se revisará la asignación de los nuevos contratos y se medirá la temperatura entre los aliados. Hasta entonces, el guion de Ankara habrá servido para contener la tormenta, pero no para despejar la duda de fondo: ¿está Europa dispuesta a pagar el precio político y económico de una defensa realmente autónoma?